Trabajadores de la salud pública de EU renuncian ‘en masa’ en medio del agotamiento por la pandemia
De la misma forma en que la pandemia ha alimentado una crisis de agotamiento entre el personal médico de primera línea, ha sido calamitosa para la salud mental de los trabajadores del sector de salud pública. Foto: Rex/Shutterstock

Alexandra* trabajaba en la unidad de emergencias de salud pública de una importante ciudad del noreste de Estados Unidos cuando se produjo la primera ola de la pandemia. Aunque su trabajo consistía en la investigación de políticas de salud pública, y no en el tratamiento de pacientes de Covid-19 en la primera línea del sistema de atención médica, recuerda la primavera de 2020 como una borrosa sucesión de turnos de 24 horas.

A partir del pasado mes de marzo, Alexandra calcula que ella y sus compañeros trabajaron el equivalente a tres años de tiempo completo en 12 meses.

No había horas extras, no había remuneración por riesgo“, recuerda Alexandra. En todo el departamento de salud pública en el que trabajaba, los síntomas de ansiedad, depresión y malestares físicos relacionados con el estrés eran habituales entre el personal.

Este verano, a pesar de las protestas de sus superiores, Alexandra renunció. Comenta que es una de los aproximadamente 25 miembros del personal que han dejado el departamento desde el inicio de la pandemia.

La historia de Alexandra no es la única. De la misma forma en que la pandemia ha alimentado una crisis de agotamiento entre el personal médico de primera línea, ha sido calamitosa para la salud mental de los trabajadores del sector de salud pública, los analistas de datos y los asesores políticos cuyas recomendaciones se supone que deben definir la respuesta de la nación a la pandemia. Muchos consideran que los funcionarios elegidos les dan largas y que son los chivos expiatorios del número de muertos de Covid-19.

Algunos, como Alexandra, están eligiendo dejar su trabajo para siempre.

Los resultados de una encuesta nacional de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades realizada a trabajadores del sector de salud pública, publicada este mes de julio, fueron reveladores. De las más de 26 mil personas encuestadas que trabajan en los departamentos de salud pública de todo Estados Unidos, más de la mitad declaró presentar síntomas recientes de al menos un trastorno mental importante. Su prevalencia de trastorno de estrés postraumático fue de un 10 a un 20% mayor que la de los trabajadores médicos de primera línea y la población en general.

Algunos trabajadores de salud pública, entre ellos Alexandra, mencionan la falta de cooperación de los funcionarios electos como una fuente impulsora del exceso de trabajo y el descontento generalizados. Otros incluso comentan que se han visto presionados por los funcionarios electos para modificar sus resultados y adaptarlos a una agenda política.

“Cuando no les gustó cómo lucían nuestros (datos sobre) la cobertura de vacunación por raza/etnia, me pidieron a mí, el miembro menos experimentado del departamento de salud, que alterara las cifras para incrementar artificialmente las categorías de personas negras e indígenas“, alega Kristine*, epidemióloga en un departamento de salud de Connecticut.

Mientras tanto, los trabajadores del sector de salud pública son objeto de un creciente resentimiento. Desde el pasado mes de marzo, aumentaron las amenazas contra los funcionarios de salud pública. En un incidente de alto nivel, el pasado julio, una multitud enfurecida atacó al Dr. Faisal Khan, director en funciones del departamento de salud de St Louis, en una reunión sobre los mandatos de cubrebocas. Los asistentes descontentos lanzaron epítetos racistas y rodearon a Khan después de la reunión como una turba.

Ya no le cuento a los desconocidos cuál es mi trabajo“, comenta Rey*, una recién licenciada en salud pública que se incorporó al departamento de salud e higiene mental de la ciudad de Nueva York como analista de datos durante la pandemia. Rey cuenta que incluso algunos miembros de su familia, que en su momento apoyaron su decisión de estudiar epidemiología en la universidad, ahora desprecian abiertamente las indicaciones de los expertos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y de los departamentos de salud pública locales.

Es difícil valorar si la gente reaccionará de forma visceral a lo que hago“, comenta.

La Dra. Morgan Philbin, profesora adjunta de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Columbia, está de acuerdo. A lo largo de la pandemia, Philbin ha presentado un segmento informativo para una emisora de radio conservadora en su ciudad natal de California. Cuenta que, aunque ha conseguido conectar con algunos oyentes, ha recibido su dosis de hostilidad.

Es muy fuerte ver cómo la gente desprecia nuestro oficio y argumenta que no hacemos lo suficiente, o que no sabemos lo que estamos haciendo, cuando nada podría estar más alejado de la realidad”, comenta Philbin. “Sabemos exactamente lo que tenemos que hacer. Lo que ocurre es que la gente se niega a escuchar”.

El personal de salud pública ya había disminuido antes de la pandemia, pero el Covid-19 está acelerando esta tendencia descendente. En todo Estados Unidos, a finales del año pasado, más de 180 funcionarios de salud pública fueron despedidos o renunciaron a sus cargos en 38 estados. Las cifras actuales de dimisiones en el sector de salud pública son probablemente mucho más elevadas, sobre todo si se consideran los puestos a nivel de personal. Al mismo tiempo, los departamentos de salud pública se han enfrentado a recortes presupuestarios y desafíos a su poder.

Algunos profesionales de la salud pública temen que el número de víctimas de la pandemia suponga una amenaza existencial para su trabajo.

“Me preocupa que el sector (siga perdiendo) a mucha gente: personas que están próximas a la edad para jubilarse, pero también personas de mi edad”, comenta Rey, analista de datos de salud pública en la ciudad de Nueva York. Aunque es relativamente nueva en el trabajo, ha sido testigo de cómo muchos de sus contemporáneos han elegido tirar la toalla.

Ya están agotados y renuncian a su trabajo en masa“, comenta.

*Se cambió su nombre para proteger su identidad.

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