Peces adictos a la metanfetamina, estorninos agresivos y pececillos con cafeína: radicalmente cambiados por las drogas humanas
Las truchas cafés mostraron signos de adicción y síndrome de abstinencia al ser expuestas a trazas de metanfetamina. Foto: Poelzer Wolfgang/Alamy

Desde truchas cafés que se vuelven “adictas” a la metanfetamina hasta percas europeas que pierden el miedo a los depredadores debido a los medicamentos contra la depresión, los científicos advierten de que la moderna contaminación por drogas farmacéuticas e ilegales se está convirtiendo en una amenaza creciente para la vida salvaje, incluidos los peces.

La exposición a los fármacos está provocando cambios importantes e inesperados en el comportamiento y la anatomía de algunos animales, por ejemplo, los peces. Las hembras de estorninos intoxicadas con antidepresivos como el Prozac en las concentraciones encontradas en los cursos de aguas residuales se vuelven menos atractivas para sus posibles parejas, y los machos se comportan de forma más agresiva y cantan menos para atraerlas que sus compañeros no intoxicados.

La píldora anticonceptiva ha provocado la inversión de sexo en algunas poblaciones de peces, lo que ha provocado un colapso en el número de ejemplares y la extinción de especies locales, ya que los machos se convierten en hembras. Los científicos han afirmado que los residuos farmacéuticos modernos están teniendo importantes consecuencias para la fauna expuesta a los desagües en sus ecosistemas, y han advertido de que podrían tener consecuencias no deseadas para los seres humanos.

Michael Bertram, profesor adjunto de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, declaró: “Se encuentran principios activos farmacéuticos en cursos de agua de todo el mundo, incluso en organismos que podríamos comer, como los peces”.

Según Bertram, la evidencia de este problema ha aumentado en las últimas décadas y se trata de un problema mundial para la biodiversidad que merece más atención.

En un artículo publicado el miércoles en la revista Nature Sustainability, los investigadores afirman que la industria farmacéutica debe reformar urgentemente el diseño de los medicamentos para hacerlos más ecológicos.

“Hay varias vías para que estas sustancias químicas lleguen al medio ambiente”, afirma Bertram, uno de los autores del trabajo. “Si hay un tratamiento inadecuado de los productos farmacéuticos que se liberan durante la producción de fármacos, ésa es una vía. Otra es durante el uso. Cuando un ser humano toma una pastilla, no todo ese fármaco se descompone dentro de nuestro cuerpo, por lo que, a través de nuestros excrementos, el efluente se libera directamente al medio ambiente”.

Según Bertram, drogas como la cafeína, ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos penetran en los ecosistemas, al igual que drogas ilegales como la cocaína y la metanfetamina.

Bertram señaló el notable ejemplo del diclofenaco, un antiinflamatorio que se administraba rutinariamente al ganado en el sur de Asia en aquella época y que provocó que la población de buitres de la India disminuyera en más de un 97% entre 1992 y 2007. Posteriormente, el país sufrió un aumento en los casos de rabia en perros que se alimentaban de los cadáveres de ganado que las aves ya no comían.

Otros ejemplos son las carpitas cabezonas que estuvieron ansiosas tras ser expuestas a bajos niveles de cafeína, y a la contaminación por antibióticos que tiene efectos sobre los microbios.

Resulta alarmante que la misma característica de los fármacos que los hace eficaces en pacientes humanos y animales sea también la que los convierte en contaminantes ambientales especialmente peligrosos: los fármacos están diseñados específicamente para tener efectos biológicos a dosis bajas.

Un estudio reciente en el que se midieron 61 fármacos diferentes de 104 países en ríos de mil 52 localidades descubrió que en el 43.5% de los lugares había trazas de al menos un fármaco por encima de los niveles seguros para la salud ecológica.

Según los investigadores, la contaminación por principios activos farmacéuticos se produce en el contexto de otras presiones sobre la biodiversidad, como la crisis climática, la destrucción de hábitats, los peces adictos y el consumo excesivo.

Afirmaron que el ciclo de vida de la producción de fármacos podría reformarse para frenar su repercusión en los ecosistemas, y que farmacéuticos, médicos, enfermeros y veterinarios deberían recibir formación sobre el posible impacto ambiental de los medicamentos. Añadieron que los fármacos podrían diseñarse de forma que se descompusieran más fácilmente tras su uso y señalaron que debería ampliarse el tratamiento de las aguas residuales para evitar que la contaminación por API llegue al medio ambiente.

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Un estudio que midió 61 fármacos diferentes en ríos de mil 52 localidades de todo el mundo descubrió que un número significativo tenía trazas de al menos un fármaco por encima de los niveles de seguridad. Foto: Ben Gurr/The Guardian

“Apreciando que el acceso de los pacientes a los productos farmacéuticos seguirá siendo vital en el futuro, instamos a los diseñadores y fabricantes de medicamentos, a los científicos y a los responsables políticos a reconocer la creciente amenaza medioambiental que suponen los principios activos farmacéuticos y a priorizar urgentemente el diseño molecular sostenible de medicamentos más ecológicos para evitar más daños medioambientales”, afirma el documento.

“Los fármacos más ecológicos reducen el potencial de contaminación a lo largo de todo el ciclo”, afirmó Gorka Orive, científico y catedrático de Farmacia de la Universidad del País Vasco y autor del estudio de los peces adictos.

“Los fármacos deben diseñarse no sólo para ser eficaces y seguros sino también para tener un riesgo potencial reducido para la fauna y la salud humana cuando están presentes en el medio ambiente”, dijo.

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Traducción: Ligia M. Oliver

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