‘Mal precedente’: critican planes de Australia para construir un aeropuerto en Antártica
Foto: Danielle Barnes en Unsplash

Australia planea construir el proyecto de infraestructura más grande en la Antártica: un nuevo aeropuerto con pista de aterrizaje que aumentaría la huella humana en el área virgen más grande del planeta alrededor del 40%.

Es probable que el megaproyecto involucre la reubicación de colonias de petreles y pingüinos, y el entierro del área natural bajo 115,000 toneladas de concreto.

El gobierno en Canberra dijo que el proyecto en Vestfold Hills, en el territorio Princess Elizabeth, es necesario para proporcionar acceso a científicos y equipos de emergencias a la estación de investigación Davis, la base australiana más al sur de la Antártica, durante todo el año. Las cuestiones estratégicas son otra consideración. Australia quiere contrarrestar la creciente presencia de China en el continente helado.

Los científicos ambientales dicen que el plan de miles de millones de dólares es un desperdicio de dinero, y podría desatar una carrera de construcciones destructivas entre los rivales territoriales.

“La escala de inversión e impacto ambiental en la Antártica no tiene precedentes. Aunque digan que es en nombre de la ciencia, a muy pocos científicos les entusiasma la idea. Esto es más sobre nacionalismo. Se trata de endurecer la presencia de Australia”, dijo Shaun Brooks, científico ambiental del Institute of Marine and Antarctic Studies de la University of Tasmania.

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Él estima que el proyecto añadirá un 40% a la infraestructura existente en el continente, lo que sería dañino e innecesario.

“No puedo evitar pensar que esto será como un elefante blanco. ¿Cómo puedes justificar una pista de aterrizaje de miles de millones de dólares para una base donde sólo hay 19 personas en el invierno, y que recibe mantenimiento sin problemas desde 1957?” dijo Brooks.

La propuesta de Australia sería de 2.7 kilómetros de largo y 40 metros de ancho y, a diferencia de las pistas existentes de hielo y grava, sería una estructura permanente construida sobre el paisaje con cemento y 11,500 bloques de concreto de más de 10 toneladas cada uno.

La contaminación, el polvo, el ruido y las emisiones de carbono son otro problema. Transportar los materiales desde Hobart tomará más de una década y casi 100 viajes en rompehielos. El gobierno dice que el aplanamiento del terreno sería con explosiones, trituración y rellenos con un total de tres millones de metros cúbicos de terraplenes. El proyecto requerirá la construcción de un almacén para los explosivos, reclamación de tierras marítimas para un nuevo muelle, tanques para combustible de aviación y un camino de acceso de 4 kilómetros.

Además de la destrucción del hábitat de la vida silvestre durante la construcción, la operación del aeropuerto terminado traería disrupciones constantes para las colonias de petreles gigantes, focas y pingüinos de Adelia.

Múltiples estudios e historias muestran el impacto negativo de la aviación sobre la vida silvestre de la Antártida. En los 1980s, el vuelo de un solo avión de correos provocó una estampida de pingüinos rey que causó 7,000 muertes. Vestfold Hills es donde anidan las colonias de pingüinos de Adelia, quienes deben permanecer quietos sobre sus huevos durante largos periodos de tiempo para que los polluelos eclosionen correctamente. Si las madres se alteran por culpa de un avión, es probable que dejen sus huevos expuestos a vientos helados y depredadores.

Uno de los que han alzado la voz contra el proyecto es Geoff Dimmock, un director de logística retirado. Como antiguo organizador de entregas de correo y repartición de suministros en la región, dijo que no hay forma de evitar el ruido y la contaminación del proyecto. “No quiero que aplanen las colinas”, dijo. “Es un pésimo precedente para el medio ambiente. Y es dinero mal gastado”.

Algunos políticos han cuestionado si el gobierno romperá sus propias reglas, pues indican que ningún avión debe volar en un radio de 2.1 kilómetros de una colonia de pingüinos y que no debe haber ninguna pista a 500 metros de focas en proceso de reproducción.

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Peter Whish-Wilson, senador de Tasmania por el Green Party, llegó aún más lejos durante una sesión del parlamento en octubre. Preguntó: ¿cómo se alinea el proyecto con la huella humana más grande en la historia de la Antártida con el objetivo expreso de Australia de promover “el liderazgo y la protección del medio ambiente” en la región?

La Australian Antarctic Division dijo que la evaluación ambiental se analizará localmente, se enviará a las otras naciones del Tratado de la Antártida y se pondrá a consulta popular en Australia y en el mundo.

“La construcción del aeródromo tendrá algunos impactos inevitables y estamos comprometidos a comprender los riesgos ambientales y a implementar medidas de protección con los estándares más altos posibles, y de acuerdo con los requisitos legales”, dijo un representante en un comunicado por email para The Guardian.

Los planes para un aeropuerto permanente en Davis surgieron hace varias décadas, pero los gobiernos anteriores se han resistido por el costo. En años recientes, la idea revivió y ahora la impulsa Kim Ellis, la cabeza de la Australian Antarctic Division y una antiguo oficial militar y director ejecutivo de Sydney Airport.

La Australian Antarctic Division dice que es necesario mejorar las opciones actualmente disponibles. Los vuelos a la Antártica aterrizan en pistas de hielo azul en el Wilkins Aerodrome durante el verano del sur entre octubre y marzo. Esto es cada vez menos funcional por el cambio climático. Las altas temperaturas desestabilizan la superficie de la pista. Los cierres por ese derretimiento solían durar seis semanas. El verano pasado, la cifra aumentó a diez semanas.

Los planes para construir una pista pavimentada están bajo evaluación ambiental. Se espera que haya discusiones sobre el presupuesto en 2022. Si se conceden los permisos, la construcción iniciará en 2023 y terminaría en 2040.

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Los conservacionistas dicen que el proceso de evaluación es defectuoso porque lo autorizará la ministra de medio ambiente Sussan Ley, quien es de las principales defensoras de los planes. Ella los describió como parte de “una nueva era de exploración australiana en la Antártica”. El gobierno también está al tanto de las expansiones de China y Rusia en sus bases de la región.

Los activistas dicen que hay alternativas viables, como aeronaves que utilicen esquís en lugar de llantas para despegar y aterrizar. El ejército de Estados Unidos demostró que eso es posible hasta durante la oscuridad del verano regional, pues en 2008 llegaron hasta una de sus bases con visión nocturna para evacuar a un explorador herido.

Brooks dijo que el plan del aeropuerto australiano fijará el precedente equivocado.

“La escala de esto está más allá de nuestros requerimientos. Creo que poner esta gran bandera motivará a otros a hacer algo similar”, dijo. “No va de acuerdo con la afirmación de Australia de ser un líder ambiental. La Antártica es especial. En el resto del mundo, la naturaleza se mide por lo que queda. En la Antártida todavía funciona al revés”.