Vive l’indifférence! Habitación 2806 expone la indiferencia de Francia al #MeToo
Dominique Strauss-Kahn, en el centro, es trasladado desde la custodia policial a un tribunal de Nueva York en 2011 en la Sala 2806: La acusación. Fotografía: Netflix

La mayor parte de la gente apenas tiene un recuerdo de lo que pasó después de que el exaspirante a la presidencia francés y presidente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, fue acusado por abuso sexual de una empleada de un hotel de Nueva York en 2011. De eso trata el documental de Netflix Habitación 2806: La acusación, que tiene todas las cualidades para ser un interesante thriller político. ¿A quién le van a creer? ¿A la migrante que limpia hoteles y es madre soltera que vive en un piso en el Bronx, o al político con gran poder mundial e inmensamente rico?

Este documental de cuatro partes provoca tensión y tiene un gran material de trabajo. Hay mucho material de video de CCTV, que se graba desde el techo. La camarera Nafissatou Diallo entra a la suite presidencial, y después sale muy alterada y su supervisora la lleva las oficinas subterráneas y deterioradas en las entrañas del edificio, lejos del lujo del hotel, en donde llora y cuenta que abusó de ella Strauss-Kahn cuando hacía la limpieza de su habitación.

Un supervisor del hotel hace la llamada al 911 y los videos de CCTV muestran cómo rápidamente Strauss-Kahn firma su salida del hotel. Se presentan entrevistas detalladas con Diallo que explica su renuencia a ir a la policía y describiendo cómo los eventos de ese día cambiaron su vida. Aparecen contribuciones dramáticas por parte de la policía de Nueva York y los fiscales, y recrean el momento en que Strauss-Kahn fue arrestado a bordo de un jet de Air France cuando estaba a punto de volar a París desde el JFK. Después lo llevan a la cárcel en Nueva York.

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El elemento más extraordinario de este documental es la actitud indulgente de los compañeros políticos y de los votantes franceses, como previa a Harvey Weinstein y al #MeToo. Strauss-Kahn se monta en una fuerte defensa que mantiene hasta la fecha de que el incidente fue de mutuo acuerdo. En Nueva York sus colegas del FMI sólo se alzaban de brazos y concluían: “¿Qué esperabas? ¡Es francés! 

En Francia sus seguidores lo disculparon y los ministros del partido socialista lo respaldaron totalmente y diez años después lo siguen haciendo. En entrevista para el programa, Jack Lang, exministro de cultura pregunta: “Et alors? Et alors? ¿No puede ser sensual el presidente?”

Lo que sucedió en la habitación 2806 continúa sin saberse. Aunque (spoiler alert) los cargos por abuso sexual se retiraron, Diallo ganó un acuerdo sustancioso no se sabe de cuánto en una acción civil. Pero el caso hizo que salieran reportes de episodios menos visibles del llamado comportamiento sensual. DSK en un coche con prostitutas en París en el Bois de Boulogne. DSK agrediendo a una prostituta en una fiesta swinger que le organizaron en Francia. DSK molestando sexualmente a una periodista de 23 años que estaba tratando de entrevistarlo.

Y a pesar de todo, se mantiene una postura benigna hacia Strauss-Kahn. ¿Por qué tendría la necesidad de atacar a mujeres? pregunta un colega. “Es encantador, brillante, inteligente, y a veces chistoso. ¿Por qué tendría que hacerlo?” Un comentarista de la televisión francesa se pregunta la razón de por qué les impacta tanto esto puesto que a los políticos les encanta el sexo y esto es parte de la cultura del país.

A los franceses siempre les ha molestado la obsesión de los tabloides británicos con la vida privada de los políticos, e insisten que no es importante y que ellos tienen su vida privada. En 2021, la noción de la vie privée sólo parece un pretexto para permitir que los políticos franceses hagan lo que quieran. ¿Si es grosero hacer preguntas no tienen entonces el derecho de tratar a las mujeres tan mal como ellos quieran? Es difícil pensar en una mujer política que haya tenido que defender su derecho a mantener en privado su vida privada. Por su parte, el presidente Mitterrand tenía dos casas y dos familias. El presidente Chirac tuvo muchos romances y su equipo de seguridad ya sabía que eran “cinco minutos incluyendo un regaderazo”. Francois Hollande andaba con todas.

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Esta indulgencia cultural se deja ver claramente en la escena más impactante de Room 2806. La escritora Tristane Banon cuenta cómo la atacó en 2002 DSK, cuando tenía 23 años y realizaba una entrevista para Paris Match, en donde había entrado a trabajar como becaria. Recuerda que se sorprendió cuando la llamó y le dijo que tenía que decir más cosas y la invitó a una segunda reunión en un departamento cerca de la Asamblea Nacional. Ella recuerda que le pareció extraño que el departamento estuviera vacío, nada de libros ni pertenencias, pero prendió su grabadora y empezó la entrevista.

DSK le dijo que no hablaría a menos que le sostuviera la mano, y apagó la grabadora. Él trató de quitarle la ropa, le cuenta a la cámara, y terminaron peleando en el sofá y ella huyó. Ella dice que cree que nadie la habría tomado en serio si lo reportaba con la policía, pero describió el ataque en la televisión cinco años después durante un programa de entrevistas frente a un grupo de hombres de mediana edad.

Se desenterró el video y se incluye. Resulta un tanto hilarante cuando describe cómo él trataba de desabrocharle los jeans y el bra, e ignora sus gritos de ayuda. El anfitrión Thierry Ardisson dice “Oh, j’adore!” y los otros invitados se ríen. Banon sonríe pero está incómoda. Nadie expresa sorpresa o enojo.

“Cuando dije” ¡Me encanta!” lo hice porque pensaba que era sustancioso, que iba a hacer ruido”, explica un Ardisson como disculpándose a medias con los documentalistas, y reconociendo que diez años después esto suena muy raro. “No dije que me gusta la violación”. Pero también se encoge de hombros como si no valiera la pena recordar la historia. “Los políticos que atacan a las mujeres jóvenes era algo común y lo sigue siendo. El libertinaje y el desenfreno del siglo XVIII son parte de la cultura”.

Habitación 2806: La Acusación es algo confusa de ver porque retrata el orden político patriarcal que se está acabando poco a poco, pero no lo suficientemente rápido. Estas actitudes están totalmente fuera de época pero siguen existiendo.

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Strauss-Kahn no quiso que lo entrevistaran para el documental y no tiene récord criminal, explican los documentalistas. Insiste en que el encuentro con Diallo fue de mutuo acuerdo. Desde que renunció al FMI ha trabajado como asesor en Sudán del Sur, Rusia, Ucrania y se casó por cuarta ocasión. El equipo de defensa de Strauss-Kahn deshizo la reputación de DIallo com era de esperarse. Tuvo que abandonar su casa y no pudo regresar a su trabajo. Aún así dice sentir algo de satisfacción por el papel que jugó para convencer a otros para decir su verdad, como en una mini ola de furia previa al movimiento del #MeToo.

Room 2806 está disponible en Netflix.