‘No le pego a la 4T, le pego a las decisiones que están tomando para controlar la pandemia’: Laurie Ann Ximénez-Fyvie
Laurie Ann Ximénez-Fyvie. Foto: Cortesía.

Su preocupación se desató el 14 de marzo. Fue el día que el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, ejemplificó que sería mejor que se empezaran a tomar medidas de control epidemiológico en una escuela no cuando se infectara un niño, sino cuando se infectaran 10. “Me produjo un sentimiento de que algo iba a ir muy mal, porque lo que estaba sugiriendo era que no había interés en contener los contagios, en prevenirlos, en impedirlos. Pensé: ‘las cosas están mal‘”, cuenta la microbióloga Laurie Ann Ximénez-Fyvie.

Desde entonces comenzó a manifestar en redes sociales su inconformidad con la gestión de la pandemia en México, a marcar lo que ella considera que son errores y alertar, a partir de sus propios análisis, que la estrategia es criminal porque dirigió al país hacia el camino funesto. Alzó la voz, pero no tenía megáfono: apenas contaba con 230 seguidores en Twitter.

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Hoy es distinto, publicó en tres meses el libro Un daño irreparable, 59,290 tuiteros siguen sus publicaciones y la califican como ‘la crítica de López-Gatell’. Pero aclara: “No tengo nada en contra del doctor López-Gatell como persona, tengo algo en contra de que en México se estén muriendo entre 1,000 y 2,000 personas todos los días. Tengo algo en contra de eso y él es el que está tomando las decisiones”.

¿Cuál es su objetivo? Asegura que opina con el único fin de señalar el rumbo equivocado para que, quienes tienen el poder, puedan corregirlo. Y descarta tener algún interés político. No ha tenido ningún acercamiento con López-Gatell, su equipo o algún representante del gobierno, aunque sí ha intentado buscar a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. Sin éxito.

Lo que sí ha logrado es atraer insultos, ofensas, descalificaciones por estudiar odontología y hasta una amenaza de muerte, asegura en entrevista para La-Lista. “Estos bots son, desde luego, pandilleros de las redes sociales. Me critican y dicen: ‘le pega a la 4T’. Yo no le pego a la 4T, a mí la 4T ni me va ni me viene, le pego a las decisiones que están tomando para controlar la pandemia. A eso le estoy pegando“.

La conclusión de su libro es que el mundo tiene estas cifras de contagios y muertes por una serie de decisiones que han provocado la mala gestión de una pandemia. ¿Quiénes están detrás de esta toma de decisiones?

Hay muchos responsables, cada uno en sus países y demás. La Organización Mundial de la Salud cometió muchísimos errores, que ahí sí afortunadamente la comunidad científica internacional levantó fuertísimo la voz en contra de los errores de la OMS y hasta la fecha lo sigue haciendo. Y cuando esta historia se termine de contar, la OMS tendrá que rendir algunas cuentas porque tomó decisiones que han seguido repercutiendo negativamente sobre el curso de la pandemia, por ejemplo, haber dicho que el cubrebocas no tenía que ser utilizado. No sólo se limitó a decir: tiene una utilidad baja sino desaconsejó su uso. Es un error que nunca se le va a poder perdonar a la OMS, ellos se excusan en que había desabasto y no querían que el equipo de salud se quedara sin equipo de protección personal. Todo eso lo entendemos y teníamos que cuidar esa parte, pero se pudo haber dicho así, no lo dijo y desaconsejó su uso y es imperdonable. 

Después es imperdonable que salieran a decir que había duda de si los casos asintomáticos contagiaban o no. Las personas, como López Gatell –que se la pasó toda la pandemia diciendo: los asintomáticos no importan, no los tenemos que identificar, ellos se recuperan espontáneamente, no tiene sentido identificarlos–, no cambiaron ni cuando había todas las evidencias científicas de que estamos sumidos en esta crisis gracias a los asintomáticos porque son ellos quienes dispersan más la enfermedad. Gracias a esas declaraciones de la OMS, López Gatell dice: ‘ya ven, la OMS me apoya’. Seguimos sumidos en un catástrofe gracias a esas declaraciones equivocadas de la OMS. Los negacionistas del uso del cubrebocas siguen hasta la fecha, todavía encuentro gente que se remite a esas declaraciones iniciales para decir: ‘no, la OMS dice que no sirven’. Mucha gente se quedó con eso. 

La OMS cometió muchos errores. Ahorita lo que más queremos es ya no meterle más zancadillas a la OMS, sino que se ponga las pilas y haga su trabajo bien, pero cuando la historia se termine de contar, sin duda, tendrán que rendir algunas cuentas porque han hecho muchas cosas muy mal.

¿Los representantes de la OMS son los únicos?

En relación a los demás, Boris Johnson (Reino Unido) falló al inicio de la pandemia, en España fallaron terriblemente, muchos países han hecho muy mal. Ni menciono a Donald Trump (Estados Unidos) ni a Jair Bolsonaro (Brasil) porque acá Trump, Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador están cortados con otra tijera. Los europeos cometieron muchísimos errores, siguen cometiendo. Basta con ver la diferencia entre cómo se maneja y se controla la pandemia en el sureste asiático y en Europa, es una diferencia de 180 grados. Allá sí se controla, en Europa no se controla. La diferencia es que en el sureste asiático se toman buena medidas, se tienen buenas estrategias de comunicación, contención, etcétera, y en Europa no. 

Bajo la lógica del libro, ¿todos son criminales y tienen que rendir cuentas?

Pienso que hay una diferencia fundamental. Por ejemplo, los líderes en España han cometido muchísimos errores y eso ha llevado a decenas de miles de personas a morir, sin duda. ¿Por qué no les caigo tan duro a ellos como le caigo a López-Gatell? La razón es muy simple: porque allá siempre han tenido la disposición para reconocer cuando están cometiendo un error y para rectificarlo. Esa es la gran diferencia. 

Boris Johnson hace dos días se sentó casi con lágrimas en los ojos a decir: ‘me disculpo con el pueblo, debimos haber hecho más, debimos haber actuado antes y me disculpo’. Dijo que se equivocó, que se equivocaron. Eso también lo dijo al inicio de la pandemia, cuando todo iba tan mal para Reino Unido, corrigió y en tres meses acabaron con el problema en Reino Unido, ahora les está yendo terriblemente mal otra vez porque ahora tienen de estas cepas más contagiosas que están predominando en su población.

Desde su perspectiva, ¿entonces el subsecretario Hugo López-Gatell debe “rectificar el rumbo”?

Claro, eso es lo que a mis ojos lo vuelve criminal. Porque pudo haberse equivocado en algo y reconocer, diciendo vamos a mejorar. Se le hubiera perdonado el error, cualquiera puede equivocarse pero sigue así a casi a un año, Él lleva la estrategia del ‘voy derecho y no me quito’, es decir, ‘que se mueran otros 1,000, otros 10,000, otros 50,000, vengan otros 100,000 que yo voy derecho y no me quito’. Nunca ha habido un reconocimiento. 

La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, se para a decir: la pandemia está completamente contenida, de hecho tenemos indicios de que empieza a desacelerarse. ¿De dónde saca eso? Las propias cifras de la Secretaría de Salud contradicen cada sílaba que pronunció, ellos mismos ni siquiera reconocen que hay un problema. Para ellos, 400,000 muertos no les parece un problema. Eso para mí es lo que le da el adjetivo de criminal al título del libro. 

En algún punto del libro pone sobre la mesa la necesidad de destituir al subsecretario López-Gatell, ¿esta sería la solución? ¿Qué rol tiene el presidente en esta estrategia?

No necesariamente sería la solución. López-Gatell decide la estrategia y dice: ‘señor presidente, vamos a hacer esto’, pero finalmente si se hace o no es el presidente el que decide. Sí culpo más a Gatell, porque él es el de la toma de decisiones y porque él debería saber cómo hacerlo, es doctor en epidemiología. ¿No dicen que él sí tiene las credenciales y yo no? Si el tiene las credenciales, él sabe cómo hacerlo. No es el hilo negro, no es física cuántica, es epidemiología. 

Lo culpo a él porque está tomando las decisiones, pero quien acepta o no su implementación es el presidente de la República. Entonces, destituir a López-Gatell pues… ¿a quién van a poner?¿A José Luis Alomía? Nos va a ir peor. ¿A Ricardo Cortés? Ya nos llevó peor el tren. Depende a quién pongan. Si ponen a alguien que viene con una mentalidad distinta a López-Gatell, tal vez el presidente también aceptaría sus decisiones. Si al presidente se le hubieran planteado decisiones mejores por parte de López-Gatell, también las hubiera aceptado. 

¿Quién sería un buen candidato?

No tengo la más remota idea, no lo sé, no me atrevo. Nadie sería un buen candidato, ningún individuo, porque este hombre estaría decidiendo por la vida de 129 millones de habitantes y ese poder no lo debe tener un solo individuo. Nunca jamás. Deberían poner a un consejo, un grupo de científicos y académicos sin tintes políticos que entre ellos se reúnan y, si es necesario, que se agarren de la greña, se peleen, se digan groserías pero que salgan de ahí con una decisión académica y científica que nos lleve a rectificar el rumbo. Un solo individuo no, debe recaer en un grupo que haga consenso sin tintes políticos. 

En su libro presenta casos de otros países, como el mismo Reino Unido, que han hecho ajustes a la estrategia. ¿Cuáles considera que deberían ser los cambios en la estrategia para México?

El principal es que se necesitan contener los contagios. México se ha enfocado todo el tiempo en el asunto de las camas de hospital y han cuidado muy bien esas camas vacías, pero nunca han cuidado bien las vidas de los mexicanos. A López-Gatell se le ocurre la brillante idea de que puedes dejar que la población se siga infectando y que va a seguir teniendo camas vacías, ese es un error de cálculo que parece que el señor faltó a las clases de estadística durante el doctorado.

Aquí lo que se tiene que hacer es contener los contagios, se debió haber hecho desde el primer día. El pilar central de todo este problema es el contagio, se tienen que tener estrategias muy claras de comunicación con la gente, dejar de minimizar el problema para que la población entienda que estamos al borde del abismo y sepa que está en cada uno de nosotros detener y ayudar a cortar esas cadenas de transmisión. 

¿Qué tendría que hacer el gobierno específicamente?

Si quiere disminuir la movilidad, tiene que tener programas económicos y sociales para apoyar a las empresas y a los individuos para que puedan ellos cerrar, dejarse de movilizar, quedarse en casa. Mientras el gobierno no tenga programas serios para ayudar económicamente a las personas que lo necesitan para que puedan quedarse en casa, el quédate en casa no sirve en México. 

También necesita ampliar de una vez por todas la capacidad de pruebas diagnósticas, dejar de sesgar las pruebas que se hacen. En México se hacen pruebas sólo a los casos sintomáticos y eso a los que están muy graves, así nunca vamos a controlar el problema. Se tiene que tener una estrategia en donde se pueda identificar a un número muy amplio de asintomáticos para poderlos aislar y cortar esas cadenas de transmisión que nos permitan ir poco a poco conteniendo la expansión de los contagios. Contener los contagios es la clave de todo, se hace con la cooperación de la población y con estrategias muy claras, concisas y bien estructuradas por parte de las autoridades. 

El Inegi revela que las muertes por Covid-19 de enero a agosto de 2020 superan en 68% cifras del gobierno…

Es consecuencia de lo mismo. López-Gatell nunca se ha preocupado por mejorar la calidad de los datos que se generan de la pandemia. Los datos que genera la Secretaría de Salud tienen unos rezagos que muchas veces son de más de tres semanas, ¿de qué sirve esa información? No sirve de nada que yo sepa que en tal poblado hay un brote de Covid-19 tres semanas después, esa gente ya se murió. Las cifras son un súperproblema que venimos también gritando al respecto durante ya casi un año y nunca han hecho nada por quererlo mejorar, porque nunca ha sido su intención llevar una estrategia basada en evidencias. Las evidencias que van generando no les sirven de nada más que para pararse todas las noches a las 7 a decir: ‘ya van tantos, se suman tantos’. Sus propios datos nunca les han servido. 

Hablar de 60% de subregistro nos trae a otro punto: ¿por qué rayos no se están contando a esos muertos? ¿Por qué no se corrigen las cifras oficiales? Porque si tomamos en cuenta lo que presenta el Inegi, que solamente llega hasta el mes de agosto, y lo proyectamos hasta enero, pues en México se han muerto más de 400,000 personas, eso es lo que revela el Inegi. La pregunta que impera es: ¿por qué lo ocultan?

¿Qué tanto ha sido mala gestión y qué tanto es falta de información de un virus que se conocía poco?

Esa excusa ya se les agotó. En este año se ha producido información científica más vertiginosamente que durante toda la historia de la humanidad, tenemos más información que en cualquier otro momento sobre un virus. La enfermedad ya no es nueva, sabemos ya muchísimo sobre el virus. Hay información que se sigue generando, hay algunos huecos que nos falta, cosas que necesitamos todavía entender pero en términos generales conocemos perfectamente bien las vías de transmisión, la patogenia de la enfermedad, la secuencia genómica del virus, sus mutaciones. ¿Pues qué más quieren saber? Ya lo sabemos. 

Eso de que no sabían, no, perdóndemente. ¿Entonces la presidenta de Taiwán no lo sabía y por eso se han muerto allá siete personas? Sí se sabía, había la información. Por eso Singapur, Tailandia, Taiwán, Vietnam, Nueva Zelanda, Australia y la lista se vuelve más grande de países que lo han hecho súper bien con la misma información. Lo hacen bien porque aplican la información y no se hacen guaje. 

Ya estamos frente a una estrategia nacional de vacunación, con Pfizer pausando sus entregas y con la mirada puesta en Sputnik V y CanSino. ¿Qué espera de este plan?

En México no hay estrategia de vacunación, lo que hay es una improvisación. Hoy se dice que se van a vacunar a los profesionales de la salud, pero no se incluye a todos, sólo un grupito selecto. Mañana ya se les olvidó eso y ya están vacunando maestros en Campeche. Dicen: ‘vamos a tener entregas de vacunas todo el rato’. Pero la gente ya se quedó sin la segunda dosis. Ahora aprueban la compra de 24 millones de vacunas, de una vacuna rusa para lo cual no se tiene ningún sustento científicos. No hay en papel el protocolo que se siguió en fase 3, no sabemos los resultados, no se tiene publicado nada del material científico relacionado con el estudio de esa vacuna. Y curiosamente ni los rusos parece que se la quieren poner, pero los argentinos y los mexicanos otra vez es la misma mentalidad: ‘vamos a ser más listos que todos, ustedes compran esas vacunas bien caras de Pfizer, Moderna, Astrazeneca, Johnson & Johnson, pero aquí vamos a gastar bien poquito y vamos a tener una vacuna bien picuda de los rusos’. 

No puede ser posible que en México 24 millones de personas vayan a recibir un medicamento que no está aprobado en ninguna parte del mundo. ¿Cómo pueden vacunar a 24 millones de personas con un medicamento que no tiene ningún aval más que las palabras de Vladimir Putin, del presidente de Argentina y de López-Gatell? ¿Entienden la gravedad de lo que podría pasar? Si no sabemos cuáles son los efectos secundarios de esta vacuna, las repercusiones podrían tomar proporciones míticas, podría ser como un experimento masivo. No lo quiero ni pensar. 

La descalifican por su profesión, hay quienes consideran que no es la persona indicada para hacer una evaluación de la gestión de la pandemia…

No sé en qué momento no puedo ser una persona calificada. Sí estudié odontología de licenciatura, claro, sí. ¿Quieren que me avergüence de eso? No, no me avergüenzo de eso. A mucha honra estudié odontología como licenciatura. Ahora, también fui a la preparatoria y también a la primaria e hice el kinder, pero después de la licenciatura estudié un doctorado en Ciencias médicas en el que me especialicé en el campo de microbiología. Este doctorado lo hice en la Universidad de Harvard. 

Entonces llamarle dentista a un odontólogo que nunca ejerció clínicamente la odontología… la última vez que estuve sentada en un sillón dental atendiendo a un paciente fue el último día de mis estudios de la licenciatura. Nunca tuve un consultorio, nunca atendí a un paciente, nunca ejercí como dentista porque en el último año de la carrera empecé a trabajar en un laboratorio de investigación para realizar mi tesis de doctorado. En el departamento de medicina experimental  en la Facultad de Medicina de la UNAM, a cargo del doctor Ruy Pérez Tamayo. 

La ciencia se robó mi corazón, mi vocación y muy orgullosamente estudié odontología porque fue la decisión que yo tomé, me encantaba hacerlo y pienso que lo hacía bien, me siento orgullosa de que lo hacía bien pero me gustó hacer algo más y lo que me gustó hacer que la odontología clínica fue hacer ciencia. 

Nunca ejercí como dentista, entonces que me insulten como dentista es un absoluto absurdo porque sí estudié odontología, pero también me pueden decir: ‘esa preparatoriana’, sí también fui a la prepa. Tengo un doctorado en ciencias médicas y eso me califica perfectamente para hacer la crítica que hago, no se requiere un estudio de epidemiología –porque estas personas desde luego desconocen los planes de estudio– para estudiar un doctorado en ciencia básica que está relacionado con el campo de la salud. Estudié un doctorado en Ciencias médicas y me especialicé en microbiología, llevé materias de infectología, hice rotaciones por hospitales en infectología, llevé estudios amplísimos de epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Harvard. Llevé por lo menos un semestre ahí, completo. ¿En qué mundo no estoy calificada para hacer una crítica de las decisiones epidemiológicas sobre una enfermedad infecciosa? A eso me dedico, a estudiar las enfermedades infecciosas. Es un absurdo. 

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