Hablemos sobre depresión, no es un tema menor
Historias del campo ciego
Hablemos sobre depresión, no es un tema menor

Noches de insomnio. Días de cansancio extremo. Falta de apetito o atracones de comida. Descuido de la apariencia física. Sobre todo, las preguntas frecuentes taladrando su cabeza: “¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué ya no disfruto de casi nada?”. Esto, mientras Paola muerde sus uñas o rasca su piel en silencio. Si está en el trabajo o la escuela muestra una sonrisa falsa para que nadie advierta que articular cada palabra, mantenerse de pie y realizar sus actividades diarias le cuesta lo que nadie imagina. No habla sobre lo que siente con nadie por temor al rechazo, la burla o la estigmatización.

Lo que Paola siente es una condición y tiene nombre: depresión.

Pasan los días y ella no puede cambiar de lugar todo ese malestar que la habita. Porque la depresión no es tristeza por un mal día, una situación adherente al ser humano siempre y cuando no transgreda su “normalidad”. La depresión es un trastorno que actualmente es considerado como principal causa de discapacidad para más de 300 millones de personas en el mundo, con un incremento de más del 18% entre 2005 y 2015, de acuerdo con información de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En México, el problema no es menor, hasta la semana 52 del 2020, el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, reportó 84 mil 396 casos de depresión.

Dato del Sistema Único de Información de la Secretaría de Salud.

Pero como en muchos otros temas, las cifras estadísticas son sólo una referencia. El registro oficial sobre personas con depresión en México, no es un retrato exhaustivo del panorama pero sí un acercamiento. Basta revisar el incremento de suicidios en el mundo —sin excepción de nuestro país— , que es una de sus consecuencias extremas, aunque no la única razón por la que sucede, ya que puede suscitarse también debido a otros trastornos de la salud mental.

El 13 de enero fue el #DíaMundialDeLaLuchaContraLaDepresión. Sí. El tema ha ganado terreno en la conversación pública, pero sigue siendo para una gran mayoría un tema tabú y sobre todo, un problema de salud pública para el que hoy no existe un diseño de políticas públicas que atienda de manera frontal lo que, la propia OMS señala, lleva al suicidio a cerca de 800,000 personas, con otro dato alarmante: el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años.

Dormidos, despiertos, todos los días

“Cuando una persona se deprime, el estado de ánimo predominante es bajo, es decir, depresivo y esto arrastra a las otras tres funciones de tal manera que podemos ver que un paciente deprimido está sentado, callado, no platica mucho. Esas cuatro funciones: sistema endócrino, nervioso autónomo, conducta y estado de ánimo tienen una coherencia que está ocurriendo todo el tiempo. Todos los días. Dormidos. Despiertos”, explica el doctor en psiquiatría Alfonso Martín del Campo.

El especialista indica: a mayor intensidad, mayor disfuncionalidad. “Ese estado de ánimo depresivo se convierte en algo constante, de tal manera, que se rompe la coherencia”. La enfermedad tiene repercusiones sociales, laborales y familiares. No debe tomarse a la ligera.

Martín del Campo menciona que la pandemia por COVID-19 puede afectar a las personas que estén al borde de la depresión por el encierro, las limitaciones, el miedo a contagiarse o que se contagie algún familiar o que alguien fallezca. Esto sin duda puede hacer que se eleven las cifras estadísticas de depresión. “Se ha puesto el dedo en el renglón de la salud mental, la violencia familiar, de género e intentos de suicido, pero engloba todo”.

Paola está en un episodio depresivo desde marzo de 2020 porque su situación económica es complicada y el temor a contagiarse la mantiene sumergida ahí.

“Si tú me ves, es probable que si no me conoces, no te imaginas que tengo depresión desde mi infancia. Tengo un trabajo estable, estoy en terapia psiquiátrica y puedo entender que el problema no soy yo, que muchas personas viven como yo”.

Paola, paciente con depresión.

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También de acuerdo con la OMS , previo a la pandemia por SARS-Cov-2, ya existía un “problema crónico de la financiamiento”: los países destinaban menos del 2% de sus presupuestos nacionales de salud a la salud mental y ‎tenían dificultades para responder a las necesidades de sus poblaciones.‎

Si ya antes del coronavirus la depresión ya era un tema de salud pública por atender de forma emergente, hoy día la situación se anuncia de vital importancia: imaginemos lo que puede suceder ahora si premio a la pandemia, aunque hay tratamientos eficaces para la depresión, más de la mitad de los afectados en todo el mundo (y más del 90% en muchos países) no recibía esos tratamientos.

De acuerdo con un estudio realizado en 130 países y difundida por la OMS en octubre de 2020, la pandemia “ha perturbado o paralizado los servicios de salud mental esenciales del 93% de los ‎países del mundo, en tanto que aumenta la demanda de atención de salud mental”.

Aunque numerosos países (70%) han adoptado la telemedicina o la teleterapia –señala el estudio de la OMS– para subsanar las ‎perturbaciones de los servicios de atención presenciales, se observan disparidades relevantes en la adopción ‎de estas intervenciones. “Más del 80% de los países de altos ingresos declararon haber recurrido a la ‎telemedicina y la teleterapia para paliar las dificultades de los servicios de salud mental, porcentaje que no ‎llega al 50% en el caso de los países de bajos ingresos”.

Repensemos la depresión. No es un tema menor.‎