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La violencia de género es un cáncer que ha hecho metástasis en una civilización enferma de miedo. ¿Y si en lugar de dividirnos nos multiplicáramos como seres humanos?
El hackeo realizado a la Sedena por el colectivo Guacamaya dio de qué hablar toda la semana, pero el presidente AMLO siguió minimizando el tema.
Los periodistas están abocados a revisar miles de correos y a procesar la información. Los propagandistas callan, desvirtúan, minimizan...
Los tacos de milanesa con guacamole son de mis favoritos, aunque la “milanga” no la haya freído mi abuela Enriqueta.
Que el Ejército tenga un equipo de monitoreo (espionaje), incluso si fuera Pegasus, podría ser parte de una actividad de inteligencia legítima pero solo cuando haya orden de un juez y se justifique para combatir delitos.
El castigo debe ser un medio, no un fin. La deconstrucción de los agresores no es responsabilidad de las víctimas, pero sí de la sociedad y del Estado en su conjunto.
Los presupuestos públicos no son neutrales al género. La distribución de los recursos tiene implicaciones directas en las desigualdades.
Dicen tener altos estándares morales, pero están enganchados con la sordidez de ciertos productos.
Cualquier política pública dirigida a los trabajadores formales excluirá a más de la mitad de la población ocupada, incluso puede tener el efecto adverso de agudizar la desigualdad.
La empresa, que dirige Andrzej Dabrowski, ya no sabe cómo llamar la atención de la Cuarta Transformación.
Dejemos de hablar desde lo eurocéntrico y demos voz a los oprimidos, resignifiquemos fechas como el 12 de octubre.
Aunque la nueva interpretación de DeLong es sobre todo para la historia económica estadounidense, sus ecos resuenan provocativamente sobre la mexicana.