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Cultura

Mauricio Montiel: ‘AMLO diría que la depresión se cura apostando por la 4T’

En entrevista para La-Lista, el autor de ‘Un perro rabioso’ destaca la importancia de hablar sobre la depresión, trastorno opacado por creencias populares.

Mauricio Montiel, escritor de "Un perro rabioso: Noticias desde la depresión"
Mauricio Montiel, escritor de "Un perro rabioso: Noticias desde la depresión". Foto: Cortesía Lya Montiel.

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La depresión es una enfermedad que ha ido en aumento ante el confinamiento por la pandemia de Covid-19. Sin embargo, este trastorno ya antes ha afectado a otras personas y escritores, comunidad en la que se encuentra el escritor Mauricio Montiel Figueiras, quien en Un perro rabioso: Noticias de la depresión (Turner, 2021) ahonda en su experiencia.

El autor relata en entrevista para La-Lista el proceso de creación en torno a este tomo, así como el motivo por el que tuvo que dejar la red social donde se gestó este proyecto literario. Además da su punto de vista en torno a porqué no se atiende a la depresión como una enfermedad seria en México, pese a que ha conducido al suicidio a personas que la experimentan.

¿Qué te llevó a publicar este libro?

Es el libro más difícil que he escrito hasta ahora. Empezó como un ejercicio de catarsis en una plataforma que no se presta para lo íntimo. Paradójicamente, tuve una buena respuesta para lo que posteriormente se convertiría en Un perro rabioso: Noticias de la depresión

En 2018 obtuve el apoyo de muchos lectores, que aumentaron con el paso de los días. Fue un proceso de varios meses y al terminar, digamos de salir de la depresión, dije: “Ya cumplí con la escritura del diario” y me di cuenta que podía funcionar como libro, y lo digo con un doble sentido: a manera de un producto literario, pero también como una especie de apoyo o luz para personas que puedan estar pasando por esto o que tengan familiares que están en este infierno de la depresión. 

Me topé con mucha gente que me empezó a pedir consejos, pero yo siempre he subrayado que no soy especialista y no tengo la capacidad para dar medicamentos. Lo que les decía era que acudieran con un especialista, porque es una enfermedad que puede ser mortal. Ha quedado demostrado con los suicidios de tanta gente que no ha podido librar la batalla. 

¿Cuánto tiempo duró la escritura de este libro? ¿Tu intención era que conocieran un lado de ti o que las personas buscaran ayuda por la depresión?

Calculo que a finales de marzo de 2018 empecé la escritura de este diario en Twitter, que se extendió a septiembre del mismo año. Me sorprendió que en México no haya muchos libros sobre la enfermedad en general y la depresión. En esos ocho meses me dediqué a buscar testimonios de autores mexicanos o de artistas que hubieran dejado registro y no encontré prácticamente nada. 

Conocía ya el libro de Anamaris Gomís, Los demonios de la depresión, pero es lo único; también a Rafael Pérez-Gay, que lo ha hecho de corte autobiográfico si bien tangencialmente porque él no la ha padecido. 

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Salvo ellos dos no encontré testimonios de autores mexicanos y empecé a preguntarme a qué se debería esto. En otras culturas, como la anglosajona, abundan los relatos de autores conocidos, como William Styron, pero también de quienes no son tan populares y tienen libros que hablan sobre su proceso con la enfermedad. 

Considero que esta ausencia se debe a que somos una cultura que se ríe de la muerte, del malestar; tenemos el Día de Muertos que lo celebramos comiéndonos a la muerte. Esta cultura de “Qué puede haber que no cure unos tequilas”; la cultura de la cantina, del compadrazgo, de la amistad, y a lo mejor ahí es donde dejamos mucho de ese dolor que traemos dentro. Lo exorcizamos festivamente y por eso no hay tantos testimonios sobre el dolor. Juzgué que podía ser valioso para gente que esté padeciendo este trastorno de primera mano.

¿A partir de este carácter festivo esquivamos los miedos?

Creo que sí es una vía de escape para hacer catarsis y también le sacamos un poco. Si bien somos dados al desnudamiento entre amigos, a ser muy francos, a la hora de registrarlo nos da temor porque no podemos vernos tan vulnerables, sobre todo los hombres ante la cultura (machista) que dice: “Los hombres no deben llorar” porque no se pueden quebrar, deben estar al pie del cañón, resistiendo. Eso también contribuye a que nos sea muy difícil mostrar ese lado más vulnerable y exponerlo ante los embates de una enfermedad. 

¿Los autores deberían apostar por estos temas? ¿El gobierno debería hacer campañas en torno a la depresión? 

Es fundamental que los trastornos mentales sean considerados temas de salud pública porque es una emergencia sanitaria, una pandemia sigilosa que se gesta debajo de la pandemia viral. Lo he platicado con mi psiquiatra y coincide que es alarmante el nivel de pacientes que han acudido con los especialistas, con una depresión agudizada a raíz de la pandemia y el confinamiento. Si no se habla, si no se visibilizan estos temas y se sigue pensando que son cosas que se deben tener en el clóset porque no se deben hablar, ya que para eso están el tequila y la fiesta, es muy riesgoso. 

El confinamiento nos dio la idea de que no podíamos festejar, teníamos que convivir con el dolor y la cantidad de duelos no resueltos por el tema de la muerte de familiares cercanos por el Covid-19. Todo eso va a cobrar una cuota psíquica tarde o temprano, incluso ahora vemos los primeros brotes de esa depresión psíquica. 

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Sabemos que el gobierno de México con el tema de la vacunación se enfiló un poco mejor, pero al principio de la pandemia, el señor que dice ser presidente de México (Andrés Manuel López Obrador) afirmaba que la pandemia se iba a curar con amuletos, bendiciones y escapularios. Es una irresponsabilidad terrible que costó miles de vidas. 

Si no le dio la importancia a la pandemia viral, ahora a la pandemia psíquica… Van a decir que eso se cura saliendo a caminar o apostando por la 4T, pensando en la 4T nos vamos a curar todos de la depresión. Urge que la depresión sea considerada un tema de salud pública. 

¿Cómo pasó el confinamiento y la pandemia?

Al principio me sentí de alguna manera alentado porque uno como escritor vive confinado. No nos agarró tan desprevenidos, pero como me comentaba un colega suizo: “ahora el mundo va a sentir lo que se siente ser escritor”. Aunque el de los autores es voluntario, este ha sido forzado, lo que hacía extrañar ir al lago, ver a los amigos. Al principio lo tomé como una especie de retiro. 

A finales del año pasado me empezó a pasar factura. Qué creativos fuimos al inicio, pero sí pasó la cuota. En el confinamiento di forma a tres libros, uno de los cuales ni sabía que iba a escribir y cuya idea me llegó ante el confinamiento, que tiene que ver con un tema fúnebre en un pueblo de Sicilia, que me envió unas fotografías una chica desde Italia. 

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En el libro dice “para la depresión no hay like que valga” sobre el estilo de vida en las redes sociales, ¿pero piensa regresar a Twitter luego de más de un año? 

Mi salida de Twitter es definitiva. Tengo una cuenta a la que llamo espía, porque no interactúo con nadie, pero es como yo digo: “para echarme a perder el desayuno”. Es una plataforma que para mí se volvió tóxica y es porque los usuarios se convirtieron así, la pandemia sólo agudizó esa animadversión y agresividad que estaba antes del Covid-19. Se potenció hasta la estratósfera por el encierro, todos estábamos metidos en las pantallas y era un horror, ahí salieron los peores instintos del ser humano, así como los mejores. 

Me quedé solo con Instagram, que es donde sigo haciendo proyectos literarios, lo que he hecho en las distintas redes sociales y que es realmente lo que me interesa. Son como máquinas de escribir dentro de la máquina de escribir. 

¿Qué sigue en el ámbito literario?

De Twitter me quejo mucho, pero de ahí salió Un perro rabioso y todo el proyecto de El hombre de tweed, que es muy voluminoso y que debe rebasar las 500 páginas en total, con todo lo que involucra la narrativa. En Instagram pude hacer un libro que tiene que ver con esta obsesión y pasión mía por la fotografía, que son relatos que se desprenden de imágenes antiguas que he coleccionado a lo largo de los años.

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