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Entrevista

‘Tal vez Estados Unidos nunca ha sido bueno’: Barry Jenkins

El director de Moonlight habla sobre cómo la épica adaptación a la TV de la novela ganadora del Pulitzer ‘The Underground Railroad’ de Colson Whitehead lo motivó a enfrentar por completo la historia de la esclavitud, además de su propia infancia traumatizante.

Barry Jenkins: 'Una vez que leí su libro supe con certeza que absolutamente quería esto'. Foto: The Observer / Erik Carter

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Barry Jenkins escuchó por primera vez la historia del Underground Railroad gracias a una maestra cuando tenía seis o siete años de edad. La lección en la escuela describía la desordenada red de casas de seguridad y abolicionistas que ayudaron a las personas esclavizadas en el sur de Estados Unidos a escapar hacia los estados libres del norte en el siglo XIX. Pero Jenkins, al ser un niño impresionable, se imaginó unas vías del tren reales, con trenes de vapor secretos acelerando para cruzar el país, construidos por superhéroes afroamericanos en la oscuridad de la noche. Fue una imagen, recuerda, que le hizo “sentir que todo era posible”. “Mi abuelo era un estibador”, dice. “Volvía a casa todas las noches, con su casco y su cinturón de herramientas y sus gruesas botas. Y yo pensaba: ‘Ah sí, personas como mi abuelo, ¡ellos construyeron el ferrocarril subterráneo!’ ”

Esa imagen de la niñez volvió a Jenkins, quien ahora tiene 41 años, cuando leyó una copia preliminar de la novela de Colson Whitehead sobre esa historia, que juega con la misma idea seductora. Esto sucedió en 2016. Tanto Jenkins como Whitehead estaban al borde de concretar los logros que cambiaron sus carreras: Moonlight, la película de Jenkins, estaba a punto de estrenarse (y al final terminó por ganar el Oscar a mejor película), y el libro de Whitehead, The Underground Railroad, estaba a punto de ser publicado (al final recibió el National Book Award y el premio Pulitzer). Todo esto estaba por suceder cuando ambos se conocieron. “Yo conocía a Colson como autor”, me dijo Jenkins la semana pasada a través de una pantalla desde su casa en Los Ángeles. “Y una vez que leí su libro, supe que definitivamente lo quería. Yo no soy ese tipo de persona. Usualmente cuando leo algo pienso que tal vez sería una gran película, y lo dejo pasar. Pero esta vez, puse manos a la obra, tenía que conseguirlo”. 

Cinco años después, los 10 episodios que hizo Jenkins sobre la desgarradora y brillante adaptación del libro de Whitehead, una obra maestra de la narrativa, se estrenaron en Amazon. Una de las primeras cosas que Jenkins filmó en la serie fue un tren de vapor en un túnel subterráneo (construido en un museo de trenes en Savannah, Georgia). Jenkins puso a Cora, la mujer joven que escapa de una plantación, a escalar a través de una escotilla hacia las vías, igual que en la novela de Whitehead. Después permite que la audiencia experimente la escena a través de los ojos de ese niño de seis años. Cora se arrodilla para tocar los rieles de acero para asegurarse de que son reales. “Porque como niño”, dice Jenkins, “sé que eso es lo que hubiera hecho”. 

Mientras más se acercaba a este proyecto después del éxito de Moonlight, y su adaptación de la novela de James Baldwin, If Beale Street Could Talk, Jenkins dice que se asustaba más por el trauma incrustado en el material, quería hacerle justicia. “Siempre está ese temor, pero esta ocasión en particular se trata del material más provocador con el que he tenido que trabajar. Siempre existe una enorme responsabilidad con el tema. Espero poder recontextualizar y no reforzar los estereotipos sobre mis ancestros, que han persistido durante décadas”. 

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En 2017, cuando acababa de ganar el Oscar por encima de La La Land, sus amigos cuestionaron la necesidad de hacer esta serie, cuando se le habían abierto oportunidades menos complejas. Pero él estaba convencido, sobre todo por el momento político. Mientras luchaba por conseguir los derechos para utilizar el libro de Whitehead, la campaña electoral racialmente divisiva de Donald Trump avanzaba a toda marcha. “Esa frase, ‘Make America Great Again’, se repetía sin cesar”, recuerda Jenkins. “Y lo que yo siempre escuchaba en ella era una cavidad, un vacío (de conocimientos). Porque tal vez Estados Unidos nunca ha sido bueno. Ha habido un enorme progreso en ciertos momentos de la historia estadounidense. Pero siempre está este lado oscuro. Y yo pensaba, bueno, sí, hacer (The Underground Railroad) es lo correcto. Porque claramente, si este eslogan es suficientemente poderoso para llevar a un hombre al poder en esta tierra, entonces todavía hay un enorme vacío…”

Los capítulos del libro de Whitehead, su estructura como una odisea estadounidense semimitológica, hicieron perfecto el formato de “colección”. Mientras Cora (interpretada por la extraordinaria y empática presencia de la joven actriz sudafricana Thuso Mbedu) se abre paso por varias estaciones y estados, y cambios de territorios históricos, perseguida por el cazador de recompensas Ridgeway, a veces parece de 16 años y a veces de 60. Cada umbral de su viaje (Georgia, Carolina del Norte y del Sur, Tennessee) se convierte en una película completa. Filmaron las 450 páginas del guión de Jenkins en 116 días, “fue un ritmo trepidante”, dice. Tuvieron suerte de terminar justo antes del primer confinamiento en marzo del año pasado. 

Los tiempos fortuitos parecieron como una nueva prueba de que el director es un ejemplo vivo de la vieja máxima de “mientras más trabajo, más suerte tengo”. Al analizar su carrera es tentador recurrir a las ideas del destino para describir su trayectoria. Después de graduarse de la escuela de cine de Florida State University, su primera película de bajo presupuesto Medicine for Melancholy recibió buenas reseñas pero le dificultó el trabajo para progresar. Pensaba en formas para escribir sobre su propia infancia traumatizante cuando un amigo le envió el guión de una obra autobiográfica de Tarell Alvin McCraney, escrita una década antes. McCraney asistió a la misma preparatoria que Jenkins en Liberty City, un suburbio duro de Miami, un año después que él. Ellos no se conocían, pero algunos detalles de su infancia eran increíblemente similares: las madres de ambos vieron sus vidas destruirse por culpa de la epidemia de crack que arrasó con Liberty City. Igual que McCraney, Jenkins fue criado entre precariedad y familias sustitutas, en su caso pasó la mayor parte del tiempo con una señora mayor a quien le decía abuela. Cuando Moonlight se estrenó, dijo a The Guardian: “Había siete u ocho personas en un departamento de dos habitaciones. Solía haber comida, pero en ocasiones no. La luz funcionaba, pero en ocasiones no”. 

Jenkins con el coescritor de Moonlight, Alvin McCraney, en los Oscars de 2017. Fotografía: Jason LaVeris/FilmMagic

Si Jenkins no estaba seguro de cómo enfrentar estos problemas en la pantalla, la obra de McCraney le dio una respuesta: una historia cercana a la suya, pero que no es la suya. El cuento dio otro giro cuando el director, batallando para conseguir financiamiento, recibió una invitación de último minuto para conducir una sesión de preguntas después de una proyección de 12 Years a Slave con su director, Steve McQueen, y coproductor, Brad Pitt. Al finalizar, cuando Pitt le preguntó de pasada en qué estaba trabajando, Jenkins aprovechó el momento para presentar la idea de Moonlight a la compañía de producción de Pitt, Plan B. 

La ruta inicial de Jenkins para salir de su traumatizante infancia en Liberty City era como jugador de futbol americano, en un equipo imbatible de preparatoria junto a siete futuros jugadores de la NFL. Esto le ayudó a conseguir una beca académica en Florida State University, donde eventualmente encontró su hogar en la escuela de cine. Él desestima su talento como atleta, pero hablando con él puedes echar un vistazo a exactamente el tipo de jugador que pudo ser: mucha energía, silencio, determinación irrepresiva, atravesando a rivales del doble de tamaño. 

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En retrospectiva, no está en desacuerdo con que tanto la suerte como la fortaleza jugaron partes iguales en su historia. Me pregunto, debido a la historia más profunda que se trata en la serie, si se ha conmovido para llenar más agujeros en su propio pasado familiar. 

Él dice que no, aunque ha coqueteado con la idea de perseguir su genealogía o de hacerse una prueba de ADN, no está seguro de qué tan lejos podría llegar. “Mi historia familiar es muy complicada”, reconoce. “No tengo idea de quién es mi ‘verdadero’ padre. Y mi madre fue, de cierta manera, una fugitiva. Tuvo una infancia muy dura en Carolina del Sur, y después emigró a Miami”. Mientras trabajaba en la serie, se dio cuenta por completo de que tales fracturas son un hilo en común en las vidas de The Underground Railroad. “Antes”, cuenta, “era una parte tan sistemática del proceso que si (una mujer esclavizada) daba a luz, le quitaban el niño al nacer”. 

Jamás he visto una representación de esa historia que deje claro con tanta fuerza la horrible verdad de que los bebés de mujeres esclavizadas eran considerados propiedad de los dueños de las plantaciones desde el momento del nacimiento. Ese hecho aparece junto a otras representaciones de la brutalidad absoluta del sistema. El primer episodio de la serie contiene algunas de las representaciones de los peores castigos y torturas, incluyendo una escena en la que un hombre, Bing Anthony, intenta escapar de la plantación, y lo cuelgan de las muñecas para azotarlo y quemarlo. 

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Jenkins afirma que se sorprendió con la magnitud hasta la que el recuento de la historia lo afectó. “No hay sangre ni fuego en el set”, dice. “Y aún así, estábamos en una plantación verdadera en Georgia. Y mientras filmábamos algunos de estos momentos, se colaba una sensación en el cuerpo por las cosas que sucedieron aquí. Cosas incluso peores. Había un componente ético al filmar esas escenas que normalmente no es parte del proceso”. 

Había una terapeuta de tiempo completo en el set, dispuesta a ayudar a cualquier miembro del elenco o el equipo que tuviera problemas para procesar los traumas representados. “Muchas personas hablaron con ella”, describe Jenkins. Antes de la peor escena, el actor que interpreta al psicópata dueño de una plantación, Terrence Randall, se detuvo y sacó su teléfono. “Dijo, ‘¿Les importa si hablo con mis hijos en Londres para darles las buenas noches? ¿Antes de iniciar con esto?’ Y el asistente de producción le respondió: ‘No, lo siento mucho, pero tenemos que avanzar’. Yo me levanté y le dije, ‘Déjalo hablar con los niños’. Para que pudiera reafirmar que es una buena persona y no esta otra”. 

Frecuentemente, declara, comenzaban preguntándose cuál era la versión menos voyeurística de una escena para la audiencia. Él solía pensar en algo que Jean-Luc Godard dijo mientras grababa una representación del Holocausto: el verdadero horror no se difundió en las cámaras de gas sino al mirar a los operadores volver a casa y sentarse en la mesa para preguntarle a sus hijos qué hicieron ese día. Por ejemplo, Jenkins se aseguró de que en ningún momento se viera cómo el látigo contacta la piel. “Con el sonido basta”. Él captura algunos de los peores horrores en las caras de los testigos de la tortura. Aún así, después de finalizar una escena con Big Anthony, dice: “Por primera vez en mi carrera simplemente salí del set sin avisarle a nadie a dónde iba”. Después de unos momentos para calmarse, volvió y todos siguieron trabajando. 

Le pregunto qué tan consciente estaba del escándalo diario del gobierno de Trump colándose en el set. 

“Como estábamos en el estado de Georgia, donde Trump ganó en las elecciones de 2016, había gorras rojas por todas partes, sabes. Era difícil de evitar. Tuvimos que cerrar por el Covid el 12 de marzo, y no volvimos para los últimos cuatro días de producción sino hasta finales de septiembre. Sucedieron muchas cosas en el mundo entre marzo y septiembre. Y volver a la producción durante esos cuatro días, volver al estado de Georgia, fue bastante intenso”. 

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Al ver esta series recuerdas que Jenkins no había nacido cuando se publicó y transmitió Roots de Alex Haley, un momento que parecía marcar el importante reconocimiento público de la historia estadounidense enterrada, con una audiencia de 130 millones. Debido a que esta serie aparece mientras los argumentos de Black Lives Matter siguen pareciendo urgentes (sin mencionar la impactante aparición de banderas confederadas y cuerdas anudadas durante los disturbios de enero en el edificio del capitolio), ¿cree que esta serie podría tener un efecto comparable?

Dice que su abuela tenía una antigua grabadora de VHS y que solo había dos opciones para ver: Roots o The Color Purple. “Tal vez”, se pregunta retóricamente, “porque hubo una audiencia tan grande para Roots, tal vez eso vuelve innecesario a esta serie”. No se tardó en responder a esta pregunta. “Sabes, tan solo el hecho de que Kanye West podía ir a TMZ en 2018, y decir que la esclavitud fue una elección, sin añadir contexto a tal declaración, más o menos me reafirma que es necesario contar estas historias”. 

El día que conversamos fue el día después del veredicto en el juicio del asesinato de George Floyd, donde encotraron al oficial de la policía Derek Chauvin culpable de todos los cargos. ¿Se sintió como un inusual momento de optimismo para Jenkins?

“Sabes”, admite, “en mis 41 años, que son relativamente pocos, aún siento que he visto tantas malditas cosas. Tal vez me pueda permitir tener optimismo. Pero, sabes, literalmente, mientras se leía el veredicto, un adolescente fue asesinado por la policía. Fue como, tan solo por un momento había esperanza, y cinco minutos después se extinguió. Tal vez podamos alterar o abolir los sistemas policiales que están tan incrustados, que tiene sus raíces en personas como el personaje Ridgeway (el cazador de esclavos en la serie). Es difícil ser optimistas. Aunque mi serie tiene un final feliz, o al menos eso creo yo”. 

Ese sentimiento del equilibro de la esperanza se consigue durante el esfuerzo de los 10 episodios. Sin embargo, él lo percibe “en la forma en que Colson hila la idea de ser padre durante todo el libro, hay niños por todas partes, y añadimos todavía más. En el corazón de esto está la figura casi dickensiana de Cora, quien cree que su madre la abandonó cuando era niña, pero después se embarca en un viaje que le ayuda a comprender los sacrificios que hizo su madre. En el camino, además del trauma recurrente, experimenta lo que Jenkins considera uno de “los mejores actos de paternidad colectiva” en la historia humana. “En todos los lugares a los que llegaban, las personas los protegían. Todo lo que hicieron mis ancestros fue al servicio de los niños”. 

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Le pregunto que, al narrar esa historia, ¿qué tan consciente estaba de añadir algunas de las emociones de su propia infancia?

“También me sentí abandonado por mi madre durante, tal vez, los primeros 24 años de mi vida. Y parte de eso era porque, igual que Cora, tenía una historia incompleta de lo que mi madre había vivido”. Fue hasta después que descubrió más sobre la historia de cómo su madre fue abusada sexualmente y se embarazó cuando era adolescente, pero aún así encontró trabajo como enfermera y crió otros tres hijos hasta que el crack se apoderó de ella. “Yo pensaba que nací y mi madre simplemente me abandonó porque sufría de una terrible adicción”, recuerda. “Nunca la culpé por ello. Pero si soy honesto, fue difícil no tener una sensación de abandono. Entonces al leer este libro, amo que Colson le permite amargarse a Cora, le permite enojarse, porque así es como se siente”. Dice que su trabajo como cineasta es mostrar el otro lado de esa historia, el panorama entero. 

Cuando lo hace, ¿reconoce que también se explica su propia niñez a sí mismo?

Sonríe. “No me di cuenta de que esta serie era sobre mi madre hasta que acabamos. No me di cuenta de que Moonlight era sobre mi madre hasta que acabamos, pensé que era sobre la mamá de Tarell. Y creo que eso es bueno porque de cualquier modo esas cosas ya abarcan una gran parte de ti. Tomaría mucho más si trabajas conscientemente en esto como ‘terapia personal’. Pero no puedo negar que cuando observo este trabajo, sabes, eso es lo que es”. 

Como cineasta, Jenkins ha dicho en un par de ocasiones que siempre hubo tres historias que quería contar. Una era hacer una historia muy personal sobre el lugar donde creció, fue Moonlight. Después quería adaptar a James Baldwin, entonces hizo If Beale Street Could Talk, y su tercera ambición era “hacer algo relacionado con la condición de la esclavitud en Estados Unidos”. ¿Siente que llegó a una especie de cierre al completar estos tres proyectos?

“Ciertamente creo que me estoy dirigiendo hacia una nueva fase de mi trabajo”, dice (está comprometido con proyectos futuros tan diversos como la nueva biografía del coreógrafo Alvin Ailey y una precuela al Rey León de Disney). “Pero, sabes, si me caigo muerto mañana, creo que estaré bien. Siempre sentí que tenía que usar el privilegio, la suerte de encontrarme con mi vocación, para contar estas tres historias”. Sonríe. “Si jamás vuelvo a hacer otra cosa, sentiré que mi viaje fue satisfactorio”. 

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The Underground Railroad estará disponible en Amazon Prime desde el 14 de mayo.

The Guardian
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