El carbón es el nuevo oro negro para Berlín
Las briquetas de lignito se muestran en el almacenamiento del negocio de productos de calefacción "Hans Engelke Energie" en Berlín el 10 de agosto de 2022. Una escasez inminente de gas ruso a raíz de la guerra de Ucrania ha reavivado el entusiasmo por el método de calentar hogares privados con carbón a pesar de su residuo de hollín y su fuerte huella de carbono. Foto: Carsten Koall/ AFP

En Berlín, Alemania, el carbón es el oro negro. La temida escasez de gas ruso por la guerra en Ucrania está provocando una demanda inusual de esta forma de calefacción, a pesar de su nocividad.

“Tanta prisa en verano, todo el mundo quiere carbón, nunca habíamos visto algo así”, comenta Frithjof Engelke, jefe de la centenaria empresa familiar Hans Engelke Energie que provee ese combustible en desuso y de nuevo codiciado en Alemania, por la crisis del gas que previsiblemente empeorará a partir del otoño.

Para Engelke, “las vacaciones tendrán que esperar” porque ahora hay que tomar pedidos, organizar las entregas en camión –ya tiene programados hasta octubre– y preparar el producto para quienes van directamente a comprar a su almacén.

En un caluroso día de agosto, pesa y embolsa carbón en medio del polvo y el ruido de su máquina llenadora y luego coloca las bolsas en tarimas, pero este año, han llegado “en masa” nuevos clientes, asegura Engelke, cuya pequeña empresa también vende pélets (combustible granulado de madera) o fuel. 

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Un trabajador carga briquetas de carbón en el almacenamiento del negocio de productos de calefacción Hans Engelke Energie en Berlín. Foto: Carsten Koall / AFP

En Berlín, entre 5 mil y 6 mil hogares se calientan todavía con carbón, una minúscula fracción de los 1.9 millones que componen el parque de vivienda, indica el ayuntamiento.

Se trata generalmente de personas mayores, a veces totalmente dependientes de este combustible y que viven en casas antiguas que nunca fueron renovadas. O bien, de amantes del calor intenso que emanan de las estufas antiguas.

Ahora, “los que normalmente usaban gas pero aún tienen una estufa en casa quieren carbón”, un fenómeno, según él, generalizado en toda Alemania.

‘Mejor que pasar frío’

Jean Blum es uno de los que busca carbón. “Estoy comprando carbón por primera vez desde hace muchos años”, dice el hombre de 55 años, barba y pelo blanco, mientras carga costales de 25 kilos repletos de roca negra en su remolque.

Desde que empezó a tener gas en casa, encendía la estufa ocasionalmente, y solo con madera, explica, pero con la subida del precio del gas, que se agudizará a partir de octubre cuando los operadores puedan influir en el alza de los precios de la energía en el consumidor, quiere asegurarse de estar bien preparado.

“Incluso si es malo para la salud, siempre es mejor que pasar frío”, considera. Aunque el precio del carbón también haya escalado un 30%, sigue siendo más barato que la madera, sus precios se han duplicado.

‘Resurgimiento’

El combustible negro está experimentando un boom en el país. El gobierno alemán ya ha decidido aumentar el uso de centrales eléctricas para responder a las enormes necesidades eléctricas de su industria.

Y ello, pese a que tal y como declaró recientemente el canciller Olaf Scholz, no renuncia a su objetivo de abandonar esa energía contaminante en 2030 y excluye “un resurgimiento de las energías fósiles, en particular, del carbón”.

Pero con la aparición de todos esos nuevos clientes, es difícil responder a la alta demanda y muchos pequeños comerciantes de carbón de la capital ya no tienen nada que vender. 

“Producimos a plena capacidad durante el verano, con tres turnos, siete días a la semana”, dice el portavoz de la empresa LEAG, Thoralf Schirmer, ubicado en la cuenca minera de Lusacia.

La otra fábrica que abastece al mercado en Alemania, con sede en la cuenca del Rin Alemania, dejará de producir a finales de año, reducirá aún más la oferta en un momento en que el presidente ruso Vladimir Putin ya ha cortado parcialmente el grifo del gas.

“Temo un poco el invierno”, admite Frithjof Engelke. Actualmente, las personas parecen tranquilas cuando se enteran de que tendrán que esperar al menos dos meses antes de recibir su pedido, dice. “Las cosas serán diferentes cuando empiece a hacer frío afuera”.

Con información de AFP.