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La-Lista de: los países pioneros de un futuro verde

De España a Corea del Sur hay varias historias de éxito global en la búsqueda de la neutralidad en carbono de los países verdes.

Inversiones españolas en parques éolicos ponen al país como líder en la industria de las energías verdes. Foto. EFE

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Jonathan Watts/The Guardian

Mientras el mundo aguarda para ver si el presidente electo de EU, Joe Biden, cumple con su promesa electoral de un Nuevo Acuerdo Verde de 2 billones de dólares, otros países se fijan metas para ser neutros en carbono y promueven enormes programas para reducir sus emisiones, crear empleos y reducir los precios de los energéticos.  Aquí está La-Lista de algunos líderes regionales.

Europa: España

Bajo la coalición de su primer ministro, el socialista Pedro Sánchez, España apretó el paso este año y se aleja de los combustibles fósiles para ser uno de los países europeos que lideran el rubro.

La semana pasada, el gobierno fue el más reciente en anunciar planes para ser neutro en carbono en 2050 y gestiona uno de los cambios más rápidos para alejarse del carbono que se hayan visto en el mundo.

Los próximos tres años, España tiene comprometidos 27 mil millones de euros en gasto de energías verdes, un adelanto de los 750 mil euros que dice es necesario invertir para financiar su alejamiento de los combustibles fósiles. En 2050 la estrategia de descarbonización apunta a una reducción de 90% en emisiones, la reforestación de 20 mol hectáreas y la recuperación de 50 mil hectáreas de humedales. En tanto, la energía renovable crecerá de un 20% a 97% del mix energético.

Ya hay obras en adelanto. En mayo, el gabinete aprobó el borrador de una iniciativa sobre el cambio climático que contiene metas más ambiciosas que los de la Unión Europea actualmente en renovables y eficiencia energética. La iniciativa prohibiría nuevos proyectos de extracción de carbón, petróleo y gas, así como subsidios directos a los combustibles fósiles.

Ente 2020 y 2021, España estará cerrando 69% de sus plantas de electricidad a base de carbón, un ritmo que no se había visto en ningún otro lugar del mundo. El año pasado, España instaló más parques eólicos tierra adentro que cualquier otro país europeo.

Lejos de provocar sangrías en el empleo o la economía, el gobierno español dice que su plan de descarbonización incrementará la fuerza laboral en 1.6%. Sin embargo, el país tiene que convencer a los inversionistas de que su marco legal es más estable esta vez que durante la burbuja del “parque solar” que siguió a las promesas de subsidios en 2017. Cuando éstos se prohibieron, se deterioró la confianza en el sector y se perdieron muchos empleos.

La ministra de transición energética, Teresa Ribera, predice que el país superará las metas de 2030 que fijó la Comisión Europea y prometió que empujará políticas más ambiciosas en España y en Europa.

Esto es parte de una mayor tendencia. Este año en Europa, las renovables han generado más electricidad que el carbón por primera vez en la historia. La presidenta de la  Comisión Europea, Úrsula von der Leyén, dice que quiere que Europa sea el primer continente neutro en carbón. La comisión calcula una inversión de al menos 1 trillón de dólares para esa meta. Este mes, el Parlamento Europeo aprobó la neutralidad climática hacia 2050 y recortes de 60% en las emisiones para 2030 (en comparación con los niveles de 1990). También se han visto progresos en países como Dinamarca, Alemania, Francia y (fuera de la Unión Europea) Gran Bretaña.

Corea del Sur se ha convertido en campeón verde con sus inversiones multimillonarias en energías limpias. Foto: HeungSoon/Pixabay.com

Asia: Corea del Sur

A cuatro años de que la nombrara la mayor villana del carbón, Corea del Sur es uno de los héroes verdes con un Nuevo Acuerdo Verde de 61 mil millones y un compromiso de ser neutra en carbón a 2050.

El presidente Moon Jae-in avanza en eliminar la dependencia de Corea del Sur por el carbón y ha creado empleos verdes como lo prometió su partido en la exitosa elección de abril a la Asamblea Nacional.

Para 2025, el Nuevo Acuerdo Verde deberá generar la construcción de 230,000 edificios eficientes en el ahorro de energía, 1.13 millones de autos eléctricos y a base de hidrógeno, y un incremento en la capacidad de enrgías renovables, de 12.7 GW a 42,7 GW.

También habrá dinero para mejorar la vivienda en renta y escuelas, llegar a un consumo de cero-energía, y expandir las áreas verdes en las ciudades. Para mejorar la eficiencia energética, se instalarán medidores inteligentes en 5 millones de departamentos adicionales y se darán incentivos a las comunidades para conectarse a redes abastecidas con energía baja en carbón.

El plan tiene como objetivo apoyar a los conglomerados industriales coreanos afectados por la pandemia. Hyundai, Kia, Samsung y EM Korea figuran entre los primeros beneficiarios en este rubro de planes de construir 45 mil nuevas conexiones de carga para autos eléctricos y 450 unidades de recarga de hidrógeno.

Un punto en contra del optimismo es la vieja historia de Corea del Sur en sus altas emisiones y falsas esperanzas. La última vez que el país prometió un “crecimiento verde” (tras la crisis de 2008-2009), se provocó una desastrosa política ambiental de más riberas de río de concreto y un alza en las emisiones.  Actualmente, el carbón es la fuente de 40 por ciento de la electricidad de Corea y se están construyendo siete nuevas plantas de energía a carbón. En 2016, los activistas calificaron a Corea del Sur como el mayor villano del carbón.

Una nueva generación de activistas creen que Corea del Sur le ha dado vuelta a esa página. Quieren ver que un alto al financiamiento desde el exterior al carbón y una fuerte meta a 2030 para reducir las emisiones del país.

Les alienta una serie de señales en la carrera climática al liderato en el este de Asia, en donde más bien se ha visto lo opuesto. China y Japón son también usuarios intensivos de carbón y financian este combustible. Sin embargo, ambos países se comprometieron este año a la neutralidad en carbón.

Uruguay lidera a América Latina en reconversión energética por encima del nivel de muchos países europeos. Foto Ieamais/Pixabay.com

América Latina: Uruguay

El año pasado, Uruguay se ubicó en cuarto lugar mundial en proporción al rango de electricidad que le abastece entre solar y eólica. La Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), reportó que la participación de 36 por ciento de las energías verdes en el país apenas iba detrás de Dinamarca (50 por ciento), Lituania (41 por ciento) y Luxemburgo (37 por ciento). Si se suma la energía hidráulica, Uruguay brinca por encima de todos con 97 por ciento.

Todo esto representa una transición espectacular. Hace 20 años, este país sudamericano quemaba petróleo para producir casi un tercio de su electricidad y tenía que importar el insumo desde Argentina. El cambio se dio entre 2008 y 2015 bajo las presidencias de Tabaré Vázquez y José Mujica, quienes querían reducir los costos y que la energía fuera más barata.

El secreto fue un estado productivo más que uno con dispendios. El gobierno animó a los inversionistas con ofertas de tarifas fijas y políticas públicas estables. Mías de 7 mil millones de dólares se inyectaron al sector, con lo que Uruguay redujo sus emisiones en 20 por ciento. Asimismo, ha habido menos sequías porque la red eléctrica depende menos de la energía hidráulica.

Asad Rehman, co-organizador de la Campaña Global por un New Deal, dijo que el éxito de la transición de Uruguay refleja un balance ideal de prioridades sociales y climáticas. “No sólo e trata del carbón, sino de recortar los precios de los combustibles y derrotar la pobreza energética. La justicia social es un imperativo”.

El panorama es mixto en otras regiones de América del Sur y Centroamérica. Costa Rica ha ganado el reconocimiento internacional por generar casi toda su energía con renovables, sobre todo por geotermia y energía hidráulica. La última también provee la mayor parte de la energía en Brasil y Paraguay, aunque a menudo a costa de un impacto devastador en los ecosistemas y la vida salvaje.

La capital de Kenia, Nairobi. El país africano obtiene 93% de su mix energético de renovables. Foto: Nina Stock/Pixabay.com

África: Kenia

Las renovables proveen ya más de 93 por ciento de la electricidad de Kenia y el gobierno planea expandir más ese rubro para que todos en el país tengan acceso ya sea a la red nacional o a parques comunitarios de energía solar para 2022.

La huella de carbono de este país de 47 millones es pequeña comparada con otras naciones ricas del hemisferio boreal, así que las consideraciones para una transición energética son más económicas que climáticas. Las energías solar, eólica, hidráulica y geotérmica son cada vez más accesibles y más prácticas que los combustibles fósiles. El mayor reto es garantizar las inversiones iniciales.

El país tiene recursos renovables en abundancia para utilizar, lo que ha llevado a muchos expertos a decir que tiene el potencial de superar el desarrollo económico que ofrecen los combustibles fósiles. En octubre, el Banco Africano de Desarrollo anunció la terminación de una planta geotérmica de 105 MWe en el Valle del Rift, con lo cual se consolidó el liderazgo de Kenia en el continente en la producción de energía de esta fuente, la cual ha crecido más de cuatro veces los últimos cuatro años.

Kenia también alberga la mayor planta de generación de energía solar de África; Garissa Plant, de más de 200 mil paneles fotovoltaicos, financiada por China con 128.5 millones de dólares que absorbe energía del sol cada día. En muchas áreas remotas, los pequeños pueblos están muy alejados de la red y sólo generan electricidad con unas docenas de paneles en sus techos.

Algunos de los más de 200,000 paneles fotovoltaicos de Garissa Plant. Foto: cortesía.

Estos desarrollos, así como con el extenso uso de la energía eólica y la hidráulica, han elevado la penetración de población con acceso a energía, de 63 por ciento en 2017 a 75 por ciento actualmente.

Haymi Bahai, autor en jefe del reporte del mercado de renovables de la IEA, dijo que Kenia, junto otras naciones africanas, como Ruanda y Nigeria, “tienen oportunidad de dar saltos cuánticos” para superar los sistemas de combustibles fósiles si pueden atraer más inversión privada. Eso antes significaba subsidios, pero Bahar dice que ya no es el caso. Basta con buenas regulaciones y políticas públicas.

“Las renovables son cada vez más baratas y accesibles. África tiene el potencial y la disposición”, dijo. “Las renovables no necesitan más subsidios. Lo único que necesitan son flujos a largo plazo de ingresos, algo que determinan las políticas transparentes”.

Este texto se publicó en The Guardian y lo tradujo Graciela González. Consulta el artículo original haciendo click en el logo:

The Guardian
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