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‘Pasé la mitad de mi vida en las carreras de caballos’: El escándalo de Medina Spirit me ayuda a explicar por qué las dejé

Durante dos décadas como jinete para ejercitarme fui testigo de que se presionaba demasiado y muy pronto a los caballos de carreras para ganar dinero y prestigio. Bob Baffert y otros que realizan este tipo de abuso tienen que hacerse responsables.

Medina Spirit, a la derecha. Foto: AP

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Los caballos que corren el Derby de Kentucky apenas tienen tres años. Esas criaturas magníficas a las que se apuestan millones y sobre las que se cuentan historias de gloria y despiertan todo tipo de emociones apenas son unos niños pequeños, pero son esclavos. Ningún caballo de dos o tres años tiene la preparación física y mental para aguantar lo que le hace la industria de las carreras. Ni con las nuevas medidas y la supervisión puede evitarse que los caballos se quiebren, o sufran lesiones que van a ser crónicas por el resto de sus vidas, y que además se encuentran medicados cuando no deberían estarlo a causa de la inmensa presión a la que los someten.

El escándalo en torno a Medina Spirit, el quinto caso por violación de drogas en contra del entrenador Bob Baffert en el último año, es un evento que tiene que considerarse en el contexto de la edad del caballo. Si se considera la situación en blanco y negro, prueba positiva o prueba negativa, aunque sea conveniente, lo que en realidad se hace es simplificar un asunto real que es la preocupación ética por el problema del uso de drogas en los caballos jóvenes de carreras.

Medina Spirit, y todos los otros caballos que corrieron contra él el 1 de mayo, entrenó y corrió rigurosamente durante los dos años que duró su preparación para el derby. El descubrimiento de drogas en sus pruebas, y en las de otros caballos de Baffert después de la carrera, hablan de una historia que no puede ignorarse tomando en cuenta explicaciones banales como la de una contaminación accidental. Aunque tenemos que esperar para ver si la verdad sale a relucir con relación a Medina Spirit, lo que no puede negarse es que inyectar esteroides a las articulaciones de los caballos jóvenes es una práctica común en las carreras y en el establo de Mr Baffert.

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Así es que ¿qué son los medicamentos terapéuticos, como llama Baffert a la betametasona, en la práctica de entrenar a caballos jóvenes? Muchos caballos de dos años son presionados durante el entrenamiento porque su tercer año en las carreras es decisivo para su éxito como corredor de carreras y su futuro como semental. El entrenamiento es un equilibrio entre mantener en forma al caballo para que compita, al nivel más alto en este caso, pero con la solidez suficiente para competir. Un caballo cuyas piernas no estén ni tantito cerca de alcanzar la madurez pero que pudieran mantenerse frías y macizas sería una maravilla de la naturaleza. Las inyecciones en los tobillos, las rodillas y en las corvas de un caballo de dos o tres años después de un año de entrenamientos de alta intensidad y de correr que llevaron al caballo al límite de su capacidad no es terapia. El propósito no es curarlos o mejorar sus condiciones de vida. El verdadero propósito es mejorar su desempeño para ganar dinero o prestigio. Cuando escuché a Baffert decir que estos caballos son como sus hijos, me pregunté si así es como trata a sus hijos. Evoca sentimientos y suena bien, pero pongo en duda su autenticidad.

Cuando se vende a un futuro caballo de carreras de dos años antes de debutar en carreras, tal vez se haga una “demostración previa” para los compradores. Cualquiera que quiera comprar un caballo de carreras claramente busca un caballo rápido, así es que no hay mejor forma de determinar la eficiencia que verlo corriendo a su máximo de velocidad. Los caballos de dos años “buenos”  pueden alcanzar un  octavo de milla en menos de nueve segundos, o un cuarto de milla en menos de 20 segundos. Estos trabajos se llaman “balas”, y el público tiene que saber que se realizan con el hueso ligero, suave y poco desarrollado de un caballo bebé.

También debe saberse que los compradores pagan millones por estos caballos de dos años, y aunque se realizan muchos rescates de caballos purasangre por medio de fundaciones que trabajan arduamente en EU, miles de caballos que salieron de la industria debido a las lesiones que se hicieron en las carreras permanecen olvidados e ignorados por todos en el infierno sucio y lleno de enfermedades de los rastros. Si Baffert siente que lo está cancelando una industria que alguna vez lo amó y lo consintió, pues bueno, tiene mucha compañía. La diferencia es que él disfruta del libre albedrío y de la oportunidad de hablar de sus problemas y de la injusticia de todo.

Durante años monté bebés en la pista. Algunos años fueron bebés de Baffert. Al igual que muchos niños con las rodillas huesudas, se tropezaban y zigzagueaban  perdidos y con los ojos muy abiertos por la tribuna. Galopamos en pares o en tercias, hombro a hombro y nuestros arneses chocaban y el viento nos sacaba lágrimas de los ojos. Las pezuñas en tierra y el ritmo de los caballos al vuelo llenaba mi cabeza. Nos pedían que los hiciéramos “galopar”, es decir, llevarlos al extremo, y lo hacíamos con besos y chasquidos de lengua en los oídos, para que se movieran más rápido, y teníamos el fuete. Algunos tenían problemas con la respiración y terminaban tan cansados que quedaban al borde del desmayo debajo de uno. Algunos llegaban perdidos después de galopar. Algunos no volvían al entrenamiento. El cuerpo de un caballo de carreras es increíblemente frágil. Las espinillas y los tobillos, especialmente en un bebé, apenas son más gruesos que las muñecas de un hombre. Pero incluso para los caballos que lo aguantas, las carreras son terriblemente desgastantes.

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Se deberían prohibir las carreras y las demostraciones para los caballos de dos años. Los futuros caballos de carreras no deberían dejar el establo antes de los tres años. La industria de la crianza debería tener regulaciones serias para limitar el número de potros cada año. Hay que prohibir las circunstancias especiales para medicamentos necesarios, los entrenamientos tienen que hacerse libres de medicamento y la edad de competencia debería ser hasta los tres años, lo cual es un enfoque más razonable y más sano y seguro para los caballos. Si esto le suena radical a la gente de la industria, lo es más porque es diferente de lo que se ha estado haciendo y el cambio nunca ha sido fácil. Es todavía un cambio mayor para el mundo de las carreras en donde tanto se basa en la tradición y en los días de antaño. Beffert dijo a Fox News que este es un EU diferente, y tiene razón. Al menos en lo que se refiere a las carreras de caballos, esperemos que sea así.

Amo el tiempo que pasé en las carreras, pero también me arrepiento. Nada de lo que he hecho desde entonces o lo que pueda hacer se parece a estar en un caballo de carreras. Empecé mi carrera de dos décadas cuando tenía 15 años para ejercitarme. Sé lo que se siente ser un bebé en las carreras. Incluso ahora casi a los 40, mi más profunda identidad está unida a mi vida en las carreras. Pero estoy trabajando para conciliar el daño que pude haberles hecho a esos caballos en nombre del deporte. En nombre de mi propio legado. Dejé las carreras porque al pasar de los años, me empecé a dar cuenta de que la pista no es un buen lugar para los caballos. No del todo ni siempre intencionalmente, pero hasta cierto grado lo es. Bob Baffert y otros que presionan de más a los caballos cuando son muy jóvenes son los causantes de un abuso y tienen que hacerse responsables.

The Guardian
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