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¿Compartes PDF de libros desde tu celular? ‘Aniquilas la cultura’, lamenta el Cempro

La transferencia de archivos PDF de libros ha golpeado a la industrial editorial, ya que tiene una pérdida de hasta el 48% de sus ingresos.

Foto: Freepik.com

A todos los usuarios de WhatsApp les ha ocurrido: de pronto, llega un archivo en PDF de algún libro y hay quienes, sin empacho, no sólo lo abren, sino que lo comparten a otros grupos de amigos.

Cada vez que eso pasa, es un golpe para la industria de la cultura porque ni el autor, la editorial o los trabajadores de la imprenta reciben remuneración alguna, advierte el Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor.

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“Lo que hemos hecho son campañas de concientización, hemos notificado a Whatsapp y el reto es cómo poder distinguir y cómo poder bloquear estos contenidos violatorios de derechos. Se tiene que trabajar mucho en cómo hacer con los metadatos o bases de datos de los libros para que estas plataformas lo puedan bloquear”, señala en entrevista con La-Lista, Quetzalli de la Concha, presidente del Cempro.

“Es algo que se tiene que trabajar, es un problema en México y que se vuelve una crisis para los libros, crisis para los autores. Se combina el gusto del lector con la violación de derechos. En vez de recomendarlo y que la gente lo adquiera, esas ventas no se realizan. Los libros no se publican en PDF, si los hay es porque son archivos ilícitos; los libros digitales son eBooks para ser amigables con los dispositivos y que sea la experiencia similar a la de un libro normal”, añade.

De acuerdo con datos del Cempro, la lectura en pantallas pasó de un 15 hasta casi el 40%, explosión derivada de la pandemia, el confinamiento y el aumento en el consumo de productos de entretenimiento y cultura digitales. Sin embargo, ese incremento no se vio reflejado en las ganancias de la industria editorial ya que sólo creció su facturación en 2%.

El motivo son los sitios de descarga ilegal y la transferencia de archivos de los libros, a través de las aplicaciones, lo que genera pérdidas a los editores y autores de hasta el 48% de lo que deberían percibir.

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“Esto quiere decir que no se adquieren libros en internet. Como lectores no tenemos conciencia y existen estos sitios que se aprovechan de los libros que otros hicieron para generar tráfico y cometer otro tipo de problemas como fraudes, suplantación de identidad o robo de datos o de IP del equipo. Además es un problema cultural, en México, porque hay que hacer una concientizacion de la gente para seguir apoyando a los autores”, advierte la De la Concha.

Remuneración Compensatoria por Copia Privada, una solución.

Uno de los temas que se ha discutido a nivel legislativo e industria editorial es la existencia de una Remuneración Compensatoria por Copia Privada. Esto significa que se destine un porcentaje de la compra de un dispositivo o soposrte capaz de reproducir obras para favorecer a los creadores.

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Esto no es un impuesto, sino una manera de garantizar la protección de los autores cuyas obras se pueden reproducir indiscriminadamente.

“Se reconoce que el autor no puede reconocer cuántas veces se reproduce una de sus obras, entonces se regula que todo dispositivo que permite hacer estas reproducciones destine una parte de la venta a los autores. De esta manera, nos queda garantizado que estos usos van a ser legales, porque quien me vendió el dispositivo pagó una parte de ese valor comercial y eso daría una garantía para los autores, una garantía para los usuarios y para el Estado garantiza que se remunera a los autores”, explica De la Concha, quien considera que entre el 0.4 y el 1.5% de la venta podría marcar “mucha diferencia” para los creadores de obras y contenidos culturales.

Otra esperanza para minimizar el impacto de la piratería digital es que existe en México es lña entrada en vigor del T-MEC. En el acuerdo entre México Estados Unidos y Canadá, existe un apartado para proteger los derechos de autor, mediante un marco jurídico apropiado entre los tres países involucrados.

4 de cada 10 libros impresos es pirata

En México, la cifra se ha mantenido: 4 de cada 10 libros impresos es pirata y cada peso que los lectores destinan al material apócrifo “es darle dinero a la delincuencia organizada que también hace tráfico de drogas, de personas y de armas”.

“Los usuarios muchas veces no se dan cuenta que compran piratas, porque tienen acabados bastante similares y nosotros los llamamos clones. Te das cuenta porque están mal pegados, mal encuadernados, le faltan capítulos, deficiencias en el color y la impresión. Cuando entra el pirata toma el contenido, hace las impresiones en imprentas clandestinas, no se le pagan regalías al autor, ni al editor. Desparece paulatinamente editoriales mexicanas y estrangular la cultura local”, advierte Quetzalli de la Concha.

La presidente del Cempro pide a la ciudadanía que busque lugares establecidos legalmente para comprar los libros, porque “muchas familias dependen de esa industria y los libros pirata no son más baratos, valen 10 o 20 pesos menos”.

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