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Sin horarios, estrés y ansiedad: El impacto del Covid-19 en la salud mental de los maestros

El encierro y la sobrecarga de trabajo provocaron que los docentes aumentaran su nivel de estrés, enojo y preocupación.

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Aura Flores ha sido profesora de primaria desde hace 30 años y nunca había sentido la necesidad de abandonar su trabajo. Esa sensación la tuvo apenas el año pasado tras el Covid-19, cuando todas sus actividades se trasladaron al mundo virtual.

En ese momento, los límites desaparecieron para Aura. Su casa se convirtió en el salón de clases, su vida privada se mezcló con la laboral y su jornada de trabajo de ocho horas se extendió prácticamente a todo el día.

Las llamadas de los padres de familia los fines de semana, las juntas con los directivos escolares a las 11 de la noche, los mensajes de los alumnos lanzando dudas a toda hora, la preocupación de no tener el equipo necesario para impartir clases y el tiempo extra para planear las lecciones virtuales la hicieron pensar en tirar la toalla.

Llegó un momento en el que había mucha tensión, había enojo por mi parte y descontento, el trabajo ya no lo veía de forma agradable, era una carga insostenible”, relata Aura.

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El 20 de marzo de 2020, la Secretaría de Educación Pública (SEP) suspendió las clases presenciales por la pandemia de coronavirus y el pasado 19 de abril se reanudaron solo en el estado de Campeche. En ese lapso, los profesores enfrentaron obstáculos para continuar con sus labores desde casa, pero también su salud mental y emocional se vio afectada por las condiciones de trabajo.

“Después de los doctores, los maestros son los que más estrés laboral están teniendo, ya de por sí sus actividades normales tenían un alto grado de estrés y cansancio, pero el Covid-19 vino a agravar la situación, ahora enfrentan ansiedad, depresión y trastornos del sueño”, explica Rocío Ibarra Ordoñez, maestra en psicología clínica y coordinadora de la Línea de Ayuda Emocional de la Universidad Iberoamericana.

Desde hace un año, Aura ha enfrentado situaciones que la fueron agotando, por ejemplo, los primeros dos meses de la pandemia tuvo que preparar e impartir sus clases desde un café internet porque no tenía un equipo de cómputo propio. Ahí pasaba varias horas, la gente escuchaba lo que decía y la observaban, por lo que comenzó a ahorrar para comprarse una tablet y así volver a su casa.

La convivencia con su familia fue otro aspecto afectado: por el exceso de trabajo no podía platicar con su hijo y cuando por fin lo podía hacer, estaba de mal humor. “Fue un momento muy difícil, todo el mundo me quería llamar y yo me sentía de malas, angustiada e, incluso, acosada. Me preguntaba en qué momento iba a tomar un descanso, tuve que organizarme y poner horarios, límites para atender a los alumnos, de lo contrario no hubiera podido continuar y me hubiera enfermado”, dice la maestra de la Ciudad de México.

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Anabel de la Rosa Gómez, doctora en Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), resalta la relevancia de imponer límites para que los maestros cuiden su salud.

“Lo que debemos trabajar con los profesores es el asunto de poner límites en sus tiempos, espacios y formas de comunicación. Los profesores deben decir ‘hasta aquí funjo como docente y como mentor, hasta aquí es donde yo puedo intervenir con el alumno y lo puedo atender’, y que los estudiantes entiendan que no hay una disponibilidad del 100% de sus maestros”, opina la investigadora de la UNAM.

Una encuesta reciente de la Universidad Iberoamericana titulada Un análisis desde lo pedagógico, psicológico y tecnológico: Básica y Media Superior revela las afectaciones que los profesores han tenido durante la emergencia sanitaria. Los investigadores consultaron a 55,247 profesores de primaria y secundaria, así como a 16,598 docentes de bachillerato. Los resultados muestran que el 30% de los maestros de educación básica requieren una atención prioritaria por el estrés y la ansiedad que enfrentaron en el último año, mientras el 37% de los docentes de educación media superior necesitan la misma atención.

Frente a este panorama, Aura dice sentirse abandonada por la SEP, dependencia que no le proporcionó herramientas para realizar su labor y tampoco le ofreció ayuda profesional para lidiar con sus problemas personales derivados de las clases en línea. “El apoyo para nosotros ha faltado muchísimo, apoyo emocional y de herramientas, no se nos ha ofrecido nada”. 

Distanciamiento social, un problema

La escuela no solo es un espacio donde las personas aprenden, también es un lugar donde se establecen relaciones sociales que contribuyen a tener una vida sana. Esto incluye a los profesores, quienes conviven entre ellos y con sus alumnos en distintos momentos del día.

José Francisco Arenas, maestro de secundaria y bachillerato en el Estado de México, dice extrañar las pláticas con sus alumnos más allá de los salones de clase, cuando los podía aconsejar sobre alguna problemática que tuvieran.

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El profesor también se refiere a los momentos donde encontraba a sus colegas en los pasillos de la escuela o iba a comer con ellos para conversar sobre el desempeño de los estudiantes o las dinámicas educativas.

“He tratado de mantener comunicación con mis compañeros a través del WhatsApp, pero no es lo mismo que echarse una comida, ahí la convivencia es mejor y más amena por los chascarrillos, las pláticas de los temas de la escuela”, cuenta José Francisco.

Al respecto, Rocío Ibarra, psicóloga de la Universidad Iberoamericana, alerta que el distanciamiento social es un factor que contribuye al sentimiento de soledad y, cuando esta sensación se exacerba, debe ser atendida de manera profesional.

“Esta es la parte más triste y dura, es lo que ha llevado a la gente a sentir una profunda soledad. Nosotros somos seres sociales, esa rutina de pararte por un café con el de la oficina de junto era un momento de desconectarte, había descanso, dieta, diversión, era un momento para ti y para compartirlo con otro”, afirma la experta.

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Al igual que otros maestros, José Francisco ha enfrentado una sobrecarga de trabajo porque los alumnos entregan sus tareas a destiempo, los padres de los jóvenes le hablan por teléfono y debe tomarse más tiempo para preparar sus clases en modo virtual. 

A nivel personal, el profesor lamenta que su rutina diaria se ha vuelto monótona porque sigue tomando las medidas de prevención contra el Covid-19. Además siente temor de que el estrés derivado de su trabajo pueda afectar la relación con su familia.

Por todo esto, José Francisco considera necesario que las clases presenciales regresen, aunque con todas las medidas de prevención ante el coronavirus. Lo mismo opina la investigadora de la UNAM Anabel de la Rosa.

El regreso a las actividades presenciales debe ser muy cuidadoso y planeado por el bien de todos, es importante que regresemos por nuestra propia salud mental. Esto debe ser paulatino porque sigue habiendo temor por el hecho de que pueda haber un nuevo brote de contagios”, indica De la Rosa.

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