Se acaba el año de las estatuas caídas; comienza el de los bicentenarios
Estatua de Cristóbal Colón derrumbada afuera del capitolio de Minnesota, el 10 de junio de 2020 (Foto: Tony Webster en Wikimedia Commons).

Ningún evento del 2020 va a opacar la pandemia del Covid-19. Pero entre los que vale la pena destacar en este año de distancia social, es el que ilustra el derrumbe de estatuas de personajes históricos en Estados Unidos, Reino Unido y Bélgica.

A raíz del asesinato del afroamericano George Floyd en manos de un policía, en mayo, una ola de protestas antiracistas terminaron con la vandalización y la caída de monumentos urbanos dedicados a figuras relacionadas con la esclavitud y el pasado colonial. 

Algunos ejemplos: En el Reino Unido, el traficante de esclavos de bronce Edward Colston terminó en las aguas del puerto de Bristol. En Amberes, Bélgica, retiraron una estatua del rey Leopoldo II por los asesinatos cometidos durante la colonización del Congo. Y en Estados Unidos, Cristóbal Colón fue el blanco de los manifestantes en varias ciudades; en Boston, lo decapitaron.

En España y México, el italiano también generó tensiones el 12 de octubre — Día de la Hispanidad para los primeros y De la Raza, para los segundos — y en Chile, la pandemia interrumpió un movimiento social de protesta que empezó en 2019 y que en tres meses, dañó 1,353 bienes patrimoniales, entre ellos, símbolos militares y de la Conquista española.

Todos estos gestos muestran que parte de la población de esos países — la mayoría excolonias de Occidente — rechazan la versión de la Historia que se les ha contado y que para ellos, estas piezas de bronce o mármol ya no simbolizan el poder.

En medio de esta tensión, llega el 2021, el del bicentenario de la independencia en varios países centroamericanos, en Perú y en México. En este último, además, coinciden los 500 años de la caída de México-Tenochtitlán en manos de los españoles. 

Año tabula rasa

El presidente de México se desmarcó del gesto del derrumbe de estatuas, cuando dijo que “lo mejor es resolver estas diferencias en forma pacífica”, en la mañanera del 12 de octubre. 

Pero embebido de este espíritu revisionista del pasado imperial, mandó en marzo 2019 la famosa carta al Rey de España y al Papa Francisco solicitándoles que pidieran perdón a los pueblos originarios de México por las atrocidades cometidas durante la Conquista. 

Así lo hará el Estado mexicano, dijo, porque en el México independiente “hubo acciones represivas de exterminio, actos de injusticia” para despojar a los mayas y a los yanquis de sus tierras y sus aguas, recordó, en la mañanera del 30 de septiembre.

Lo que quiere el presidente es que 2021 sea el año-tabula rasa con un pasado que aún incomoda a parte del México actual, como quien llega a los 40 y pasa balance de su vida hasta el momento. 

“Nunca más reprimir, nunca más el clasismo, el racismo, la discriminación, nunca más el despojo en México, para eso es la conmemoración del año próximo”, clamó López Obrador desde su tribuna en el Palacio Nacional.

España, a revisión

El problema es que en España, esta petición llega en un momento de ascenso de la ultra derecha, la tercera fuerza del parlamento; de descrédito de parte de las instituciones del Estado, empezando por los presuntos casos de corrupción de la Casa Real, e incluso, de desafío la misma unidad de la nación, con el movimiento independentista de Cataluña. 

Por eso el gobierno socialista de Pedro Sánchez no quiere ni hablar de ese debate de las excolonias, que algunos expertos ya consideraron de político, no histórico, y que cada formación política usa en clave interna. 

“La España autonómica tiene 17 sistemas educativos”, explica Iván Vélez, autor de “La conquista de México. Una nueva España”, refiriéndose a que cada comunidad autónoma tiene sus propios planes educativos. “En muchos territorios hay gobiernos secesionistas que hacen una distorsión completa del pasado. Como el imperio es un proyecto universal, es inaceptable”, añade, en conversación telefónica con La-Lista

Vélez hace un año que se dedica a la política activa. Actualmente, es coordinador del grupo parlamentario del partido de ultra derecha Vox en la comunidad de Andalucía. Para él, que ahora España tenga que pedir perdón es un anacronismo, un sinsentido, un intento de que el Estado atienda las “fantasías” y “caprichos narcisistas” del presidente de México. Aunque no le costara un peso, ni una firma, sería inaceptable. “Sería seguir contribuyendo a la leyenda negra, la idea de un imperio opresor y depredador. No se puede transigir, es como si te acusan de una cosa que no has hecho”, zanja.

De la misma forma reaccionaron a la carta de AMLO intelectuales, miembros del gobierno, del principal partido de la oposición, el Partido Popular, y de Ciudadanos, una formación de centroderechas que nació en Cataluña con el objetivo de combatir el nacionalismo catalán. Preferían centrarse en reivindicar el buen legado de la presencia de los españoles en el continente americano. Vélez, de hecho, defiende que por eso deben mantenerse las esculturas de personajes como Colón. 

Es cosa de la Historia y ya

Otros apostaron por mirar hacia adelante y dejar este debate para las facultades de Historia. “No niego que hace 500 años se cometieron atropellos y asesinatos, pero también se dejó una imprenta positiva. Muchos indígenas apoyaron a los españoles porque estaban avasallados por los aztecas”, responde Susana Beltrán, diputada por Ciudadanos en el parlamento de Cataluña.

Pero esa actitud, de poner por encima la labor civilizadora del imperio español, es sintomática, según el autor de “La Conquista de América. Una revisión Crítica”, Antonio Espino.

“Esa ideología viene de la época franquista. Un régimen aislado del resto del mundo no podía permitir que el único elemento diferenciador respecto del resto de potencias europeas, que era la Conquista, fuera atacado o criticado. Por eso, siempre se presentaba de la mejor manera posible”, explica el también profesor de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona. “Los mayores de 25 años siempre escucharon en la escuela un mensaje positivo de la Conquista de América”, añade.

Pedir perdón, explica el profesor Espino, sería una forma de reconocer que el imperio español no fue ni sui generis ni humanizador, sino que, al igual que el resto de imperios europeos, esclavizaron y explotaron a los nativos y africanos traídos a esas tierras.

Pero el de las excolonias no es ni ha sido un tema que haya quitado el sueño ni a políticos ni a ciudadanos en España. Ahí, el pasado más presente y con el que aún se discuten es el de la Guerra Civil y la dictadura fascista. “No me cabe en la cabeza que alguien esté atormentado por algo de hace 500 años. Es el pasado y punto, y ya está, y pa’ ‘lante”, concluye Vélez.