“Brasil es un país racista”: Luedji Luna, la voz valiente de Bahía
El álbum 'Es muy bueno estar bajo el agua' está lleno de referencias a la religión afrobrasileña, al feminismo negro, al amor, la venganza y la celebración. Fotografía: Luedji Luna

Por Dom Phillips

El nuevo álbum visual de la cantante brasileña Luedji Luna tiene una gran riqueza de imágenes: de ella nadando bajo el agua embarazada, de ella bailando con extraños en el carnaval de su nativo Salvador, de ella llorando sola… pero hay una imagen que se queda en la mente. Se trata de una frase en portugués pintada con spray en la pared: “las mujeres negras son la revolución”.

Es muy bueno estar bajo el agua está lleno de referencias a la religión afrobrasileña, al feminismo negro, al amor, la venganza y la celebración. Es uno de los álbumes con mejores reseñas del año: “Es un álbum que habla de mí”, dice en una videollamada, “pero también puedo usar otras voces e imágenes de mujeres negras. Es un ‘yo’ que es un ‘nosotros’ entonces es colectivo”.

La frase “Las mujeres negras son la revolución” aparece durante la ominosa Ain’t I a Woman, cuyo título es también el nombre de un libro de la escritora feminista negra, bell hooks, y se origina en un discurso de 1851 de una esclava liberada llamada Sojourner Truth. “Dice bell hooks que el amor cura, y estoy llevando esta perspectiva a mi disco”, cuenta Luna, quien asegura que las mujeres negras “tienen que reclamar y tienen el derecho de amar y ser amadas”.

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En Brasil se pelea por ese derecho. Tres días después de esta entrevista, un día antes de la celebración del Día de la Conciencia Negra en Brasil, Joao ‘Beto’ Freitas, un hombre negro, murió afuera del supermercado Carrefour porque los guardias de seguridad lo golpearon y lo asfixiaron. Su familia denunció el racismo del asesinato y fue condenado en todo Brasil.  Empezaron las protestas afuera de todos los Carrefour y Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente Jair Bolsonaro y congresista de extrema derecha, se burló: “Ya tienen su George Floyd”.

El día que enterraron a Freitas, el presidente Bolsonaro se presentó frente al G-20 y subrayó la diversidad racial de Brasil y negó el racismo arraigado que hace que la mayoría negra sea más pobre, y con más probabilidades de morir por Covid 19, estar desempleado, muerto, preso o asesinado por un balazo a manos de la policía. Sergio Camargo, a quien Bolsonaro designó para encabezar la fundación principal de la cultura y la historia negra, declaró que los movimientos en favor de los derechos de los negros son basura y que la esclavitud era buena.

Esta falsa idea, esta falacia de la democracia racial es vieja”, dice Luna. Relajada en su sofá se ve cómoda, con gran agudeza intelectual y dispuesta a hablar de racismo y política en el régimen de Bolsonaro, a quien describe como una “aberración” y como una reliquia del pasado brutal de la colonia. “Tenemos toda la información que confirma y prueba que Brasil es un país racista”, agrega. “Somos un país que se construyó con esclavos”.

Entre la calma y la fuerza

Su primer álbum, Un cuerpo en el mundo, 2019, recibe ese nombre por el sentimiento de ser “una mujer negra de la diáspora en un país en el que no nos sentimos representadas”. Las canciones de su nuevo álbum se hicieron en parte durante su tercer viaje a África, que fueron como un regreso a casa para Luna, quien esperaba a su hijo Dayo mientras grababa y filmaba.

Grabado en Nairobi y Sao Paulo con el productor y guitarrista de jazz Kato Change, es muy melancólico, con percusiones elegantes, mucho jazz, contemporáneo y bañado en la cultura brasileña. La voz de Luna va y viene entre la calma y la fuerza, y sus letras son clínicas y poéticas.

Luna nació como Luedji Santa Rita en Salvador, capital del estado de Bahía en el noreste del país y que es la ciudad con la mayor proporción de personas negras en Brasil. Allí creció en el barrio obrero de Brotas. Sus padres se conocieron en el movimiento a favor de los derechos de los negros. Su hogar estuvo siempre lleno de música, pero los padres de Luna querían que ella tuviera un trabajo estable así es que estudio Derecho.

Las palabras le han servido para escapar del bullying que experimentó cuando era adolescente porque era una de las pocas niñas negras en una escuela privada. Era muy tímida y callada. “La escritura me ayudó a romper el silencio”, cuenta. “Esta escritura se convirtió en música”.

También fue muy infeliz después de la universidad. Practicaba yoga y meditación. Se dio cuenta de que quería cantar y se gastaba su sueldo de practicante de la Corte en clases de canto. Se mudó a Sao Paulo y conoció a cineastas como Joyce Prado, quien dirigió la versión de 23 minutos de la película del álbum completo en Salvador y el video de su éxito de 2017 Baño de hoja. “En Salvador depende de la gente que conoces”, afirma. “En Sao Paulo, tienes que ser bueno”.

Visual y musicalmente hay alusiones a Candomblé, la religión afrobrasileña que sigue Luna y que trajeron y desarrollaron los esclavos africanos. Es una religión tolerante y subjetiva cuyas deidades son fuerzas de la naturaleza. Los seguidores celebran en ceremonias que duran toda la noche con percusiones hipnóticas en donde son poseídos por las deidades. Cada seguidor tiene un santo patrono y el álbum abre con una canción y ritmo dedicado al santo de Luna: Bessém o Oxumaré, que se representa con un arcoiris o una serpiente.

El Candomblé está muy ligado a la samba en Rio y al carnaval, se encuentra presente en los trabajos de los músicos brasileños como Gilberto Gil y Dorival Caymmi. Pero sus seguidores cada vez más son atacados por los extremistas y los evangelistas de Brasil, muchos de los cuales apoyan a Bolsonaro y piensan que Candomblé es diabólico. Luna quiere “desmistificarlo, que dejen de demonizarlo”, lo que también quiere hacer por los brasileños negros.

Queremos hablar sobre hambre, dolor, tristeza. Pero podemos cantar sobre otras cosas. Vivimos otras cosas también. Es por esto que hablo del amor, para escapar de este estereotipo, de esta expectativa de dolor cuando piensas en las mujeres negras”, sentencia. “Hablo del amor para sanar. Hablo del amor como fuerza”.

Traducido por Andrés González.

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