Museo ucraniano abre exposición sobre la guerra
El Museo de Historia de Ucrania en la Segunda Guerra Mundial montó la exhibición sobre la reciente incursión rusa a su territorio. Foto: Cortesía Museo de Historia de Ucrania en la Segunda Guerra Mundial

Los ucranianos ya pueden visitar en Kiev una exposición sobre la guerra en tiempo real donde pueden observar cascos, raciones de alimentos y misiles recuperados tras la retirada del ejército ruso en zonas ocupadas. 

Titulada Ucrania – Crucifixión, esta muestra del Museo de Historia de Ucrania de la Segunda Guerra Mundial reúne objetos auténticos, recolectados entre el 4 de abril al 5 de mayo, sobre todo en la región “liberada” en el norte de Kiev.

Fue inaugurada el 8 de mayo y su montaje en un tiempo récord fue posible gracias a la colaboración con el ejército, la presidencia, el gobierno ucraniano y las autoridades regionales.

En la entrada, se puede ver una gran estrella roja en el suelo hecha con botas militares. Las notas personales y las tarjetas de soldados rusos muertos en el frente están en las vitrinas. En los pasaportes, las fechas de nacimiento muestran que eran jóvenes. Y una matrícula de coche de Siberia prueba que algunos venían de muy lejos.

Hay también varios botes de borsch, una sopa tradicional ucraniana también típica de varios países eslavos en su versión halal, para que convenga a los combatientes chechenos, de mayoría musulmana, enrolados por su líder Ramzan Kadyrov. 

Unos misiles están incrustados en una ventana, ennegrecida y casi destruida por una explosión.

“Aquí podemos ver y tocar la guerra con las manos. También es el objetivo: conmocionar a la gente para que se dé cuenta de lo que pasa”, explica el comisario Yuri Savtchouk.

En el sótano del museo, se ha reconstruido un refugio a partir de imágenes. En él se cobijaron durante 37 días decenas de civiles, entre ellos varios niños y un bebé de seis meses. 

Unos ladrillos puestos en el suelo simbolizan la muerte de dos personas, fallecidas en este subterráneo insalubre y húmedo. En una pantalla, la madre del bebé cuenta su atroz experiencia.

“Es realmente muy duro de ver. Por suerte no vivía en uno de estos pueblos donde los rusos estuvieron”, dice Zoya Didok, de 26 años, una visitante que trabaja en el sector bancario.

En el primer piso, el pórtico de una iglesia destrozado por una explosión de obús da paso a una sala con varias instalaciones de artistas ucranianos. Una granada escondida bajo un juguete en una zona de juegos recuerda el impacto de la guerra en millones de niños ucranianos.

Y un memorial de la Segunda Guerra Mundial, destruido en la comuna de Gostomel, da el sentimiento de haber vivido ya la situación y hace un paralelismo entre las dos guerras. 

“También queremos responder a la propaganda rusa, que montó una exposición en Moscú sobre el supuesto fascismo que se tendría que combatir en Ucrania”, explica Yuri Savtchouk.

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