gobierno
Escuché con una dosis de asombro una anécdota de un estudiante universitario que declaró su preferencia por un dictador para resolver los problemas del país. No deja de asombrarme cuando un joven busca retornar a la infancia para permanecer sujetado a los designios de algún adulto.
Darle a una herramienta privada el poder de enseñarnos la “verdad máxima” es riesgoso.
El adelanto de elecciones generales, que incluyen comicios presidenciales y parlamentarios, es uno de los principales reclamos de las protestas antigubernamentales que empezaron a principios de diciembre.
En el terreno de la realidad cotidiana, la búsqueda de consensos parece ser una utopía en el debate político, como si se tratara de agua que, sexenio tras sexenio, se nos escapa entre las manos.
Un país que cada día se hace más pequeño, se encoge, se diluye y desaparece. Un México que, en caso de no rectificar, el mundo le quedará muy grande.
Por más bonito que suene, no tenemos evidencias de que pueda funcionar aquí la figura de gobierno de coalición.
El intervalo post mórtem estableció que la joven murió de tres a cinco días antes de que su cuerpo fuera encontrado.
Los médicos mexicanos ganan muy mal y la razón es que la gran mayoría trabaja como asalariado para un único patrón: el gobierno mexicano.
El mayor reto que los gobiernos deberían atender es plantear el uso de sistemas tecnológicos que ayuden a buscar, identificar y procesar la información relacionada con políticas públicas.
Hoy, hablar de pueblo en un modelo de democracia representativa no se agota en lo que decida la Cámara de diputados, el Senado, los congresos locales o los gobiernos, y es válido y deseable que en casos específicos se abran más ejercicios de votación.