México, el país de las bicis blancas
Foto: @BiciBlancaGDL

Por: Marcela Vargas, Pablo Padilla, Aranza Flores y Alondra Reséndiz/Corriente Alterna*

Jacinto León Guzmán tenía 31 años. El primero de diciembre de 2020 lo atropellaron mientras pedaleaba en Ciudad Caucel, a nueve kilómetros del centro de Mérida. Estaba en proceso de admisión al doctorado en Ciencias de la Tierra en la Escuela Nacional de Estudios Superiores en Mérida de la UNAM. Tenía tres meses en Yucatán cuando, saliendo del gimnasio, lo arrolló un auto. Según vecinos, el conductor y su acompañante estaban borrachos y huyeron inmediatamente. 

Jacinto falleció después de seis días de hospitalización. 

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Jacinto amaba el mar, le gustaba bucear y vivía con la intensidad de una ola. Las dinámicas costeras lo llevaron vivir cinco años en Ensenada, Baja California, donde estudió Oceanografía en la Universidad de Baja California. “El mar era parte de sus pasiones —cuenta Elsa Guzmán, su madre—, su forma de vida y trabajo”. 

Un par de semanas después de la muerte de Chinto, como le llamaban sus amigos, sus familiares convocaron a una rodada en Mérida, donde murió, y en Cuernavaca, el lugar donde vivió hasta la prepa. El colectivo CicloTurixes colocó una bicicleta blanca en el sitio del accidente. Las bicicletas blancas —también llamadas bicis fantasmas— son un símbolo internacional que marca el lugar donde un ciclista fue herido gravemente o perdió la vida; también son una protesta silenciosa para exigir mejores condiciones viales. En México son cada vez más comunes. 

Bicicletas blancas: ¿cuántos ciclistas mueren en México?

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), dos de cada 10 hogares en el país cuenta con una bicicleta. Esto significa que en casi 75 millones de casas mexicanas alguien emplea una bici como medio de transporte.

En Yucatán el porcentaje es mayor: hay bicicletas en cuatro de cada 10 hogares, más de 262 mil bicis ruedan por el estado. Pero en Mérida los ciclistas mueren con frecuencia. Según la asociación civil Cicloturixes, en la última década se registran en la prensa local al menos tres ciclistas muertos por mes: unos 40 ciclistas asesinados al año. Tan solo en 2019, CicloTurixes colocó 13 bicicletas blancas en el estado.

Estas cifras contrastan con los números oficiales. Según el registro de Accidentes de tránsito terrestre en zonas urbanas y suburbanas del Inegi, solamente tres ciclistas fallecieron en Yucatán durante 2019. Pero las cifras del Inegi tampoco coinciden con las de la Secretaría de Salud: el Catálogo de Defunciones de esta dependencia federal registra 31 ciclistas fallecidos durante 2019 en incidentes viales.

Ni en Mérida ni en el resto del país, señala Everardo Flores, presidente de CicloTurixes, existe una instancia que lleve registro puntual de las muertes ciclistas. El esfuerzo por actualizar estos datos ha quedado en manos de activistas y asociaciones civiles.

El informe Ni una muerte vial, realizado por las asociaciones Reacciona por la vida y Céntrico, quizá sea el más preciso al respecto. Los especialistas en movilidad urbana Alejandra Leal y Xavier Treviño comenzaron esta iniciativa a raíz de la muerte de Emmanuel Vara, funcionario de Movilidad en Puebla atropellado en noviembre de 2018 mientras pedaleaba cerca del Centro Histórico de esa ciudad.

Su propósito es visibilizar la magnitud de la violencia contra ciclistas a nivel nacional, además de concientizar y crear entramados de solidaridad con otras víctimas. El primer reporte recopila datos de 2019 y subraya las omisiones en el registro de estos fallecimientos por parte de las autoridades. Basado en investigación hemerográfica, detecta 450 muertes de ciclistas en accidentes viales en México durante el 2019; en contraste, el Catálogo de Defunciones 2019 de la Secretaría de Salud federal registra 198 decesos y el Inegi sólo 133.

“Está claro que, año tras año, hay un subregistro”, dice Treviño. Durante los 365 días del 2019, el equipo de Ni una muerte vial denunció en Twitter cada atropellamiento que encontraran en medios de comunicación. Pero incluso con ese esfuerzo, Treviño sabe que la cuenta está lejos de ser 100% precisa. “Imagínate todos los que se nos van, los que no son cubiertos por los medios”.

Los cicloactivistas trabajan en red

La rodada del 17 de enero de 2021 que inició como un homenaje para Jacinto León Guzmán pronto fue replicada en ciudades de 20 estados y se transformó en la Rodada Nacional por la Vida. Su propósito era demandar justicia por la muerte de los cientos de ciclistas fallecidos en accidentes viales durante el año anterior y para exigir infraestructura y políticas públicas que protejan a este sector vulnerable.

Si a Jacinto lo atropelló un conductor en posible estado de ebriedad que se dio a la fuga, un 77% de las colisiones de vehículos con ciclistas a nivel nacional son causadas por hombres al volante, muchos con aliento alcohólico. Otras causas comunes de muertes ciclistas son el exceso de velocidad de vehículos automotores y la falta de iluminación en las vialidades. Además de la falta de infraestructura adecuada para la circulación de bicicletas y otros vehículos de pedales en zonas urbanas. Todo esto de acuerdo a las cifras del Inegi y el Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes. 

Por mucho que haya sido la salvajada de un tipo borracho e imprudente, no es una cuestión aislada —comparte Elsa, madre de Jacinto—. Se repite en las calles, avenidas y carreteras de todo el país: hay algo más profundo que un delito individual”. 

Que un evento local haya dado pie a una rodada nacional permitió observar algo más que el duelo: las y los cicloactivistas han creado redes de apoyo y solidaridad para acompañar a familiares de las víctimas de la negligencia de los conductores. Estas redes responden a los llamados, brindan soporte emocional, comparten estrategias, contactos de abogados u organizaciones civiles y son capaces de convocar rodadas multitudinarias en distintas ciudades para llamar la atención de la ciudadanía y autoridades.

La necesidad de generar soluciones colectivas también puede verse en el esfuerzo de la familia de Emmanuel Vara, quienes a raíz de su muerte fundaron la asociación civil Manu Vive, una de las organizaciones que ha impulsado la Ley General de Seguridad Vial ante el Senado de la República. Esta iniciativa busca también crear una Red Nacional de Víctimas de Hechos Viales para atender los casos  de atropellamiento y que estos hechos dejen de ser una constante.

Gabi y las bicicletas blancas en Oaxaca

La Rodada Nacional por la Vida también se llevó a cabo en la capital de Oaxaca, donde el 18 de diciembre de 2020 murió a los 38 años Gabi Soto, atropellada por un autobús del transporte público local.

A Gabi la esperaban para desayunar en su casa cuando a cuatro kilómetros de ahí, en la carretera Oaxaca-Xoxocotlán, un conductor de transporte público la atropelló mientras regresaba en bicicleta del trabajo. El responsable se dio a la fuga y Gabi murió sola sobre el Boulevard Guadalupe Hinojosa de Murat.

La muerte de Gabi sucedió exactamente un mes después del fallecimiento de su papá, a consecuencia del Covid-19. “A él lo despedimos cuando entró al hospital, pero a ella no”, cuenta Esther, su hermana menor, quien lleva la batuta de la campaña #JusticiaParaGabi. 

Tanto la ciclista como su familia fueron revictimizados por las autoridades desde el día de su muerte. “Cuando llegué al Servicio Médico Forense a reconocer a mi hermana, me dijeron ‘Ya sabe, señorita, esto pasa diario’. Me dieron a entender que (para ellos) mi hermana era igual que un pobre perro atropellado”, recuerda Esther. “Que qué bueno que había ido por ella, porque si no se iba a la fosa común”.

Pasaban las horas y no le permitían a Esther confirmar si el cuerpo en cuestión era el de su hermana. Primero tenía que declarar, le dijeron. “¿Cómo quieren que declare si no sé si es mi hermana?”, agrega. “Me mandaron al Ministerio Público, donde me dijeron que no podía declarar sin haber visto el cuerpo. Yo seguía en estado de shock”. La solución que propusieron la indignó: si no quería regresar al anfiteatro, podían mandarle una foto al celular. “Algo muy violento”, dice Esther. “Incluso me advirtieron que si el conductor se había pelado, ahí quedaba”.

Gabi fue cremada un día después, un grupo de ciclistas la acompañó en su última rodada. El 20 de diciembre colocaron una bici blanca en el punto donde sucedió el accidente.

A la falta de apoyo de las autoridades se sumó la negativa de la empresa de transporte a presentar al conductor responsable. Después de que el caso llegara a los noticieros, la Secretaría de Movilidad del Gobierno de Oaxaca inició el 21 de diciembre el proceso administrativo para retirar la concesión de transporte público a la compañía. Más de un mes después, el proceso no se ha concretado y los autobuses de esta línea todavía circulan por las calles de Oaxaca. En defensa de su empleado, la empresa responsabiliza a Gabriela de su propia muerte. 

—Tenía habilidad y destreza. Por eso duele cuando dicen que ella tuvo la culpa. No es cierto. Siempre le echan la culpa a quien ya no está y es más vulnerable— responde su hermana. 

La jazzista estadounidense Emily Asher, amiga de la familia, ayudó a Esther a iniciar Gaby Soto, Bici Blanca, una campaña en línea donde invitan a cualquier músico que lo desee a dedicar una canción a Gabi y a los cientos de ciclistas víctimas de atropellamientos en México. Además, otras amigas de Gabi crearon una petición en Change.org  donde exigen a las autoridades oaxaqueñas garantizar la seguridad de las y los ciclistas del estado y actuar con justicia en el caso de Gabriela; hasta el 27 de enero, la petición acumulaba 39 mil 400 firmas.

Un mes después de su muerte, su familia y amigos quisieron honrar su memoria con una rodada por Oaxaca. La red de ciclistas del estado lanzó la convocatoria, que coincidió con la fecha de la rodada en honor a Jacinto León Guzmán. Al enterarse de esto, la mamá de Jacinto se puso en contacto con la mamá de Gabi. Juntas, en coordinación con otras familias, tejieron la Rodada Nacional por la Vida.

Manu, al pie del cañón

Uno de los fallecimientos de ciclistas más emblemáticos de los últimos años es el de Emmanuel Vara, Manu, exdirector de Movilidad del Ayuntamiento de Puebla. Manu combinaba su vocación activista con su trabajo en el servicio público. El lugar donde fue atropellado el 21 de noviembre de 2018 —la esquina de la calle 4 Poniente y la 11 Sur—, lo cruza hoy una ciclovía inaugurada por el Instituto Municipal de Planeación (Implan), donde él trabajaba.

“Manu estuvo al pie del cañón durante la construcción de la ciclovía, incluso iba a ver cómo trabajaban en sus horas no laborales”, cuenta Lizeth Mejorada, asesora de Movilidad del ayuntamiento local y amiga de Manu. “Es increíble que un proyecto en el que tanto trabajó como funcionario y activista se consolidara en esa misma esquina”.

Lizeth describe a Manu como una persona sensible y con ganas de aprender. Lo conoció en 2016, dos años antes de que fuera atropellado por un camión de transporte público conducido por una persona de 19 años cerca del Centro Histórico de Puebla.

Lizeth cuenta que la muerte de Manu se viralizó de inmediato debido a que era muy conocido por su activismo en redes sociales, en especial en la página de Cholula en Bici. La misma noche en que falleció, amigos y conocidos del también arquitecto salieron a rodar en las calles del centro para exigir justicia.

Manu me quitó el miedo de andar en bici. Me volví una persona más consciente, y por supuesto, una mejor ciclista”, dice Lizeth. “Aprendí a lidiar con servidores públicos con valentía porque es un problema de vida o muerte. No tiene por qué asustarnos exigir que las cosas cambien”.

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En 2010, la Secretaría de Salud federal y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes establecieron un acuerdo para reducir en un 50% las muertes por accidentes viales en México de 2011 a 2020. En febrero del año pasado, representantes del gobierno mexicano acudieron a la Tercera Conferencia Ministerial Mundial sobre Seguridad Vial en Estocolmo, Suecia para participar en el establecimiento de un nuevo objetivo global, pues el primero no se logró. 

A pesar de la voluntad política, hoy son las redes de apoyo entre ciclistas y familiares de víctimas quienes encabezan la vanguardia de las propuestas y exigencias para cambiar este panorama. 

Las muestras de apoyo me abruman —dice Esther Soto, hermana menor de Gabi, y cuenta que tras la muerte de su hermana comenzaron a llamarle personas que habían perdido hijos, hermanos, papás para compartir experiencias con su mamá. Lo describe como entrar a un club o ser el niño nuevo del salón: “Quienes estaban ahí antes te enseñan a pasar esto, no te dejan sola. Estoy aprendiendo de ellos”.

La pérdida de su hermana la hizo entender el ciclismo con una causa política. Desde entonces empezó a notar las bicicletas blancas instaladas por toda la ciudad. La lucha por la libertad de tránsito y la búsqueda de espacio y protección para los ciclistas en su entidad se convirtió en una bandera. “Nos llevará tiempo, pero se puede”, decía Gabriela. Hoy es uno de los mantras de Esther. Por ahora tiene planeada otra actividad para recordar a su hermana en la capital de Oaxaca: tapizar la ciudad con lonas, playeras, stickers y globos con su imagen y su nombre. “Para que no digan que ‘no vieron’ a Gabi: ahora la verán en todos lados”, concluye.

*Marcela Vargas, reportera y mentora. Pablo Padilla, Aranza Flores y Alondra Reséndiz, becarios de la Unidad de Investigaciones Periodísticas de CulturaUNAM.

Cortesía: Corriente Alterna