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Salud

La experiencia de México en vacunas, un factor a favor de la salud

México tuvo por años un programa de vacunación considerado de los más completos del mundo. Ahora, hay dudas sobre la capacidad para vacunar a millones de mexicanos.

Foto: Gobierno de México

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Cuando por fin llegó la vacuna contra el Covid-19, expertos alertaron que la inyección no acabaría con la pandemia, sino la vacunación. Y la vacunación es la vacuna, pero también refrigeradores, jeringuillas, guantes de látex, conocimiento y entreno para administrar el medicamento, información pública sobre su eficacia y seguridad, es decir, una red de infraestructura, logística y experiencia para que la inyección se convierta en inmunización.

México no tiene equipamiento para mantener a -70 grados centígrados la primera vacuna administrada en esta pandemia, la de la farmacéutica Pfizer y el laboratorio BioNTech, si bien en el paquete de adquisiciones se acordó que los proveedores entregarían las vacunas hasta los puntos de aplicación. Lo que sí tiene el país es un historial de campañas de vacunación que le ha merecido reconocimiento internacional por décadas. Expertos aseguran que este know-how a la hora de inmunizar a la población le da ventaja de cara a la campaña de vacunación contra el Covid-19.

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Vacunas para todos

México eliminó la viruela (enfermedad infecciosa causada por el Virola virus) en 1951, más de 30 años antes de que la Organización Mundial de la Salud certificara su erradicación en todo el planeta. Esto fue gracias a esfuerzos en consolidar una política pública de vacunación desde principios del siglo XX.

De los hitos más destacables está la creación del hoy llamado Programa de Vacunación Universal, en 1991, considerado por años de los más completos en el mundo. El programa atendía a la población de manera indiscriminada, sin importar la filiación en alguna institución de seguridad social, y de forma gratuita. 

México logró erradicar enfermedades como la difteria, la poliomielitis y tétanos neonatal, y controlar otras como la rubéola y el sarampión. La mortalidad infantil se redujo de 55 muertes por cada 1,000 niños en 1979 a 14 en 2010. Entre 1990 y 1991, México pasó de tener un índice de vacunación infantil del 53% al 88%, respectivamente, y entre 1994 y 2012, no bajó del 91%, según cifras de la OCDE para sarampión, difteria, tétanus y tos ferina.

La vacunación ha sido una política de Estado en México. El gobierno invierte 2,608 pesos por niño para las 13 vacunas del cuadro básico, y se estima que en un país como México, hay un retorno de 16 dólares por cada dólar invertido en la inmunización de la población por medio de vacunas. 

¿Cómo logró México esta experiencia?

“En 24 años, México tuvo solamente cinco Secretarios de Salud, incluido yo”, explica el exfuncionario del ramo entre 2000 y 2006, Julio Frenk, en relación a los gobiernos de Miguel de la Madrid hasta Vicente Fox. “Esta estabilidad política y, sobre todo, el perfil de los secretarios, creo que fue la clave”, añade.

El hoy presidente de la Universidad de Miami explica que desde 1982, con el recientemente fallecido doctor Guillermo Soberón, la cartera de Salud la ocuparon científicos que venían de la academia. “Empezaron a basar las políticas públicas en evidencia científica. Había un gran respeto hacia la Secretaría de Salud”, asegura el médico cirujano de formación.

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Junto con un tecnócrata al frente de la secretaría, el Gobierno se empeñó en llevar las vacunas a los destinatarios, literalmente: “En las Semanas Nacionales de Salud, se hacían barridos por comunidades, salían a mercados, metros, escuelas particularmente, y vacunaban a todos los niños que les tocaba”, explica la profesora de Economía de la Salud en el ITAM, Manett Vargas, en relación a unas acciones que nacieron en la década de los 80 y que evolucionaron hasta la hoy llamada Jornada Nacional de Salud Pública. 

Pero tan mérito tuvo el Estado en buscar y traer las vacunas a quienes tenían que inmunizarse como la buena recepción que tuvieron en la población. “La Cartilla Nacional de Salud ha funcionado muy bien porque empodera a la mamá. Desde que se inició, hubo la percepción que ser buena mamá implica vacunar a tu hijo”, explica la profesora del ITAM. “Hay presión social, por eso creo que los movimientos antivacunas no nos han alcanzado”, concluye.

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La comunicación institucional jugó un papel importante en generar confianza en las vacunas, porque “no siempre fue así”, alerta el doctor Frenk. “Hubo años en que incluso había rumores de que las vacunas eran para esterilizar a las personas. Hubo ataques a las brigadas de vacunación, que eran las que llevaban las vacunas en los lugares más remotos”, añade. Al cambio de actitud contribuyeron las Semanas Nacionales de Salud convertidas en todo un evento público. “Arrancaban con el presidente de la República o la primera dama yendo a ponerse las vacunas”, recuerda el académico.

Julio Frenk (izq.) cuando servía de secretario de Salud, con el entonces presidente Vicente Fox (centro) y el secretario de Educación del momento, Reyes Tamez. Foto: Gustavo Benítez/Wikimedia Commons.

¿Qué queda para el Covid?

La tradición de los barridos en las regiones rurales y el traer la vacuna a los ciudadanos se va a mantener en la Estrategia Nacional de Vacunación contra el Covid-19. Así lo explicó el presidente Andrés Manuel López Obrador en la mañanera del 5 de enero.

El gobierno está preparando 10 mil brigadas integradas cada una por 12 miembros, entre funcionarios y voluntarios, que se desplazarán a 10 mil puntos llamados centros integradores, formados por las localidades más remotas.

Ahí se encargarán de vacunar a los adultos mayores, en la segunda etapa de la campaña de inmunización. El plan del gobierno es aprovechar la infraestructura montada para repartir las pensiones bimensuales a los adultos mayores para vacunarlos. En caso que estos no se pudieran desplazar, las brigadas acudirían a sus casas a inyectarles las dosis. La meta es vacunar 300 adultos mayores cada semana.

Imágenes del primer día de la campaña de vacunación contra el Covid-19, el 24 de diciembre . Foto: Gobierno de México.

Pero la irrupción de la pandemia ha generado el debate sobre el estado de la sanidad pública mexicana. “Bajo la excusa de combatir la corrupción, desmantelaron las redes de suministro, abastecimiento y distribución de medicamentos y vacunas”, asegura el doctor Frenk, en relación con el gobierno de López Obrador.

La respuesta del portavoz del gobierno para la pandemia, Hugo López-Gatell, a este tipo de acusaciones es que el rezago en la administración de vacunas y el deterioro del sistema de vacunación empezó en el año 2000. Según la OCDE, entre 2013 y 2018, el índice de vacunación infantil osciló entre el 76% y el 98%, si bien, investigaciones apuntan a que cobertura real es inferior a los datos oficiales.

La maestra Vargas, por su parte, duda que se puedan hacer barridos en los lugares más remotos del país para distribuir las dosis. La cadena de frío que necesita la única vacuna administrada en México hasta el momento, la de Pfizer, lo puede dificultar y también, la priorización por edades y comorbilidades.

Pero a pesar de todo, ambos expertos mantienen la esperanza que hayan quedado vestigios de la época dorada de las campañas de inmunización mexicanas. “Está en nuestro ADN”, asegura Manett Vargas.

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