Querétaro: donde todo comenzó
La ciudad de Querétaro ha sido fundamental en la historia. Foto: José Arrieta

Hay ciudades que están más allá de las palabras, de lo que se pueda contar de ellas, porque su historia y su belleza escapan de lo contable e invitan a vivirlas para descubrirlas a cabalidad. Una de ellas es Querétaro.

Fundada cuando, en el fragor de una batalla entre el conquistador español y los fieros purépechas, se apareció el mismísimo Santiago Apóstol en la cima de un cerro, Querétaro fue en su tiempo una de las ciudades más ricas de la Nueva España. Así lo demuestran la gran cantidad de edificios que recuerdan, con su grandeza, dicha época.

Desde la fuente de Neptuno, a escasas cuadras del corazón de la capital queretana, iniciaba el llamado Camino de Tierra Adentro: un sendero que pasaba por los ricos asentamientos mineros de Zacatecas y Chihuahua, además de ser la puerta de entrada de lo que se conoce como el granero de México, la rica región del Bajío.

Una de sus construcciones icónicas, el acueducto, es una de las obras de ingeniería más importantes del Virreinato, y estuvo a cargo de Juan Antonio Urrutia, marqués de Villar del Águila, quien es recordado en la ciudad como uno de los máximos benefactores de la localidad.

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Foto: José Arrieta

Los grandes edificios de piedra maciza recuerdan. Y entre sus muros, de caliza o de cantera, la historia se detiene. Hay que dedicarle un tiempo a visitar el Museo Casa de la Marquesa, una residencia de 1756 que te permitirá conocer el contexto en el que, años después, se desarrollaría la gesta independentista.

La Casa de los Conspiradores es la residencia de los corregidores de Querétaro, donde puedes conocer cómo eran los círculos de lectura organizados por Josefa Ortíz de Domínguez, su época y motivaciones. Además, puedes caminar por las calles empedradas que convergen hacia las distintas plazas que, bajo la luz ámbar de la ciudad, parecen de otro tiempo.

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Foto: José Arrieta

Otra parte importante de Querétaro es su función como centro religioso. Desde el monasterio de la Santa Cruz partió el misionero Junípero Serra, quien evangelizó el norte del país y fue responsable de construir misiones en la Baja y Alta California.

Sin embargo no es el único. El bello convento de Santa Rosa de Viterbo, con sus techos ricamente decorados, o el convento de San Francisco, la primera construcción europea en la ciudad, son monumentos a un tiempo que se mantiene fresco en todo momento.