¿La cifra de muertes por Covid-19 a nivel mundial podría sea más alta de lo que se cree?
Un vendedor de fruta empuja su carretilla frente a un mural inspirado en el Covid-19 en Delhi. Algunos investigadores señalan que el número de muertes por Covid-19 en India podría ascender a 4 millones. Foto: Money Sharma/AFP/Getty

Durante los últimos 18 meses, agazapado en su departamento en Tel Aviv, Ariel Karlinsky ha explorado la web en busca de datos que podrían ayudarlo a calcular el verdadero número de muertes por Covid-19.

Este estudiante de economía de 31 años de la Universidad Hebrea de Jerusalén nunca había trabajado en asuntos de salud, pero le preocuparon los rumores al principio de la pandemia de que Israel no estaba experimentando un aumento de los índices de mortalidad por encima de lo esperado, y que por lo tanto el Covid-19 no era grave.

“Esto, por supuesto, no era cierto”, dijo. “El exceso de mortalidad definitivamente estaba ahí y definitivamente era muy visible”. Para demostrarlo, sacó las cifras, lo cual fue bastante fácil de hacer en Israel con su sofisticado sistema de estadísticas vitales.

Sin embargo, siguieron otros rumores. Uno de ellos era que los países que no habían aplicado ninguna o mínimas medidas de control, como Rusia, tampoco estaban experimentando un exceso de mortalidad significativo. Esto tampoco era cierto, pero conseguir los datos para demostrarlo fue más complicado.

Karlinsky se dio cuenta de que esto ocurría en la mayoría de los países. Incluso los que recopilaban habitualmente datos sobre el exceso de mortalidad no los publicaban hasta al menos un año después, lo que significaba que desconocían un indicador sensible sobre la magnitud y el progreso de la pandemia, uno que podía orientar su respuesta.

La recopilación de estos datos del mayor número posible de países y en tiempo tan real como fuera posible se convirtió en un reto.

A través de Twitter encontró a otro investigador, el científico de datos Dmitry Kobak, de la Universidad de Tubinga en Alemania, quien estaba intentando hacer lo mismo, y acordaron colaborar. Mientras Karlinsky buscaba las cifras, Kobak se encargaba del análisis.

El resultado es el World Mortality Dataset, que constituye la base de las estimaciones de mortalidad por Covid-19 publicadas por The Economist, Financial Times y otros, y que desmiente la cifra oficial de 4.8 millones de muertes en todo el mundo. The Economist, por ejemplo, sitúa la cifra real en torno a los 16 millones.

Aquellos que miden el impacto de las catástrofes de salud pública han elogiado el esfuerzo de Karlinsky y Kobak. “Se trata de una revolución de datos paralela a la observada en el desarrollo de vacunas y la secuenciación de patógenos”, escribieron las epidemiólogas Lone Simonsen, de la Universidad de Roskilde en Dinamarca, y Cécile Viboud, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

La cifra de muertes de una pandemia se puede medir de distintas maneras, todas ellas con ventajas y desventajas. El número oficial se obtiene a partir de los informes nacionales de muertes por Covid-19, pero estos dependen de los índices de análisis y casi siempre son subestimados.

Fieles musulmanes en Casablanca, Marruecos, siguen las restricciones de Covid-19 durante las oraciones en la mezquita Hasan II, una de las más grandes en África. Foto: Fadel Senna/AFP/Getty Images

“Las cifras oficiales de muertes por Covid-19 no son en absoluto creíbles para un gran grupo de países”, dijo el periodista de datos Sondre Ulvund Solstad, quien dirige el trabajo de seguimiento de la pandemia de The Economist.

El exceso de mortalidad, definido como el aumento de las muertes por todas las causas por encima del nivel previsto en función de las tendencias históricas, no depende de los índices de pruebas. Se trata de una herramienta antigua, que se ha utilizado para calcular el número de muertes en pandemias históricas, especialmente cuando no existían pruebas de diagnóstico para la enfermedad en cuestión, pero hasta ahora siempre se ha calculado de forma retrospectiva.

La innovación de Karlinsky y Kobak consiste en recopilar y publicar los datos durante una pandemia, para una parte del mundo, utilizando técnicas estadísticas establecidas para completar los vacíos.

Una desventaja del exceso de mortalidad es que es un compuesto. No solo refleja las muertes causadas por Covid-19, sino también las muertes indirectamente relacionadas con la pandemia, como las de los pacientes con cáncer que no pudieron recibir el tratamiento a tiempo o las de las víctimas de violencia doméstica durante los confinamientos, sin decir mucho sobre la contribución relativa de cada una de ellas.

Sin embargo, al comparar el momento de los picos de exceso de mortalidad y los confinamientos, Karlinsky y Kobak han demostrado que, en el caso del Covid-19, el exceso de mortalidad refleja principalmente las muertes causadas por la enfermedad.

Calcular el exceso de mortalidad también puede generar algunos resultados extraños. En junio, por ejemplo, informaron en la revista eLife que el exceso de mortalidad había sido negativo en países como Finlandia, Corea del Sur y Australia, lo que significa que habían muerto menos personas que en años anteriores, porque el control de la pandemia en esos países fue excelente y también habían eliminado prácticamente la gripa en 2020. En estos casos, de acuerdo con Simonsen y Viboud, las muertes oficiales por Covid-19 son un indicador más preciso del número de muertes de la pandemia.

El World Mortality Dataset contiene información de más de 100 países. Entre los que faltan se encuentran la mayoría de los países africanos y muchos asiáticos, incluidos algunos de los más poblados del mundo y, a juzgar por las noticias y otras fuentes, los más afectados. Por ejemplo, India no publica rutinariamente los datos de estadísticas vitales nacionales, y sin embargo algunos investigadores calculan que su número de muertes por Covid-19 podría ascender a 4 millones.

Un funcionario de salud recibe la primera dosis de la vacuna anticovid en un hospital en Abuja, Nigeria. Foto: Afolabi Sotunde/Reuters

Karlinsky y Kobak han recabado fuentes de datos subnacionales de estos países con pocos datos, o se los han proporcionado periodistas, académicos y disidentes que viven ahí, y han aplicado diversas técnicas de extrapolación para producir estimaciones nacionales. O han realizado proyecciones a partir de países vecinos en los que los datos están disponibles, ajustando factores como la densidad demográfica, la estrategia de pruebas de Covid-19 y la libertad de prensa.

La incertidumbre de los datos es la razón por la que Karlinsky y Kobak han evitado calcular el número de muertes a nivel mundial, pero comentan que, a nivel nacional, el exceso de muertes es 1.4 veces mayor que las muertes reportadas por Covid-19, en promedio, lo que daría una cifra global aproximada de 6.7 millones.

El modelo de Solstad sitúa la cifra entre 9.9 millones y 18.5 millones, un rango que Simonsen considera razonable.
Para situar estas cifras en una perspectiva histórica, ella y Viboud tomaron las estimaciones de exceso de mortalidad de pandemias anteriores y las ajustaron a la población mundial de 2020.

De este modo, el número de muertes de las cuatro pandemias de influenza anteriores, si hubieran ocurrido ahora, sería de 75 millones (1918), 3.1 millones (1957), 2.2 millones (1968) y 0.4 millones (2009).

El Covid-19 es la pandemia más mortífera en un siglo, concluyen, “pero no tiene ni remotamente el número de víctimas de la pandemia de 1918”.

El nuevo conjunto de datos muestra que los países que ocuparon los titulares internacionales por tener brotes graves, como Italia, España y Reino Unido, en realidad no fueron los más afectados.

Entre los más afectados se encuentran México y Bolivia, pero también algunos países de Europa del Este, que han experimentado un aumento de la mortalidad de más del 50%. El más afectado, Perú, ha registrado un aumento del 150%.

El conjunto de datos se hace más preciso conforme pasa el tiempo, porque algunos datos llegan con retraso. Algunos países pidieron a sus oficinas nacionales de estadística que agilizaran la recopilación y publicación de estadísticas vitales a principios de 2020, pero otros no pudieron o no quisieron publicarlos. Se esperaba que Turquía publicara los datos de las estadísticas vitales mensualmente de 2020 a principios de este verano. No lo ha hecho.

“Turquía es un excelente ejemplo de un lugar donde cuentan con las cifras pero no las publican porque no quieren explicar las discrepancias“, comentó Karlinsky.

De hecho, dijo, el exceso de mortalidad podría abrir una reveladora luz lateral sobre la transparencia gubernamental. Si las muertes oficiales por Covid-19 son menores que el exceso de mortalidad, pero siguen más o menos la misma trayectoria, es probable que el país simplemente carezca de capacidad de análisis o de estadísticas vitales.

Pero si no hay relación entre ambas, eso apunta a la ofuscación oficial. Rusia es un ejemplo de ello.

El pasado mes de febrero, en Significance, revista publicada por la Real Sociedad de Estadística de Reino Unido, Kobak explicó que el exceso de mortalidad en Rusia era 6.5 veces superior a las muertes reportadas por Covid-19, lo que convertía su cifra oficial de muertes en una de las menos fiables del mundo. La falta de información variaba por regiones y era más dramática en Chechenia, Tatarstán y Bashkortostán. ” Es posible que no sea una coincidencia que (estas) se encuentren entre las regiones en las que también existen pruebas estadísticas de manipulación de datos en los resultados electorales”, escribió.

Solstad cree que en el futuro se debería hacer un seguimiento continuo del exceso de mortalidad, porque permitiría conocer mejor todo tipo de crisis, incluidas las guerras y las hambrunas. “Es una medición bastante objetiva de las cosas que están mal”, dijo. Karlinsky concuerda. Cuando una ola de calor azotó Egipto en 2015, por ejemplo, los medios de comunicación estatales reportaron 61 muertes; su estimación estuvo más próxima a los 20 mil.

Es posible que algunos países no deseen hacerlo. En febrero, la Organización Mundial de la Salud dio el primer paso para aprovechar el exceso de mortalidad como una herramienta de vigilancia, cuando creó un comité de expertos para evaluar la mortalidad por Covid-19.

Los gobiernos podrían actuar de forma más rápida y proporcional si saben que una crisis es inminente. También estarían mejor equipados para convencer a la población de la necesidad de hacerlo. “Algunas personas realmente creen que si no hubiéramos hecho nada para detener este virus no habría pasado mucho“, comentó Simonsen. Lo que el World Mortality Dataset demostró, añadió, es que en muchos países “pasó mucho.