¿Cómo distinguir el cempasúchil mexicano del chino? Estas son las claves
El cempasúchil nacional suele tener un color vivo. Foto: Pexels / Susan Flores

Desde su nombre, que significa 20-flor y era la fecha exacta en la que los mexicas recordaban a sus difuntos, el cempasúchil está ligado con la celebración del Día de muertos. Sin embargo, a pesar de siglos de dominio, ahora tiene un competidor: las flores llegadas de China.

Relativamente más económicas y de fácil acceso que las flores nacionales, los cempasúchil chinos han avasallado a la producción mexicana, provocando un duro golpe a los productores de esta flor de temporada.

De acuerdo con una entrevista concedida a Gaceta UNAM por el investigador Francisco Basurto, el uso del cempasúchil va más allá de las ofrendas, pues su alta concentración de carotenoides hace a esta flor ideal para la coloración de diversos alimentos y productos.

“México fue líder en la producción de estos carotenoides; desafortunadamente, a partir de este nuevo siglo perdimos ese mercado; ahora los países productores son China en primer lugar y la India en segundo, México ya no figura en esta industria”, detalló Basurto.

Producidas tradicionalmente en Tláhuac, Xochimilco y Atlixco, Puebla, estas flores son relativamente fáciles de reconocer cuando son de producción nacional. Las de importación suelen venderse en macetas, son perfectamente simétricas y tienen un amarillo más pálido.

En cambio, los cempasúchil de México se distinguen por su mayor tamaño, tono amarillo-naranja y suelen ser vendidas por los propios productores en tianguis y mercados de distintos puntos de la ciudad. Sin embargo, ni siquiera las flores producidas en el país escapan a la influencia de la semilla importada.

“Sí se usan semillas nativas, pero esto es principalmente para autoabasto en muchos pueblos, con venta a pequeña escala en mercados locales o regionales. Para el abasto de las grandes ciudades, la producción de flor de muerto usa semillas importadas y se venden como plantas en maceta”, detalló Basurto.

Para los pueblos originarios, el simbolismo de la flor de cempasúchil era vital, puesto que se le consideraba una planta con amplios poderes curativos, misma que se ofrecía a los dioses. Tras la Colonia, se volvió un elemento fundamental de los altares de muertos, guiando con su color y aroma a las ánimas hacia sus hogares.

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