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Género

Víctimas silenciosas: las rumanas invisibles del tráfico sexual del Reino Unido

Los traficantes sexuales pueden ganar hasta un millón de libras al año por burdel. Los confinamientos por el Covid solo les han facilitado su operación.

La especialista en apoyo a las víctimas de la trata, Cristina Huddleston, dice que a menudo las mujeres viajan al Reino Unido sabiendo que van a trabajar en la prostitución, pero creen que solo tendrán que hacerlo durante seis meses. Fotografía: Hazel Thompson/The Guardian

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Annie Kelly y Hazel Thompson/The Guardian

Hace tres semanas, la policía entró a un burdel en el sureste de Inglaterra después de recibir datos de inteligencia sobre actividad criminal ahí. Adentro encontraron a ocho mujeres rumanas usando caretas y mascarillas, y hojas plastificadas sobre medidas de seguridad para el Covid-19 en la pared. Una botella tamaño industrial de sanitizante para manos estaba por la puerta frontal. 

“En la superficie, este no parecía un lugar en el que hubiera actividad criminal ni explotación sexual”, dice Cristina Huddleston, una especialista en apoyo a víctimas de trata que se unió a la redada esa tarde. 

En cambio, la investigación policial descubrió que el burdel y las mujeres estaban bajo el control de un grupo criminal, que también manejaba al menos otros tres locales en donde se explotaban a mujeres rumanas. Se estima que solo uno de estos burdeles les generaría un millón de libras en ganancias cada año. 

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De acuerdo a las estadísticas de esclavitud moderna en el Reino Unido, el número de víctimas de trafico sexual que se identificaron cayó drásticamente en los primeros meses del confinamiento. Aún así los expertos en la primera línea dicen que el negocio ha estado como siempre para los grupos criminales quienes lucran con la explotación de miles de mujeres y niñas en todo el Reino Unido. 

La mayoría del trabajo sexual en el Reino Unido es independiente y consensuado, pero cuando se trata de la criminalidad hay un modelo de negocio ágil y extraordinariamente eficiente que ha hecho del Reino Unido un destino principal para los traficantes y proxenetas que traen mujeres de Europa oriental, particularmente de Rumania”, le dijo Huddleston a The Guardian.

“La cantidad de dinero que se hace con la explotación sexual es fuera de este mundo, además de las drogas y las armas de fuego, el fraude de identidad y el lavado de dinero que viene con esto”. 

Huddleston, como la cabeza de las operaciones europeas de la organización benéfica antitráfico Justice and Care, maneja una red de navegadores de víctimas que asisten a la policía en la identificación de víctimas de explotación sexual. Ella dice que a pesar del confinamiento el equipo está trabajando a toda su capacidad.

Una ventaja de las restricciones por el coronavirus ha sido la disminución de crímenes como robo, lo que le da a la policía más tiempo de enfocarse en crímenes más graves.

“Pero por un lado esto solo significa que tenemos que hacer más modelación e investigación, y que la magnitud de lo que nos enfrentamos se ha hecho más aparente”, dice Huddleston. 

Operaciones de salvación

El Ejército de Salvación, que maneja servicios de apoyo para víctimas de trata, ha expresado su preocupación por la caída de 53% de los registros de febrero a abril de este año en el Mecanismo Nacional de Registros (NRM), el marco que identifica a las víctimas de esclavitud moderna. 

“Ciertamente no significa que hubo menos explotación, solo se hizo menos visible”, dice Emilie Martin, la jefa de operaciones de la organización benéfica. 

El detective Colin Ward, de la unidad de esclavitud moderna de la policía de Manchester dice que el confinamiento ha hecho que identificar a las mujeres que podrían ser víctimas de explotación sea más difícil. “Durante el confinamiento, los servicios de extensión se recortaron, las clínicas médicas cerraron, la gente no estaba en la calle para ver lugares en los que podrían suceder actividades sospechosas”. 

La información del Ejército de Salvación tampoco refleja lo que los trabajadores de la primera línea como Huddleston y Ward encuentran cuando investigan casos de criminalidad en la industria del sexo en el Reino Unido. 

De acuerdo al Ejército de Salvación, solo 18 mujeres rumanas tomaron sus servicios de apoyo el año pasado, comparadas con más de 416 albanesas, 78 chinas, 48 nigerianas y 46 británicas. 

“Las estadísticas de esclavitud no pintan una imagen precisa del tráfico sexual en el Reino Unido”, dice Huddleston. “He trabajado con más de 600 víctimas de 24 nacionalidades diferentes pero la gran mayoría de mujeres que encontramos en burdeles vinculados al crimen organizado y explotación sexual son rumanas. Aún así las mujeres rumanas dudan en acudir a la policía y las que eventualmente reportan que fueron explotadas pocas veces aceptan ir al NRM así que nunca son contadas como víctimas”. 

En 2018, una investigación parlamentaria sobre la explotación sexual concluyó que las mujeres rumanas se traficaban a escalas industriales en el Reino Unido. 

La policía de Leicester reportó que en los 156 burdeles que investigaron entre 2016 y 2018, el 86% de las mujeres en ellos eran rumanas. 

En Northumberland, la policía visitó 81 burdeles en un periodo similar. Más de la mitad estaban vinculados con grupos de crimen organizado que operaban en múltiples direcciones y el 75% de las mujeres encontradas eran rumanas. La policía de Nottingham encontró un grupo involucrado en la distribución de mujeres a 10 locales diferentes. 

“La gran mayoría de las mujeres que encontramos cuando investigamos un local potencialmente ligado a tráfico sexual son rumanas”, dice Ward. “Las mujeres rumanas actualmente tienen el derecho a trabajar aquí, así que sin una víctima que dé un paso al frente es más difícil para nosotros ayudarlas. Necesitan trabajar para ganar dinero, y es difícil salir de los métodos de control y coerción bajo los que están”. 

A principios de este año, un reporte sobre grupos rumanos de traficantes de personas de Radu Nicolae, un académico rumano en el Centro Syene por la Educación, usó entrevistas con más de 20 traficantes rumanos convictos para desenredar el modelo financiero que se usa para controlar y luego beneficiarse de la explotación sexual. 

Se estima que en el Reino Unido, cada mujer bajo el control de un tercero podría ganar entre 500 y 700 libras al día para su traficante a través de múltiples clientes. Los traficantes que operaron en el Reino Unido le dijeron a los investigadores que ganaban al menos 12,500 libras por víctima cada mes, o 135,000 al año.

Un modelo de negocio despiadado

En el reporte, los traficantes delimitan su despiadado y eficiente modelo de negocio jerárquico, cada uno con un papel específico para conseguir mujeres para trabajo sexual en el Reino Unido, España, Italia, España y Alemania. 

Hasta abajo están los hábiles reclutadores locales que operan en zonas pobres y rurales en Rumania, les pagan 450 libras por cada mujer que reclutan, pueden pasar meses preparando de 10 a 20 mujeres al mismo tiempo. 

“La mayoría de las mujeres que buscan son muy vulnerables, con orígenes de extrema pobreza, con un historial de abuso sexual o violencia doméstica que, a través de la estrategia de ‘novio’ que usan los reclutadores les hacen creer que están en una relación genuina”, dice Laetitia Gotte, la presidenta de Asociatia Free, la organización rumana que da apoyo a las víctimas de trata. 

“El objetivo final es que la mujer acepte dejar su hogar y salir del país para ganar dinero. Esto hace ver ingenuas a las mujeres pero si no has experimentado la vida que tienen estas mujeres no puedes entender las opciones y decisiones a las que se tienen que enfrentar”. 

Una sobreviviente rumana, que quiso mantener su anonimato, le dijo al Guardian cómo fue reclutada y traficada para trabajar en el Reino Unido. 

“Primero fui a otro país europeo y estuvo bien, tenía un contrato y un trabajo real”, dice. “Mi objetivo era ganar dinero para ayudar a mi hija al trabajar de la misma manera en el Reino Unido pero cuando llegué no fue lo que esperaba. El hombre que me trajo me forzó quedarme y hacer trabajo sexual que yo no quería hacer”. 

Huddleston dice que el 90% de las mujeres con las que trabaja son reclutadas a través del modelo de “novio” pero terminan siendo vendidas a grandes operaciones criminales. 

“En términos de la escala del crimen organizado, en el 87% de los casos de trata aquí en el Reino Unido vemos operaciones de muchas mujeres controladas por más de dos personas”, ella dice. 

“Muchas veces las mujeres viajan hacia acá en vuelos baratos, saben que van a trabajar en prostitución, pero creen que solo lo harán por seis meses, que se quedarán con todo el dinero y que podrán elegir con cuantos clientes se acuestan cada día”. 

En cambio, cuando llegan al Reino Unido se les somete a violencia física y sexual y les dicen que tienen que pagar los costos de sus vuelos y transportes además de la ropa, cosméticos, renta, comida. Les dan pequeñas cantidades de dinero para mandar a sus familias, suficiente para incentivarlas a seguir en el trabajo. 

“A veces vemos mujeres que fueron forzadas a tener cirugía cosméticas y la tienen que pagar. Las deudas nunca se saldan”, dice Huddleston. 

Las mujeres que se encuentran en situaciones de explotación rara vez le reportan su situación a la policía, dice Elizabeth Flint, una consultora antitrata que trabaja directamente con las víctimas en el Reino Unido. 

“Hay un malentendido sobre la naturaleza del control psicológico y emocional que se puede ejercer sobre la gente en esta situación”, ella dice. 

“Los sobrevivientes con los que he trabajado eran libres de ir y venir, tenían teléfonos o les daban un poco de dinero, el suficiente para mandarle a sus familias y seguir trabajando. También los mantienen bajo control por la amenaza real  o percibida de violencia, chantaje emocional, miedo a las autoridades y vergüenza”. 

Ward dice que las actitudes, entrenamiento y reconocimiento de la policía sobre lo que constituye la explotación sexual han mejorado dramáticamente, aún así las autoridades se enfrentan a una tarea imposible. 

“Hace una década sabíamos que los burdeles y los salones de masajes estaban en Gran Manchester. Ahora todo se hace en línea y nos es imposible encontrar todos los lugares en donde sucede la trata”, Ward dice. “Estamos mejorando en meternos en este mundo pero las condiciones le facilitan todo a los traficantes. No estamos señalando a trabajadoras sexuales pero necesitamos más recursos para interrumpir estas operaciones criminales. Lo que vemos ahora es solo una gota en el océano”. 

Mientras las medidas del confinamiento se relajan, la urgencia de romper la cadena que jala a las mujeres hacia la explotación en el Reino Unido crece. 

Una mañana de la semana pasada, Huddleston estuvo en el aeropuerto de Londres con uno de sus navegadores de víctimas y un equipo de agentes fronterizos y oficiales de la policía de Essex, tratando de identificar a mujeres que podrían estar en tránsito hacia una vida de explotación en el Reino Unido. Ellos estaban en la búsqueda de mujeres que viajaban solas, con muy poco equipaje, que parecieran nerviosas o que no hablaran nada de inglés. 

“Algunas mujeres tenían respuestas ensayadas para nuestras preguntas o decían que alguien las recogería pero eran incapaces de dar una descripción ”, dice Huddleston. En el curso de la mañana, los navegadores hablaron con pasajeras que podrían estar en riesgo. Una, una mujer joven con equipaje de mano, llegó sola en un vuelo desde Turquía y dijo que estaba ahí para quedarse en un hotel e ir de compras. “Ella no se percató de que todo estaba cerrado”, dice Huddleston. “La parte más difícil de este trabajo es que solo tenemos pocos minutos para hacerlo bien. Cuando una mujer pasa a través de seguridad y se sube en un auto significa que la perdimos. Probablemente nunca la veremos otra vez”.

Traducido por Graciela González.

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The Guardian
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