El hijo de la tierra, Pedro Castillo, promete una presidencia para los pobres de Perú
El candidato presidencial del partido Perú Libre, Pedro Castillo, guía el arado en su propiedad en Chugur, Perú. Fotografía: Martín Mejía / AP

Por ley, cualquier presidente de Perú tiene que nacer en tierra peruana. Pero pocos presidentes de ese país conocen la tierra como el candidato que va a la delantera en la actual contienda electoral, el hijo de campesinos de los andes, que creció en la pobreza.

Una mañana reciente, Pedro Castillo llevaba su poncho de lana, sus sandalias de llanta y su sombrero de ala ancha de paja mientras cuidaba sus vacas en su granja en Chugur, una pequeña aldea a siete horas en coche de la ciudad de Cajamarca.

Cuando ves que tus hijos usan la misma ropa, se duermen con la misma ropa, se despiertan y van a la escuela con la misma ropa, te das cuenta de que la clase política que te ha estado usando”, dijo a The Guardian, usando el lenguaje vernáculo que va con los peruanos del campo que sienten que los dejaron olvidados en las últimas dos décadas de crecimiento económico del país.

La diferencia entre el Perú urbano y el rural solo aumentó con el brutal brote de Covid-19 que azotó al país y que lleva 1.8 millones de casos confirmados oficialmente, más de 61,000 muertes y un sistema de salud doblado. El creciente número de muertes obligó el regreso de las restricciones que dejaron en la pobreza a millones durante la pandemia.

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Si hay algo que aprender de esta pandemia es que ha hecho evidente la precariedad de un estado viejo y corrupto”, dijo Castillo.

El maestro, de 51 años y líder sindical, desafió las encuestas cuando salió primero entre un gran grupo de 18 candidatos durante la primera ronda del mes pasado, aunque con menos del 20% del voto total.

El resultado le da un lugar a Castillo en la contienda de junio en contra de la tres veces candidata presidencial Keiko Fujimori, una líder de oposición de extrema derecha e hija de una de las dinastías políticas más poderosas del país. Encuestas recientes demuestran que Castillo va 10 puntos delante de Fujimori.

La contienda se presenta como una batalla entre dos extremistas: el heredero ideológico de la izquierda comunista y vinculado, erróneamente, con los rebeldes sanguinarios de Sendero Luminoso y la heredera literal de un autócrata con puño de hierro que acabó con esa insurrección. 

Esta es una batalla entre los ricos y los pobres, la lucha entre el amo y el esclavo”, dijo Castillo a los reporteros del norte de Perú en comentarios que se transmitieron en la televisión local.

En la guerra sucia entre ambos bandos, a Castillo se le califica de “terrorista” pero responde que “los verdaderos terroristas son el hambre, la miseria, la negligencia, la desigualdad y la injusticia”.

Aunque la experiencia política de Castillo se limita en gran parte a encabezar la huelga de maestros en 2017, muchos peruanos lo identifican con una experiencia de vida que refleja la dura realidad a la que deben enfrentarse.

“La gente no sabe que hay miles de niños que viven en pobreza y ahora, debido a la pandemia, en pobreza extrema”, dijo Castillo, quien enseñó durante más de 25 años en escuelas rurales.

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Perú libre, de Castillo, cuenta con el apoyo de medio millón de maestros de escuelas públicas, pero también resulta un candidato atractivo para los electores de las zonas rurales de las comunidades de campesinos en las regiones más pobres de los Andes.

A corta distancia de la casa de Castillo, Juan Cabrera, de 57 años, descansa un poco de su trabajo con el arado que tiran dos bueyes. “Fue muy emocionante para nosotros que un hijo del pueblo encabezara la votación”, dijo.

“Confiamos en que será el que nos gobierne. Somos los olvidados de todos los gobiernos del pasado”.

La reputación de la clase política de Perú ha sido golpeada por su manejo de la pandemia y por una serie de escándalos de corrupción: el año pasado, en una semana tuvieron tres presidentes, y el país todavía padece las consecuencias del escándalo de corrupción más grande del continente en el que cuatro presidentes fueron acusados de aceptar sobornos por parte de la constructora brasileña Odebrecht.

La contrincante de Castillo, Keiko Fujimori, de 45 años, pasó los últimos dos años detenida esperando juicio porque está acusada de lavado de dinero y de encabezar una organización criminal, lo cual ella niega. Su padre, Alberto Fujimori, gobernó Perú en los 90 y fue encontrado culpable por los asesinatos que realizaron escuadrones de la muerte y por corrupción rampante.

Fujimori dice que Castillo es un radical peligroso. “Habla de lucha de clases, habla de dividir a los peruanos entre ricos y pobres”, dice. “Ese tipo de divisiones le hace mucho daño a nuestro país”.

El sector empresarial teme porque Castillo prometió realizar un referéndum para cambiar una constitución por mercados que se hizo en 1993.

Su manifesto partidista describe su política como “socialista, marxista, leninista y mariateguista”, para honrar al fundador del partido comunista de Perú, José Carlos Mariátegui, y ha hecho planes para expropiar proyectos mineros extranjeros.

Pero en cuanto a temas sociales, Castillo, que se describe como “maestro, campesino y hombre de fe”, difiere poco de sus oponentes de extrema derecha. Se opone a la educación sexual, al aborto legal y al matrimonio entre personas del mismo sexo, y dice que los derechos de la comunidad LGBTQ+ “no son una prioridad”.

Aún así, el temor de que Castillo y el fundador de su partido, Vladimir Cerrón, un médico formado en Cuba, puedan convertir a Perú en otra Venezuela, provocó que uno de los críticos más acérrimos de la dinastía Fujimori hiciera un llamado a sus compatriotas a votar por Fujimori.

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El ganador del premio Nobel, Mario Vargas Llosa, quien apoyó a los oponentes de Fujimori en las elecciones de 2011 y 2016, la respalda ahora a ella porque considera que “es el menor de los dos males”.

Pero el apoyo para Castillo en Cajamarca, donde fue ejecutado Atahualpa por el conquistador Francisco Pizarro, habla no solo de la crisis reciente sino de  “500 años de pillaje, explotación y negligencia”.

El país llega al bicentenario de su independencia de España y Castillo dice que su candidatura va de la mano con “el disgusto que sentimos porque nos dicen ciudadanos de tercera y cuarta”.

“Nos quieren hacer creer que esta es una verdadera democracia”, agrega. “Pero no lo es”.