Los trabajadores de la moda pasan hambre a causa de las cancelaciones
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Annie Kelly/The Guardian

Una consecuencia catastrófica de la decisión de la industria de la moda de cancelar miles de millones de dólares al principio de la pandemia dejó a los trabajadores de la industria del vestido con serios problemas de escasez de alimentos a causa del recorte salarial y el cierre de fábricas.

Entrevistas con casi 400 trabajadores de la industria del vestido en Myanmar, India, Indonesia, Lesoto, Haití, Etiopía, El SAlvador, Camboya y Bangladesh realizada por el grupo de derechos humanos Worker Rights Consortium (WRC), encontró que casi 80% de los trabajadores, que fabrican ropa para algunas de las marcas más grandes de moda del mundo están pasando hambre. Casi una cuarta parte de los entrevistados dijeron que se enfrentan casi a diario a la escasez de alimentos.

La mayoría de los entrevistados (60%) todavía conservaban su empleo en fábricas de ropa para marcas extranjeras. El reporte indica que en los nueve países, los trabajadores han experimentado una caída de 21% de salarios desde principio de año, lo que los ha llevado a no poder cubrir los costos básicos de la vida.

Otros perdieron su empleo cuando las fábricas cerraron o corrieron y suspendieron a sus empleados porque las marcas cancelaron órdenes o retiraron sus negocios al comienzo de la pandemia.

“Las marcas tienen una gran culpa por la destitución que están viviendo los trabajadores”, dijo Penelope Kyritsis, director de investigación estratégica del WRC.

“La industria de la moda ha hecho que los trabajadores en el extranjero sean exquisitamente vulnerables a esta crisis porque les pagan salarios crónicamente bajos, y dejan a los trabajadores sin protección y sin capacidad de absorber los golpes económicos de la pandemia. Y la respuesta de la industria a la crisis ha hecho que las cosas empeoren. A menos de que algo se haga para ayudarles, vamos a ver un gran sufrimiento en las cadenas de abastecimiento del mundo”.

Una trabajadora camboyana que habló con The Guardian perdió su trabajo en abril cuando cerró la fábrica porque las marcas cerraron sus negocios y cancelaron pedidos. Dijo que no le habían pagado su salario y que le debían cerca de 40 mil pesos. Ha tenido que pedir préstamos y ahora sólo come una vez al día para asegurarse de que su hija de 3 años come lo suficiente.

“Antes de perder mi empleo podía estirar el dinero pero cuando cerraron la fábrica me quedé sin nada”, dice. “Ahora mi esposo y yo sólo estamos comiendo arroz para que mi hija no pase hambre. No sé cómo hacer para que la fábrica me dé el dinero que me debe”.

Para seguir alimentando a sus hijos, el 75% de los trabajadores dijeron que habían pedido préstamos o se habían endeudado desde el principio de la pandemia.

Una trabajadora de Indonesia dice que su fábrica cayó en bancarrota en septiembre debido a la cancelación de órdenes de los compradores extranjeros. Ahora sobrevive gracias a la caridad de sus vecinos y no puede pagar sus deudas.

“Aquí sólo hay trabajo en las fábricas de ropa”, dice. “Ya tengo 40 años y cuando busco empleo me dicen que estoy muy vieja. No sé cómo voy a pagar el dinero que debo”.

La profesora Genevieve LeBaron, profesora de política de la Universidad de Sheffield y coautora del reporte, dice que la deuda creciente de los trabajadores es uno de los aspectos más alarmantes de la investigación.

DIce que “el 75% de los 400 trabajadores con los que hablamos dijeron que pedían dinero prestado para comer, y casi la mitad de estos trabajadores siguen trabajando en la misma fábrica que antes de la pandemia, lo que quiere decir que incluso aquellos que pudieron conservar sus empleos están pidiendo dinero para lidiar con la pérdida de ingresos.

“Lo más importante es que los trabajadores de la industria del vestido de nueve países con diferente demografía de trabajo e industria están experimentando las mismas dificultades… Este es un sistema en el que los trabajadores del nivel más bajo corren más riesgo y pagan el precio cuando las cosas salen mal”.

Las marcas de moda cancelaron cerca de 15 mil millones de dólares de pedidos cuando por el confinamiento se cerraron las tiendas.

Las compañías de ropa tienen contratos con cláusulas de fuerza mayor con los proveedores extranjeros para cancelar órdenes. Muchas de estas órdenes ya estaban terminadas pero las marcas se rehusaron a aceptar el embarque, lo que dejó a los proveedores varados con millones de dólares en bodega.

Las fábricas se ven obligadas a cerrar a causa del Covid, y la negativa de los compradores extranjeros para seguir pagando los salarios de los trabajadores, explica el reporte, llevó a recortes masivos y a recortes de horas y salarios.

WRC dice que aunque algunos minoristas llegaron a un acuerdo para pagar por las órdenes canceladas en su totalidad, otros se niegan. Un análisis reciente de la información de importaciones del gobierno de EU y Europa habla de un hoyo de 16 mil millones de dólares en importación de ropa en 2020, en gran parte por la cancelación de órdenes.

“Lo más preocupante es que las marcas están ahora explotando la desesperación de sus proveedores y exigen precios menores y planes de pago más lentos, lo que aumenta la presión sobre los salarios y hace inevitable la pérdida de empleos”, dice Kyritsis.

El reporte dice que la industria de la moda debería proporcionar apoyo en efectivo a los trabajadores del extranjero durante la crisis del covid y asegurarse de que a los trabajadores se les despida legalmente y se les liquide.

Traducida por Andrés González.

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