Los retos de comunidades indígenas ante la vacunación contra el Covid-19
Vacunación en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Foto: Cortesía / Ayuntamiento de San Cristóbal de las Casas

“La gente tenía muchos incentivos para no vacunarse“, comenta Javier López, encargado de la vacunación en la comunidad de Amatenango del Valle, a una hora de camino de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. “Tenía que desplazarse”, refiere.

La distancia en pesos se traduce a un pasaje de 80 pesos ida y vuelta para acudir a la localidad mayor a recibir la dosis gratuita para protegerse del Covid-19, enfermedad que según los datos oficiales hasta el domingo 8 de agosto había causado la muerte de por lo menos 244,420 personas.

“Para personas que tienen ingreso diario promedio de 50 pesos por familia, la vacuna no era gratuita”, comenta el coordinador de la brigada Correcaminos en el distrito 2 de Chiapas, donde se encuentra el municipio, habitado por poco más de 11 mil personas, donde unas 7,500 hablan alguna lengua indígena, principalmente tseltal, y de ellos, 1,111 no hablan español.

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en su reporte del pasado 4 de agosto, México sumaba 3,253 muertes por Covid-19 en la población indígena, y era el segundo país con mayor número de defunciones en esa comunidad, sumado a los 21,046 contagios.

“Es probable que haya muchos más infectados, pero es posible que no lo sepamos porque han tenido dificultades para recibir la atención contra la Covid-19 que merecen”, dijo entonces Carissa Etienne, directora de la OPS.

Aunque el comportamiento de los contagios es similar para este grupo con relación al total del país, la letalidad en la población indígena de México es superior, con una tasa de 14.4 defunciones por cada 100 contagios confirmados contra 8.5 de la población en general, indica Abril Muñoz-Torres, doctora de la Facultad de Medicina de la UNAM que ha analizado los indicadores de la pandemia en comunidades indígenas.

“Tiene que ver mucho con la vulnerabilidad que ellos tienen, tienen un menor acceso a pruebas, pero también a la atención primaria de salud. No cuentan con estructura hospitalaria donde puedan acceder a tratamientos más complejos”, añade.

Chiapas es la segunda entidad con la mayor proporción de hablantes de alguna lengua indígena, con 28.2%. En esa entidad donde las regiones son muy disímiles entre la montaña, la playa, la ciudad y la frontera, el inicio de la campaña de vacunación fue a través de los macrocentros de aplicación, similares a los de las grandes urbes, estrategia que no funcionó.

Hasta principios de julio, la entidad era la más rezagada en el avance de la aplicación de las dosis, con menos de 20%, por lo que se buscó modificar la estrategia, que para este domingo ya alcanzaba el 36%. En buena medida, la dificultad había sido acercarse a las comunidades fuera de los grandes centros urbanos.

De acuerdo con la Política Nacional de Vacunación contra el virus SARS-CoV-2 para la prevención de Covid-19 en México, la población en comunidades indígenas aparece como uno de los grupos de atención prioritaria para la vacunación, el cual es el tercer criterio para la definición del orden de aplicación de las dosis.

“Si bien es cierto que la mayor transmisión del virus se concentra en zonas urbanas, también es verdad que las personas de grupos históricamente discriminados, como pueden ser las comunidades indígenas, que con un grado mucho mayor de vulnerabilidad pudieran encontrar mayores obstáculos para acceder a los recursos de medicina crítica en el ámbito rural y, por lo tanto, tener un mayor riesgo de muerte”, detalla el documento, actualizado al 11 de mayo de 2021.

Sin embargo, no hay datos oficiales disponibles respecto de la cobertura en este sector. La-Lista consultó a la Secretaría de Salud (Ssa) sobre el avance de la vacunación en comunidades indígenas, pero no ha recibido una respuesta a la publicación de este trabajo. Según Muñoz-Torres, la información pública disponible en este momento no permite conocer el estado de la vacunación en esa población.

En tanto, esa dependencia solo ha publicado un informe sobre la población que se reconoce como indígena en relación con la pandemia de Covid-19 el pasado 29 de abril, pero en él no se informó sobre la vacunación.

Acercar las vacunas

En el cambio de estrategia para aumentar la vacunación en Chiapas, Javier resalta que se tomó en cuenta la diversidad de la entidad, dividida en 10 distritos sanitarios, uno de ellos el de Los Altos, donde se encuentra Atenango del Valle. A diferencia de la primera etapa, ahora sí se decidió instalar un centro de vacunación en esa localidad. Con ello se ha elevado el porcentaje de población inoculada en la zona, desde el 8% a principios de julio a 22% para esta semana, según el coordinador.

En otras entidades, como Veracruz, la tercera con mayor rezago en la vacunación contra el covid, se buscaron soluciones comunitarias. Jenifer Silvestre Macuixtle, originaria de Santa Cruz, en el municipio de Tequila, refiere que para ellos, la clave era facilitar el traslado de los habitantes de las comunidades a la cabecera municipal, un viaje redondo que en transporte público costaría unos 100 pesos por persona.

Sin embargo, para incentivar la vacunación y facilitar el acceso de las personas a los centros, se organizaron grupos para compartir el transporte.

“Con estas campañas, se realizaron algunos transportes para que se vinieran a vacunar. Hubo este apoyo para que vinieran a vacunarse, algunos fueron del ayuntamiento y algunos hicieron viajes entre varios”, comenta Jeni.

Falta de información

Desde principios de año, se publicaron en medios de comunicación diversos reportes sobre la reticencia de algunas comunidades rurales en México que rechazaron la aplicación de la vacuna, similar a lo que ocurrió al inicio de la pandemia, cuando ciertos grupos incluso desestimaron la existencia del Covid-19.

“Creo que la gente no tenía la información tan cercana, no se les hacía una reflexión sobre la propia enfermedad. Era imposible pensar que la gente se iba a vacunar de una enfermedad que para ellos no existe. La desinformación permeó en las comunidades indígenas, era muy negativa, con carga de bastante miedo”, abunda Javier.

A pesar de que la Ssa generó materiales en 62 lenguas indígenas para explicar el impacto y las medidas para prevenir el Covid-19, muchos de estos no llegaron a las comunidades, en parte por presentarse a través de plataformas digitales, pero también porque si bien alcanzaron casi todas las lenguas que se hablan en el país, no se consideraron las 364 variantes regionales de cada una de ellas, señala Carolina Sánchez, antropóloga investigadora del Programa Universitario de Diversidad Cultural e Interculturalidad de la UNAM..

“Las comunidades como en muchas ocasiones han reaccionado implementando estrategias propias para hacer frente a los problemas que enfrentan. Hay iniciativas tanto en comunidades donde jóvenes han estado difundiendo información en lenguas maternas”, contrasta.

Aunado a ello, se requiere analizar las condiciones de acceso a servicios de telecomunicaciones, y la proliferación de mensajes de miedo hacia la vacuna por el propio desconocimiento.

“Hay difusión de información falsa que ha generado desconfianza. Si este no se hace en lengua materna y considerando la cuestión cultural, no es lo mismo que lo explique a quien está en la ciudad contra quien está en otro contexto”, agrega la especialista.

Unas de las alternativas para subsanar estas carencias fue el acercamiento de la información en formatos más comunes para las comunidades lejanas a las grandes urbes, como el volanteo y el perifoneo.

Javier López cuenta que antes de intentar estas acciones, había un rechazo total a la vacunación e incluso acuerdos comunitarios para evitarla. Por ello, se acudió a las autoridades comunitarias como los líderes de asambleas, y no necesariamente a los gobiernos o las presidencias municipales, con el fin de convencerlos de la necesidad de prevenir la enfermedad. Una vez dado ese paso, se ajustó la estrategia de distribución, al llevar los centros de vacunación a cada población, y luego la comunicación, con voceo desde un vehículo días antes para convocar. Además de que se modificaron los rangos de edad, de modo que a diferencia de la estrategia por grupos etarios en otras partes del país, la convocatoria se hizo generalizada para todos los mayores de 18 años de la comunidad.

Otra estrategia que se usó fue el reparto de volantes, algunas veces con apoyos de organizaciones civiles, como el Fondo para la Paz, con la que trabaja Jenifer, que participó en la promoción de la vacuna en comunidades de Tequila.

“El INPI lo hizo pero no siempre llegaban estas informaciones a las comunidades. Nosotros como organización hicimos esfuerzos de traducción de información para mensajes impresos, para perifoneo, para distribución en redes sociales donde pudiera llegar esta información. Pero sí han sido insuficientes, era necesaria una campaña para combatir la infodemia que sí ha llegado a las comunidades rurales y que las personas entendieran por qué es importante la vacuna”, relata Magali Jáuregui, directora del fondo para la Paz.

Machismo, un factor en contra

En las comunidades donde Javier ha estado presente, ubica un tercer factor que incide en la diferenciación de la aceptación de la vacuna: el machismo.

Si bien en algunas localidades la población ha accedido a vacunarse por compararse con otras comunidades, en otras partes se presenta el rechazo a la inmunización por considerarla un signo de debilidad, principalmente por parte de los hombres.

La gente que más se vacuna son las mujeres. Son las que encabezan la vacunación porque son las que normalmente se encargan de llevar a vacunar a los hijos. Ya hay una experiencia y cercanía con la vacuna. Eso sí hay que decirlo, hay mucha resistencia de los señores, la vacunación masculina tiene otro ritmo, hay que tratar de convencer, porque además hay un machismo muy fuerte, (creen que) el hombre fuerte no va caer por una enfermedad, ‘entonces, ¿por qué me voy a poner algo si soy fuerte, si soy chingón?”, señala.

En su experiencia, relata que en el municipio de Santiago el Pinar, un colectivo feminista local se encargó de promover la vacunación para proteger a la comunidad, impulsado por mujeres jóvenes y también por parteras, quienes han ofrecido sus servicios durante la pandemia, por lo que también les resultaría indispensable una protección, al igual que a los médicos tradicionales de las comunidades indígenas, muchas de ellas, donde no hay centros de salud ni mucho menos hospitales.

“Hace falta más información y más sensibilidad por la cuestión de que la población indígena está atravesada por múltiples vulnerabilidades, no solo infraestructura de salud, seguridad social. ¿A quién recurren cuando no cuentan con una u otra? Acuden a los médicos tradicionales, y ellos no están considerados como médicos de primera línea que ya estén vacunados; sin embargo, están atendiendo malestares de covid en sus comunidades”, insiste Sánchez.