¿Quiénes son los talibanes y cómo gobernarán Afganistán esta vez?
Un grupo de combatientes talibanes altamente armados recorre las calles de Kabul tras tomar el control de la capital afgana. Foto: EPA

¿Quiénes son los talibanes?

Los talibanes surgieron de los combatientes muyahidines que se opusieron a los rusos durante la invasión soviética de Afganistán, que comenzó en 1979. Fundados por el mulá Mohammad Omar, un imán local de Kandahar, en 1994, inicialmente estaban conformados por un pequeño grupo de estudiantes de una madrasa que estaban enojados por las depredaciones de los caudillos durante la guerra civil que se produjo tras la retirada soviética en 1989. Su influencia se extendió rápidamente durante los dos años siguientes.

¿Cuáles son sus creencias?

Los talibanes suelen ser descritos como personas que practican una estrecha interpretación de la ley islámica sharia, inspirada en la escuela fundamentalista Deobandi. Sin embargo, en 1998, durante su primer período en el poder, el cual finalizó tras la invasión liderada por Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los talibanes difundieron su propia interpretación, severa y en ocasiones esotérica, de la vida islámica, inspirada en el código tribal pastún, el pashtunwali.

Esto excluyó a las mujeres de la vida pública, les prohibió en su mayoría trabajar o estudiar y las confinó en sus casas a menos que estuvieran acompañadas por un tutor masculino. Las ejecuciones públicas y los azotes eran habituales, se prohibieron las películas y los libros occidentales y se destruyeron artefactos culturales considerados como blasfemos por el Islam.

Algunos han sugerido que la última iteración de los talibanes, cuyo nombre significa “los estudiantes”, tiene el potencial de ser más moderada que durante el periodo de 1996-2001, pero esto ha provocado el escepticismo de los demás.

Entre las consecuencias inmediatas después de su conquista relámpago sobre Afganistán, incluida la capital, Kabul, este verano, ha habido indicios preocupantes de que poco puede haber cambiado, ya que han cubierto con pintura imágenes en las que aparecen mujeres, se han colocado guardias afuera de las casas de mujeres importantes, incluidas las políticas, y se ha informado sobre el asesinato de opositores.

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¿Cómo gobernarán?

Como Ahmed Rashid señaló en su historia autorizada del año 2000, Los talibán, publicada antes de la caída del primer régimen talibán, un problema fundamental del grupo en ese entonces era que estaba “esencialmente atrapado entre una sociedad tribal que intentaban ignorar y la necesidad de una estructura estatal que se negaban a establecer”.

Cuando los talibanes tomaron el poder, como ha señalado el exviceministro de Defensa afgano Tamim Asey, “no tenían fondos ni un plan o programa de gobierno que fuera más allá de una idea vaga y generalizada de un gobierno basado en el sistema de la sharia”.

¿Han cambiado? Esa es la pregunta clave. Como sugirió Thomas Ruttig en un artículo para la revista Sentinel del Centro de Combate contra el Terrorismo en marzo: “Durante su resurgimiento (después de 2003), y en particular su expansión hacia las regiones no pastunes, los talibanes demostraron ser cada vez más una organización que aprende”.

“Creció la conciencia dentro de su movimiento de que sus propias políticas (represivas) habían provocado su aislamiento global, así como la oposición de muchos afganos, incluidos aquellos que habían recibido en un inicio a los talibanes cuando casi pusieron fin a las guerras entre facciones en la década de 1990”.

Eso se ha evidenciado en un cierto pragmatismo y una mayor apertura en materia de política exterior.

Sin embargo, Ruttig señala que los talibanes, “a diferencia de otros grupos insurgentes armados en otros lugares”, nunca han desarrollado un ala política distinta de su brazo militar, y lo más parecido a una estructura política es una oficina de negociaciones en Doha.

Es probable que la labor de gobernar, y no menos importante la de resolver problemas, se vea nuevamente restringida por lo que ellos consideran religiosamente apropiado dentro de sus muy estrechas restricciones.

Los talibanes también han eludido recientemente la cuestión de la forma de gobierno que pretenden, aunque los comentarios de algunos funcionarios han indicado que planean retomar el modelo anterior de un emirato islámico. Las sugerencias sobre las últimas intervenciones de que los talibanes entienden que deberían compartir el poder más abiertamente con otros intereses en Afganistán pueden dejar de ser válidas dada la magnitud de su reciente victoria.

¿Quién dirigirá la forma de gobierno que surja?

Es una cuestión aún incierta. Las estructuras de liderazgo y de toma de decisiones de los talibanes son complicadas e incorporan diferentes redes. Sin embargo, se ha sugerido que los talibanes estaban más interesados en adoptar una forma de gobierno centralizada y vertical, incluido un modelo iraní con un consejo religioso por encima de un presidente electo.

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¿Qué pasa con asuntos como los derechos de las mujeres?

La nueva iteración de los talibanes ha hablado, aunque a menudo muy contradictoriamente, sobre lo que afirma es un enfoque menos estricto hacia las mujeres en comparación con la década de 1990, aunque gran parte de este parece estar diseñado para el consumo externo durante las negociaciones en Qatar.

La declaración pública del líder suplente, el mulá Abdul Ghani Baradar, sobre que el modelo de derechos de la mujer que se promovió durante la intervención liderada por Estados Unidos solo condujo a la inmoralidad y a los valores antiislámicos, es probablemente el mejor indicativo de la postura de los talibanes al respecto.

¿Los talibanes acogerán a grupos como Al Qaeda?

En el acuerdo de paz firmado con Estados Unidos el año pasado, los talibanes se comprometieron a luchar contra el terrorismo y evitar que Afganistán se convierta de nuevo en una base para cometer atentados, pero evidentemente es algo que preocupa a Occidente.

A principios de este año, los máximos líderes del Pentágono señalaron que un grupo extremista como Al Qaeda podría regenerarse en Afganistán, y los funcionarios advierten ahora que este tipo de grupos podría crecer con mucha más rapidez de lo previsto. Afganistán también es hogar de una filial del grupo Estado Islámico que ha perpetrado una serie de horribles ataques dirigidos contra su minoría chiíta en los últimos años.