‘Bájate del carro y deja las llaves pegadas’: la amarga experiencia de un culichi en el segundo ‘jueves negro’
Foto: EFE

“Estoy bien, no como quisiera”, responde el señor Ramiro. Con 62 años, una vida completa vivida en Culiacán, Ramiro reconoce que, con todo y narcotráfico, hasta hace algunos lustros todavía podía decirse orgulloso de ser culichi. Luego de este 5 de enero ya no.

“¿En qué podría sentirme orgulloso ser de aquí? ¿Cómo te vas a sentir orgulloso de personajes que lo único que hacen es envenenar a toda una sociedad y acabar…? ¿Cómo andan los punteritos hermano? Los puros huesitos…”, se lamenta con coraje. Hace unas horas a este culichi -como se llama a los habitantes de la capital de Sinaloa- lo despojaron de su automóvil mientras iba hacia un trabajo.

“Iba a una chamba en la Toledo que tenía agendada. Yo pensé que no estaba tan conflictivo el asunto, pero bajando de mi casa me atoraron ahí unos lacras en el bulevar, ahí en el puro tope”, recuerda.

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Este jueves 5 de enero Culiacán y, gran parte de Sinaloa, sufrió lo que rápidamente fue bautizado como un segundo “Jueves Negro“. Por ironías del destino, el operativo con más de seis meses de trabajo de inteligencia de respaldo se llevó a cabo también un día jueves, como el 17 de octubre del 2019.

En aquella ocasión el resultado fue un “operativo fallido2 al ordenarse, por el entonces entrante presidente Andrés Manuel López Obrador, la liberación de Ovidio Guzmán, hijo del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, con el fin de proteger la vida de las personas.  

Tres años después, con Ovidio Guzmán detenido en el penal del Altiplano, el gobierno federal pretende anotarse una victoria contra el crimen organizado, esto mientras poco más de un millón de culichis, y otros tantos de ciudades como Los Mochis, Guasave, Escuinapa o Mazatlán, siguen en una incertidumbre alimentada por el vacío de información oficial y las dudas sobre a qué Culiacán y Sinaloa se enfrentarán el día de mañana.

Por lo pronto, el jueves cierra con el reporte oficial del gobernador Rubén Rocha Moya de 29 personas lesionadas y el fallecimiento de un elemento policial, así como el despojo de 250 vehículos a nivel estatal. El de Ramiro fue tan solo uno de ellos.

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“Bájate del carro y deja las llaves pegadas”, le ordenó uno de los jóvenes. “Que se vaya para allá”, le dijo otro que, para apurarlo, lanzó un par de disparos al aire.

“Este vato saca la pistola y ¡pum! ¡pum! Tira unos chingadazos. “¡Ah padre santo! -dije yo- disparó el sujeto”, narra Ramiro.

A los pocos minutos, suficientes para resguardarse en una casa cercana y reportar el despojo al 911, un conocido de la zona le avisó que estaban impactando su auto contra la puerta de una tienda cercana. “Se me fue la sangre no sé a dónde, pero ahorita que miré el video no es ese carro”, cuenta aliviado, a pesar de que no tiene ninguna certeza de volver a tener su auto en su poder.

“Cuando todavía estaba ahí, venían puchando un carro que ‘por x o por y’, estaba bloqueado para que no encendiera. ¿Sabes que hicieron? Lo quemaron. Se me enchinó la piel porque pensé yo: “¿le va a pasar esto a mi carro? ¡Padre Santo! ¡Ni modo!”, reconoce resignado.

Lo más duro es que te sientes un ser impotente”.

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Los mensajes, tanto oficiales como no oficiales, empezaron a llegar a las redes y grupos de whatsapp desde primera hora de la mañana. La primera autoridad en brindar información a la ciudadanía fue el secretario de seguridad estatal, Cristobal Castañeda Camarillo, quien reportó narcobloqueos y quema de vehículos, y recomendó a los habitantes de Culiacán no salir. A la par, instituciones empezaron a anunciar la suspensión total de actividades educativas y de gobierno, así como la cancelación del servicio de transporte público. Alrededor de las 8:00 ya circulaban versiones no oficiales sobre la detención de Ovidio Guzmán.  

Cuestionado por la prensa durante la conferencia mañanera, el presidente confirmaba un operativo militar sin dar más detalles. Minutos después el gobernador Rubén Rocha Moya añadía que el operativo se llevaba a cabo en la sindicatura de Jesús María, en el municipio de Culiacán.

En Culiacán los vehículos quemados obstruyendo avenidas y bulevares ya se contaban por decenas, los vuelos empezaban a cancelarse y los hechos violentos a replicarse en ciudades como Los Mochis, Guasave y Mazatlán.

A las 11:00 Castañeda Camarillo confirmó 18 bloqueos a nivel estado: nueve en Culiacán, tres en Los Mochis y 6 más en distintas localidades de la zona sur.

Fue hasta las 13:00, hora del centro de México, -las 12:00 en Culiacá- que el secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, confirmó la detención de Ovidio Guzmán. Pero la calma aún estaba lejos de llegar, ahí mismo reconoció que los esfuerzos por recuperar y mantener el orden en Sinaloa seguían en marcha.

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A pesar de la insistencia de sus hijas que, a la distancia le pedían mantenerse resguardado, tras un rato Ramiro cedió ante la invitación. Un joven al que minutos antes había advertido sobre el despojo indiscriminado de vehículos se decidió a salir en su camioneta, y lo invitó a subir con él.

“El compa se subió en el carro, y en eso pasaban las motos y los punteros cuando me dice: ‘Me voy a ir. Si se anima, súbase’”.  

“Me dio la ruta y precisamente se iba a ir por donde yo vivo”, recuerda Ramiro. Enseguida, cuenta, se subió a la caja de la camioneta y se tiró ‘pecho tierra’. “Cuando ya íbamos a llegar, una cuadra antes me acerqué a la ventanilla y le dije: ‘compa, nomás déjeme ahí en la siguiente cuadra y con eso’. Pues mira no sé cómo me salió una agilidad para brincarme como si fuera un chavalo de 15 años, que ya tengo yo mi edad”. 

Pero una vez frente a la puerta notó otro problema: había dejado las llaves de su casa en su auto. “Me quedé un rato así… no… es una cosa que no se la deseo ni a mi peor enemigo”.

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Para la psicóloga Susana Torres es claro que la afectación psíquica a los culichis por hechos como el de este jueves 5 de enero (o el del pasado jueves 17 de octubre) merece atención profesional, incluso aunque no nos hayamos expuesto directamente a los hechos de violencia.

“Aunque no te hayas expuesto, sí provoca ansiedad el hecho de no poder salir de casa, el hecho de ver los videos y ver las calles que tú conoces, por las que pasas para ir al trabajo o a algún lugar que te gusta, y verlas destrozadas”, matiza.

“Psicológicamente sí hay un impacto, aunque no te hayas expuesto como la vez pasada. Además, quienes sí vivieron eso la vez pasada, ver todo esto les provoca recuerdos y pueden presentar cuadros de ansiedad, aunque no lo estén pasando exactamente igual que la otra vez”, explica en entrevista.

El hecho de que, a pesar del horror de la violencia vista de cara cara, los memes hayan surgido casi a la par de los hechos, abunda la psicóloga, es una muestra de que somos una sociedad herida, “que fue vulnerada y accedemos a este recurso para aparentar la disminución del malestar”.

“No es normalización como tal”, añade, “sino un proceso de adaptación que no quiere decir que no nos duela ni nos de miedo”.

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Foto: Juan Carlos Cruz / EFE

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Todavía lamentando no poder entrar a su casa, Ramiro recordó una vieja regla familiar; puede decirse que el amor por sus hijas fue lo que lo salvó de la situación. “Me acordé que cuando mis hijas salían a sus fiestas y eso, yo les dejaba una llave en cierto lugar que la que llegara agarrara la llave y se metieran, y cuando salieran la dejaran ahí. Era la orden que yo les tenía”, cuenta.

“Dije: voy a ver si está ahí. Y que emocionante cuando vas y buscas aquella cosa con el deseo que aparezca… pues tenía tierra de tantos años ¡pero ahí estaba la llave!”.

“¡Bendita llave!, la agarre, abrí, y me metí y es hora que todavía no quiero ni acordarme… Pero mañana voy a tener que ir a hacer mi denuncia, a ver si ya está el reporte”.

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 “Se sabe que en Sinaloa la gobernabilidad ocurre por la autoridad compartida entre el poder formal y el que ejercen los grupos del crimen. Hoy eso se disipó, y lo que vivimos es lo que en la sociología se conoce como una situación de anomia social, que alentó a civiles a asaltar comercios, tiendas y tráilers para llevarse lo que podían”, reflexiona el analista Jorge Ibarra respecto a los hechos de este jueves.

Videos en redes sociales mostraron cómo diversas tiendas fueron saqueadas por olas de personas que buscaron aprovechar la incertidumbre, una situación que, según recuerda Ramiro, no se vio durante ‘el primer culiacanazo’.

“Yo pensé que no estaba tan así… porque el otra vez no hubo vandalismo, la otra vez se hizo eso y todos los negocios cerraron y no robaron”, recuerda sobre el 17 de octubre del 2019.

“En ese tiempo estuvo muy solo y muy calmado, salvo que todos los negocios cerrados. Y ahora no, ahora hubo mucho vandalismo, mucho, puedo decirte, la gente pasaba con los carritos llenos de cosas ahí cuando abrieron la tienda. Las motos, esos mentados punteros pasaban con unas charolas de cervezas, de cocas, de lo que podían traerse”, cuenta.

En añadido a los reportes de saqueos y la expansión de la violencia a otras ciudades y comunidades del estado, otro aspecto que se agravó en comparación con ‘el primer jueves negro’, fue el del flujo de información hacia la ciudadanía y el de las condiciones para informar.

Además de autoridades locales que se sintieron ajenas al fenómeno y que apenas salieron a dar información oficial a los sinaloenses, la organización Artículo 19 pudo confirmar hasta 13 agresiones contra la prensa durante la jornada: tres robos de equipos, al menos seis periodistas amenazados y cuatro vehículos despojados, uno de los cuales se confirmó quemado.

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Al cierre de la jornada, Culiacán aún tenía bloqueos y se reportaban disparos aislados, la autopista Culiacán-Mazatlán permanecía cerrada y las autoridades habían anunciado la suspensión de actividades educativas en todo el estado.

A las 8 de la noche el gobernador Rubén Rocha Moya emitió un breve comunicado oficial: “El día de mañana 06 de enero de 2023, se reanudan las actividades en gobierno del estado, excepto en la USE Culiacán”, y en entrevista a medios locales aseguró que no había ya grupos armados en la ciudad, e incluso que este viernes los culichis podríamos celebrar con tranquilidad el Día de Reyes.

“No nos va a rebasar para nada la situación”, destacó.

Mientras tanto, Ramiro se sigue cuestionando: “¿Y yo porque tengo que perder mi carro?¿Por qué tenemos que estar todos metidos en nuestra casa? ¿Por causa de una persona? ¿Qué tenemos o qué beneficio recibimos de esa persona nosotros? ¿En qué nos beneficia? ¡En nada! ¡Me perjudica! ¿Por qué tiene que venirse a repetir otra vez y tomarnos como rehenes a toda una ciudad que lo único que hacemos es venir a trabajar honestamente? ¿Quién me va a responder todo eso? ¡Nadie! ”

“¡Ah!, pero si vamos a otra parte y te preguntan ¿de dónde eres tú? Como que llega el diablo y se les mete y se sienten el orgullo maligno: YO SOY DE CULIACÁN”.

“Hay veces que me tengo que brincar a Nayarit, me brinco a Nayarit o me brinco a Sonora, pero menos ser de aquí yo, con eso no, y menos con lo que me pasó ahora. ¿En qué podría sentirme orgulloso ser de aquí?”