Los antidepresivos pueden causar ‘entorpecimiento emocional’, según estudio
Más de 8.3 millones de pacientes en Inglaterra recibieron un medicamento antidepresivo en 2021-2022. Foto: Chris Ison/PA

Los antidepresivos, de uso muy extendido, causan “entorpecimiento emocional”, según revela un estudio que ofrece nuevas perspectivas sobre la forma en que actúan estos medicamentos y sus posibles efectos secundarios.

El estudio descubrió que los voluntarios sanos mostraban una menor capacidad de respuesta a la retroalimentación positiva y negativa después de tomar un medicamento inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) durante tres semanas. El “entorpecimiento” de las emociones negativas podría formar parte de la manera en que los medicamentos ayudan a las personas a recuperarse de la depresión, pero también podría ser la explicación de un efecto secundario frecuente.

La autora principal del trabajo, la profesora Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge, señaló: “En cierto modo, puede que así funcionen en parte. Eliminan parte del dolor emocional que sienten las personas que sufren depresión, pero lamentablemente parece que también les quitan parte del disfrute”.

Los hallazgos podrían ayudar a los pacientes a tomar decisiones mejor informadas respecto a su medicación, comentó, pero añadió que “no hay duda de que los antidepresivos son beneficiosos” para muchos pacientes.

Según el Servicio Nacional de Salud, más de 8.3 millones de pacientes en Inglaterra recibieron un medicamento antidepresivo en 2021-2022. Los fármacos ISRS son algunos de los más utilizados, y son eficaces para la mayoría de los pacientes, aunque no para todos.

Algunas personas que toman estos medicamentos reportan que se sienten emocionalmente apagadas o que las cosas ya no les resultan tan placenteras, y un estudio sugirió que esto ocurría en el 40-60% de las personas que tomaban el medicamento. No obstante, se desconoce si este síntoma es un efecto secundario del fármaco o un síntoma de depresión.

El último trabajo sugiere que el medicamento por sí solo puede producir un entorpecimiento emocional. En el estudio, publicado en la revista Neuropsychopharmacology, se administró el fármaco ISRS escitalopram o un placebo a 66 voluntarios durante al menos 21 días antes de realizar una serie de pruebas cognitivas.

En casi todas las pruebas, incluidas aquellas que evaluaban la atención y la memoria, el medicamento no supuso ninguna diferencia. “El fármaco no afecta negativamente a la cognición, desde ese punto de vista, es muy bueno”, señaló Sahakian.

No obstante, las personas que tomaron el medicamento ISRS mostraron una menor capacidad de respuesta al aprendizaje por refuerzo, el cual requiere que las personas respondan a una retroalimentación positiva o negativa. A los participantes se les mostraron dos opciones en una pantalla, A y B. La elección de A daba lugar a una recompensa en cuatro de cada cinco ocasiones, mientras que la elección de B solo era recompensada una de cada cinco veces. Después de unos cuantos turnos, la gente aprendía a seleccionar A. Cada cierto tiempo, se intercambiaban las probabilidades y el participante se veía obligado a aprender la nueva regla. El grupo que tomaba el medicamento ISRS era, en promedio, significativamente más lento a la hora de responder a estos cambios en la retroalimentación.

En los cuestionarios, los voluntarios que tomaban escitalopram también informaron que tenían más problemas para alcanzar el orgasmo cuando mantenían relaciones sexuales, que es otro efecto secundario que suelen reportar los pacientes.

Sahakian explicó que los resultados podrían ser útiles para los pacientes. “Al menos pueden ser conscientes de esto. A algunas personas se les pueden ofrecer distintas formas de tratamiento, sobre todo si no acudieron al hospital con una enfermedad grave”.

La profesora Catherine Harmer, de la Universidad de Oxford, señaló que el trabajo aportaba datos importantes sobre la forma en que actúan los medicamentos ISRS que son relevantes para los pacientes y que también podrían ayudar a orientar el desarrollo de fármacos con un perfil de efectos secundarios mejorado. “Es muy útil disponer de una medida objetiva de lo que la gente nos indica que es un efecto secundario”, explicó. “Una vez que se tiene una medida, se puede estudiar el modo en que los nuevos tratamientos afectan a ese efecto”.

Añadió que la sugerencia de que hasta el 60% de los pacientes experimentaron un entorpecimiento emocional “podría ser una sobreestimación”. Y añadió: “Me preocupa que las personas vean esto y piensen que el mensaje es: no tomes el medicamento. Este es exactamente el tipo de trabajo que necesitamos, pero esto no afecta a todos: cada persona es única, y los tratamientos siguen siendo terapéuticos”.