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El vengador anónimo contra los juerguistas del Covid en Brasil

Un activista anónimo dice que no es un ‘guardián moral’, pero promete continuar con su esfuerzo para persuadir a los juerguistas de quedarse en casa.

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La gente disfruta de la fiesta de fin de año en las playas de Copacabana en Río de Janeiro. Foto: António Lacerda/EPA

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Reanimado por su café negro, los cigarros de filtro amarillo, y su furia al blanco vivo, el detective sin rostro vigila las redes sociales para desenmascarar a su siguiente objetivo.

“Es escandaloso, bizarro, horripilante, un genocidio colectivo”, dice furioso el activista de veintitantos años que navega por internet sin dormir para buscar publicaciones de fiestas realizadas a pesar de la crisis por Covid que ha matado a más de 200 mil brasileños.

“De verdad creo que la gente se infectó con el virus de la estupidez”, agregó el investigador amateur que publica imágenes del hedonismo en una cuenta de Twitter que se llama Brazil Covidfest.

El detective del smartphone, un periodista de la ciudad sureña de Curitiba que pidió no ser identificado es uno de los activistas brasileños que empezaron a balconear en línea a la gente que no tiene pudor para andar de fiesta cuando la epidemia del país se está saliendo de control.

La crisis de Brasil, que llegó a su pico en julio, se intensificó durante las últimas semanas y los hospitales tienen problemas para lidiar con los enfermos  y el número de muertes diarias ya llegó a niveles que no se habían visto desde agosto. El jueves 7 de enero hubo 1,524 muertes y la cifra oficial de Brasil llegó a 200,498 mil, la más elevada después de EU.

Pero desde las arenas de Ipanema hasta las pequeñas ciudades del Amazonas, la fiesta no para. “Sucede en todo Brasil, para donde mires hay una fiesta o una multitud”, se quejó en Twitter el activista que dijo que comenzó esta cruzada poco antes de Año Nuevo.

Desde entonces ha utilizado aplicaciones como Story Saver e Instasave para capturar videos que publican los juerguistas y DJs en las redes sociales y luego los comparte para que millones de personas los vean bajo el hashtag de #Covidfest.

“Nuestra intención no es crucificar a nadie, ni ser un perro guardián de la moral”, insiste. “Nuestro objetivo es mostrar que estamos pasando por un momento crítico de esta pandemia y esas personas salen y no respetan la vida y terminarán afectando a otros y a ellos mismos también”.

Durante los últimos diez días el detective anónimo ha denunciado fiestas atiborradas en todos los rincones de Brasil: políticos muy felices en Maranhao, fanáticos de samba en Río, bañistas con miradas borrosas en Rio Grande do Norte, y antros llenos de gente cantando en el estado amazónico de Pará.

Muchos de los juerguistas, sospecha, son seguidores del líder de extrema derecha, Jair Bolsonaro, que se burla del Covid y sabotea repetidamente los esfuerzos de contención moviéndose entre la multitud y menospreciando los peligros de la enfermedad.

“Pero los opositores de Bolsonaro también se han unido a las multitudes. Hay gente de izquierda, de derecha, del centro. Es una mezcla”, dijo el activista y subraya que la mayoría de las 300 celebraciones que dio a conocer contaban con la aprobación de las autoridades.

Los extranjeros también se unen a la fiesta.·”Quiero ir a bailar hoy, música en vivo y sin mascarillas estúpidas. ¿Conocen un buen lugar?” escribió un turista en un grupo de Facebook para visitantes en Río el jueves, el día en que Brasil llegó a los 200 mil muertos.

Las muertes aumentan y la vacunación todavía no empieza y los profesionales de la salud expresan su exasperación por tanta fiesta.

“Es de ignorantes y tontos”, dijo el doctor y comentarista Drauzio Varella la semana pasada a el Globo. “No les importa que la gente muera mientras espera por una cama de cuidados intensivos”.

Jesem Orellana, epidemiólogo de Manaos, expresó su frustración porque tanta gente, siguiendo a figuras como Bolsonaro y los argumentos erróneos de la inmunidad de manada, declaró unilateralmente el final de la pandemia y volvió a empezar su vida social en restaurantes y raves.

“Yo creo que no hay nada más que decirle a esta gente”, dijo el investigador del  centro de investigación de salud pública de Fiocruz. “Se trata de gente que sabe lo que hace y muestra su desdén por la vida de otros y muy probablemente están influidos por políticos y celebridades que fomentan este tipo de comportamiento. No les importa porque no valoran su vida”.

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En Manaus, las autoridades se vieron obligadas a cavar fosas comunes durante la devastadora primera ola. Las consecuencias han sido dramáticas, con un aumento del 60.5% de las admisiones a hospitales a causa del Covid desde septiembre. El miércoles se tuvieron 110 entierros, en comparación con los 30 de costumbre y se reportó que 19 personas murieron en su casa. El alcalde declaró la semana pasada un estado de emergencia de 180 días pero Orellana considera que esa medida llegó demasiado tarde.

“Estamos desolados. Esa es la verdad”, dijo Orellana. “Se trata de una tragedia que se pronosticó”.

El activista de Twitter dijo que sus noches navegando por las redes sociales lo dejan exhausto y sus manos y sus brazos están cansados de tanto manipular el teléfono. También recibió amenazas por parte de algunas de las personas que denunció. “Me estás exponiendo. ¡Te voy a demandar! ¡Te vamos a encontrar! Eso le dijeron algunos.

Pero el carnaval se aproxima y seguramente las fiestas aumentarán y él juró seguir con su campaña con la esperanza de convencer a al menos algunos de quedarse en casa. “No vamos a cambiar al mundo pero tal vez podamos cambiar algunas actitudes”, dijo . “Y tal vez salvar algunas vidas”.

The Guardian
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