Los egos de los científicos son un obstáculo para el progreso, dice la pionera de la vacuna anticovid
Un mural que representa a la bioquímica húngara Katalin Karikó en la pared de un departamento en Budapest. Foto: Zoltán Balogh/EPA

Los científicos avanzarían más rápidamente en la solución de los problemas del mundo si aprendieran a dejar de lado sus egos y a colaborar mejor, dice la investigadora principal detrás de la vacuna Covid-19 de Pfizer/BioNTech.

La profesora Katalin Karikó, vicepresidenta senior de terapias de reemplazo de proteínas de ARN en BioNTech en Alemania, soportó décadas de escepticismo sobre su trabajo y fue degradada y finalmente expulsada de su laboratorio mientras desarrollaba la tecnología que hizo posible las vacunas de Pfizer y Moderna.

Las vacunas de Karikó ayudaron a desarrollar material genético llamado ARN mensajero que se introduce en las células para que puedan producir el pico de proteína del coronavirus y preparar el sistema inmunológico para combatir la enfermedad. Karikó recibió el premio Breakthrough en ciencias biológicas de 3 millones de dólares junto con su colega, el profesor Drew Weissman, de la Universidad de Pensilvania.

“Si tantas personas que se encuentran en un determinado campo se reunieran en una habitación y olvidaran sus nombres, sus egos, sus títulos y solo pensaran, se les ocurrirían tantas soluciones para tantas cosas, pero todos estos títulos y lo que sea se interponen en el camino”, comenta Katalin Karikó a The Guardian.

Katalin Karikó creció en Kisújszállás, a 150 km al este de Budapest. Foto: Csilla Cseke/EPA

“Siempre pensé: ¿a quién le importa? En 100 años nadie sabrá mi nombre. Pero los títulos, los ascensos, los hombres mayores, el poder, todo se interpone en el camino”, señala. No son exclusivamente los hombres los que dan prioridad al poder sobre el progreso, admite, sino que “han tenido más tiempo para practicar el ejercicio del poder“.

Durante el transcurso de la pandemia, las vacunas contra el Covid-19 han salvado cientos de miles de vidas. Las nuevas terapias basadas en ARN mensajero en desarrollo tienen como objetivo producir anticuerpos contra los virus directamente para que surja la protección de forma inmediata en lugar de tardar semanas en desarrollarse. La inmunidad durará menos en comparación con la que se obtiene de la vacuna, pero podría proteger a los médicos de los brotes de nuevas enfermedades emergentes. En última instancia, prevé que las personas tendrán congeladores de ARN mensajero en casa para ayudar a tratar heridas, quemaduras y otros padecimientos.

Katalin Karikó creció en Kisújszállás, a 150 km al este de Budapest. Su familia vivió en una habitación individual con techo de caña, sin suministro de agua, sin refrigerador ni televisión. Estudió mucho y a los 14 años quedó en tercer lugar en un concurso nacional de biología. Fue a la universidad en Hungría, obtuvo un posdoctorado y después vendió su carro en el mercado ilegal, cosió el dinero dentro del oso de peluche de su hija y trasladó a su familia a Estados Unidos.

Su primer puesto fue un posdoctorado en la Universidad de Temple en Filadelfia, que le ofreció 17 mil dólares al año para mantener a su familia. “Sé lo que es tener un presupuesto reducido y no gastar más de 30 dólares a la semana en alimentos para la familia. Ese era nuestro límite“, cuenta. Después de pelearse con su jefe, se cambió a la Universidad de Pensilvania.

Si bien las terapias de ARN mensajero suponían una clara promesa, el entusiasmo por el enfoque colapsó ante los múltiples fracasos. Un problema importante era que los ARN mensajero desencadenaban reacciones inmunes graves cuando se introducían en las células. En 1995, Karikó fue diagnosticada con cáncer y recuerda que en esa misma semana la universidad le dio un ultimátum: abandonar su trabajo de ARN mensajero o perder su prestigioso puesto en la facultad. Eligió la degradación, y un recorte salarial sustancial, para poder continuar con la investigación. Dos años después conoció a Weissman. Juntos descubrieron cómo introducir el ARN mensajero en las células sin provocar reacciones inmunes graves: el enfoque se convirtió en la base de las vacunas de Pfizer y Moderna.

“La gente ama odiar a las grandes farmacéuticas, pero estas personas son muy inteligentes”, afirma. “Cuando me cambié de la academia a una empresa, no les importa en cuántos comités estás, cuántos artículos tienes. Lo que importa es que tienes un producto que tiene efecto. El ego desaparece. Es mucho mejor“.

Katalin Karikó menciona que se mantuvo optimista a través de los altibajos de su carrera al buscar los aspectos positivos en cada situación.

“Tienes que enfocarte en lo que puedes hacer. Mucha gente se distrae y dice: ‘oh, él trabaja menos’, o ‘lo ascendieron’, o ‘tiene más dinero’, e inmediatamente dejan de ver lo que es importante. Se enfocan en cosas que no pueden cambiar. Trabajas porque quieres realizar lo mejor que puedes hacer. Si piensas, ‘oh, quiero complacer a mi jefe’, o a alguien, existen reacciones que no puedes controlar, y eso es todo, ahora te sientes decepcionado”.

Si te despiden de tu trabajo, no entras en pánico, crees que tendrás una nueva oportunidad. Todo tiene un lado positivo, tienes que identificarlo”.

Su parte del premio Breakthrough significa que está 1.5 millones de dólares mejor que antes. Aunque se sentía complacida, no fue lo más importante de su año, señala. Este mes, el personal y los residentes de un centro de atención residencial en Nueva York se vacunaron con la vacuna de Pfizer y declararon el 2 de septiembre como el día de agradecimiento a Katalin Karikó. Una semana después, el centro experimentó un brote de Covid-19. Setenta personas dieron positivo pero nadie murió.

“Se sintieron tan felices. Gracias a la vacuna, todavía están aquí. Para mí, ningún premio, ningún dinero que puedas poner en mi mano, podría valer más que eso.