‘Nuestros hijos tienen hambre’: la crisis económica lleva a los afganos a la desesperación
La gente vende sus bienes domésticos en un mercado de Mazar-e-Sharif, Afganistán, debido a la insuficiencia económica. Foto: Anadolu Agency/Getty Images

Yasemeen está sentada en la parte trasera de un tráiler abierto con un montón de ropa vieja de su familia envuelta en bufandas y algunas libretas usadas que ya están llenas de la escritura de un niño. El vehículo se detiene en una concurrida glorieta en el centro de Mazar-e-Sharif, una ciudad que hasta la toma del poder por parte de los talibanes el mes pasado era conocida como la potencia económica del norte de Afganistán.

Ahora es un escenario de desesperación, ya que la crisis económica de Afganistán provoca que gente común como Yasemeen salga a la calle a vender sus últimas posesiones.

Mientras Yasemeen levanta ligeramente el dobladillo de su burka para bajar del tráiler, unos jóvenes se reúnen rápidamente para ayudar a descargar la mercancía. Puede que sean escasas, pero su única esperanza es venderlas para conseguir el dinero suficiente para enviar a sus familiares a Kabul en busca de trabajo. Su esposo, pintor y decorador, lleva meses desempleado.

Nuestros hombres se quedan sentados en casa y nuestros hijos tienen hambre“, comenta Yasemeen, quien solo acepta dar su primer nombre.

Su familia es una de las muchas que han salido a la calle para intentar conseguir el dinero que tanto necesitan. Al lado de la calle parece que han vaciado casas enteras en el asfalto, donde se han colocado rápidamente teteras, cojines, libros y osos de peluche para su venta.

Un mercado de segunda mano donde la gente vende sus pertenencias materiales en Mazar-e-Sharif. Foto: Anadolu Agency/Getty Images

Desde que los talibanes tomaron Kabul el 15 de agosto, ha aumentado la preocupación por el colapso financiero en Afganistán. Con los bancos cerrados durante semanas y los cajeros automáticos sin dinero, incluso los afganos que tienen ahorros no han podido sacar su dinero. El miedo al nuevo orden en las calles, donde ahora patrullan los combatientes talibanes, ha provocado que mucha gente decida pasar más tiempo en casa, obligando el cierre de tiendas y restaurantes.

En el vacío existente entre el antiguo gobierno y la nueva administración talibán, muchos empleados del Estado no reciben su salario. Incluso antes de que los talibanes tomaran el control del país, aproximadamente la mitad de la población, 18 millones de personas, dependía de la ayuda humanitaria para sobrevivir, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Después de la toma del poder por parte de los talibanes, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que se avecinaba una catástrofe humanitaria en Afganistán. El nuevo nivel de dificultad económica resulta claramente visible en las calles de Mazar-e-Sharif.

En una polvorienta calle de asfalto entre dos carriles de tráfico muy transitados, Haji Nader, de 70 años, se sienta junto a un montón de utensilios de cocina extendidos sobre una tela polvorienta. Les compra sus artículos a familias que necesitan dinero para comer o que intentan reunir el capital para huir del país, comenta.

Estas cosas pertenecían a familias que quieren ir a Turquía, Europa o Canadá. Muchas personas intentan huir ahora”, dice Haji desde la sombra de un paraguas. “El nuevo gobierno debería crear empleos para los ciudadanos porque la gente es muy pobre. Los ves aquí intentando vender sus cosas solo para poder comprar cuatro o cinco piezas de pan“.

La frágil economía de Afganistán depende de la ayuda extranjera. Tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional (FMI) suspendieron la financiación de sus proyectos en el país como respuesta a la toma de control de la capital por parte de los talibanes.

Estamos profundamente preocupados por la situación en Afganistán y el impacto en las expectativas de desarrollo del país, particularmente para las mujeres”, señaló la vocera del Banco Mundial, Marcela Sánchez-Bender, a CNN Business, tras la toma de Kabul por parte del grupo insurgente.

Sin embargo, muchos afganos creen que dejar a Afganistán sin apoyo económico internacional afectará más a la población común que a los talibanes. De acuerdo con el Banco Mundial, la ayuda económica extranjera cubre el 75% del gasto público. Los empleados del gobierno, como los profesores y las enfermeras, afirman que la nueva administración talibán no les está pagando.

“No me importa si los talibanes me obligan a usar un burka. Soy afgana, visto el burka y el hijab de todos modos”, declara Shaparak, madre de 10 hijos, y añade: “El problema ahora es que nadie en este país tiene trabajo“.

Está platicando con algunos amigos en una pequeña tienda que vende spray para el cabello, botones, teteras y bufandas. La propietaria de la tienda, Maryam, de 34 años, comenta que el negocio ha disminuido durante varios meses, y que sufrió un golpe importante desde la toma de la ciudad por parte de los talibanes el 14 de agosto, un día antes de que el grupo tomara el control de Kabul.

Estados Unidos y otros países solo se llevaron a los ricos. El resto de nosotros seguimos aquí, nos dejaron en la pobreza“, señala Maryam.

Como muchas otras mujeres, le preocupa el tipo de nuevas leyes que implementarán los talibanes y cómo influirán en la vida de las mujeres. Sin embargo, no piensa cerrar su tienda y no ha cambiado su forma de vestir.

“Si los talibanes impiden que las mujeres trabajen, tal vez nos opondremos a ellos, porque necesitamos trabajar. ¿A quién no le gustaría relajarse en casa con suficiente dinero, sin tener que trabajar? Pero yo trabajo por mi hijo, tengo que trabajar”, comenta.