Pymes: cómo estructurar bien una deuda para sobrevivir al Covid
Foto: Gabriel Simon / Pixabay.

A 10 meses de la llegada de la pandemia y el confinamiento al país, los pequeños negocios han sido de las principales víctimas del virus que paró al mundo, y gran parte de ellas hoy se debaten entre seguir intentando o tirar la toalla.

De acuerdo con el Centro de Comercio Internacional (ITC por sus siglas en inglés), la crisis sanitaria por el Covid-19 ha afectado a más del 60% de las pymes y al 51% de empresas medianas; mientras que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que la pandemia representará el cierre de 2.7 millones de empresas en América Latina, la mayoría pymes. Y México no está exento de ello.

Teniendo en cuenta que las pymes representan casi el 100% del tejido empresarial del país, el impacto sería considerable tanto para el producto interno bruto como para el empleo.

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La tormenta perfecta se dio en 2020: bajó la clientela, los gastos seguían, no se podía recortar la plantilla laboral, no hay dinero para incentivar las ventas, y las pocas que había eran a crédito. En momentos en que hay más egresos que ingresos para las empresas, así como problemas de cobranzas y poco o nulo acceso a capital o financiamiento; las pymes buscan cómo seguir adelante cargando a cuestas pagos a proveedores y empleados, renta y servicios, además de cumplir con los impuestos.

“La demanda de financiamiento y acceso a capital, liquidez de cualquier tipo, va a ser muy grande (…) la situación de flujo de efectivo de las pymes está sumamente deteriorada y complicada y van a requerir muchísima liquidez para poder seguir con sus actividades”, explica Claudio Kandel, director general de DíSí Operaciones. Y una de las opciones es el financiamiento.

Si bien hay varias formas de inyectar al negocio esos recursos, como que los socios aporten capital o pedir crédito a los proveedores; existen también estructuras financieras ya sea a través de instituciones bancarias o auxiliares, como Sofomes (Sociedades Financieras de Objeto Múltiple) o Sofipos (Sociedades Financieras Populares); y cada posibilidad tiene sus pros y sus contras, desde el punto de vista de estructura.

“El capital es difícil de conseguir y no necesariamente es más barato, pero la ventaja que tiene la deuda financiera es que siempre es más flexible”, apunta el especialista, agregando que en estos casos una deuda bien estructurada es la mejor manera de poner a trabajar el dinero de una empresa.

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Esto debido a que por su flexibilidad, las estructuras de deuda sana permiten hacerse de los recursos que el negocio necesita para operar y echar a andar su actividad para multiplicar o sumar valor a ese capital.

Sin embargo, el endeudamiento no será la mejor si no se toma con seriedad, ya que sin importar el producto, o préstamo, que se adquiera se convertirá en una carga más que un apoyo si no se analiza y estructura de acuerdo a las necesidades y realidades de quien lo solicita.

Y por ello, este especialista comparte algunos puntos claves que deben considerarse para estructurar una deuda sana, en vez de “contratar problemas”:

Fíjate en el precio…

El costo del crédito es esencial. Contratar uno muy caro impactará las ganancias y éstas se irán hacia la institución financiera y proveedores, no al bolsillo del negocio.

Además, un error que suelen cometer las pymes, es no transferir ese costo a los precios de sus productos o servicios, que al final de las cuentas representa un margen de ganancia mucho menor o en el peor de los casos hasta perder dinero.

“Si como empresario, el que te presten dinero te cuesta un 20% anualizado, eso es parte de tu costo, si no impactas en el precio de venta del producto lo que te cuesta financiar a tu cliente, tu margen se verá disminuido o hasta perdido”, apunta Kandel.

… pero no es lo más improtante

Si bien importa, el precio no lo es todo. Un costo alto o bajo en un financiamiento es sólo una parte del mismo, y no estructurar de manera adecuada los tiempos y condiciones para pagar ese compromiso puede convertirse en un problema.

Por ejemplo, si se pide dinero para un proyecto que generará retorno hasta el noveno mes, se debe buscar que los pagos al banco no sean a partir del primer mes del contrato, pues con ello se corre el riesgo de no poder pagarlo, porque ese recurso se estará destinando a una idea que aún da frutos.

“Los parámetros para hacer un buen crédito tienen que estar basado en las proyecciones de flujo de efectivo, para poder visualizar cómo se empatan los dineros que entran contra los que salen; que coincidan el monto y el tiempo”.

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Letras chiquitas, no; que todo sea claro y transparente

“No importa el tamaño de las letras, las condiciones no deberían ser chiquitas”, resalta el experto. Las letras chiquitas sí existen y se tienen que leer, pero eso no significa que se debe aceptar cualquier condición sólo por la urgencia del dinero. Es mejor tener una charla franca con el prestador y dejar en condiciones claras, transparentes y posibles, asumiendo las responsabilidades; en lugar de acceder a condiciones que no se podrán cumplir.

Se debe tomar en cuenta que hay puntos preestablecidos en los contratos, los cuales son revisados y autorizados por la Condusef, así como cláusula y declaratorias que están ahí por requerimientos de ley, exigencias estandarizadas que exigen las autoridades como la CNBV, la SHCP, o el Banxico; y no necesariamente condiciones unilaterales de quien presta el recurso.

“Cuando uno habla de crédito, se habla de confianza. Es una calle de dos sentidos, los empresarios deben comprender que no sirve de nada tener una letra chiquita, pero tampoco es válido no cumplir con los compromisos. Las dos partes deben buscar una relación de confianza y no debe romperse”, considera Kandel.

Convertir a un buen cliente en uno malo

Evita el “luego veo cómo le hago” con tal de tener el dinero rápido. Si la estructura del financiamiento no se acopla a tus necesidades del cliente, corres el riesgo de no pagar o dejar de pagar después de un tiempo. Checa las características del dinero prestado, si su estructura es mala se contrata un problema.

“Eso te convierte en un mal cliente, pero sí ese mismo financiamiento se hubiera estudiado mejor y se hubiera estructurado en base a las posibilidades reales eso no hubiera sido un mal crédito. Por eso es importante entender muy bien la entrada y la salida de los recursos del préstamo y ser muy transparente sobre sus posibilidades, esto ayudará a minimizar o evitar problemas”, explica el directo de DiSi Operaciones.

Reestructura si es necesario

La reestructura de deuda consiste en modificar una deuda actual, que al ser contratada se definió el monto, el plazo, cómo se van a hacer los pagos de amortización de capital, el precio, cómo se van a pagar los intereses y comisiones… todo ello basándose en proyecciones de negocio y de flujo de efectivo; pero si las condiciones cambiaron, por ejemplo, por esta pandemia que no figuraba en los proyectos de las empresas, se puede buscar una nueva estructura que se acomode a la nueva realidad para hacer que el pago de la misma sea posible, y en algunos casos obtener otra inyección de liquidez.

“Si bien la reestructura de deuda se asocia con malas noticias o un mal ciclo de negocios, eso no es el común denominador, éstas pueden darse por un cambio en el plan de negocios -para bien o para mal-; cuando bajan o suben las bajas de interés y así obtener beneficios en sus créditos de mediano o largo plazo; o porque se necesita más flujo de efectivo”, detalla Kandel.