‘Un Chile más justo’: la generación de manifestantes que busca rediseñar el país en unas elecciones que provocan división
Gabriel Boric se toma una selfie con miembros de su campaña electoral y simpatizantes tras presentar su plan de gobierno en Santiago el 1 de noviembre. Foto: Esteban Félix/AP

Durante el largo y gris invierno de 2011, miles de estudiantes universitarios chilenos tomaron sus campus durante meses para exigir una educación gratuita y de calidad para todos.

Ahora, una década después de que llevaron sus demandas a la cima de la agenda nacional, esa misma generación se encamina a las elecciones presidenciales más divisorias en años.

El exlíder estudiantil Gabriel Boric, de 35 años, tiene grandes posibilidades de convertirse en el próximo presidente del país, con la promesa de reformar el modelo económico neoliberal que dejó la dictadura del general Augusto Pinochet.

“El ‘milagro chileno‘ solo era para el mundo exterior, no para nosotros”, dice Boric con severidad, con la banda que lleva tatuada en el antebrazo brillando bajo la manga. “Pero cuando hablas con la gente de los barrios de bajos ingresos, miran a su alrededor y te preguntan dónde se puede encontrar en realidad este progreso”.

Si gana las elecciones de este domingo, Boric será el presidente más joven de Chile en más de dos siglos. Pero en su camino se interpone José Antonio Kast, su oponente de extrema derecha, ferviente defensor de la dictadura de Pinochet y su legado económico, y que lleva una estrecha ventaja en las encuestas.

Los dos hombres ofrecen planes antitéticos: Kast ha enfocado su campaña en los valores sociales conservadores, la seguridad y la migración, mientras que Boric aboga por un futuro igualitario, feminista y ecológico para Chile.

Mientras Kast se declara con orgullo políticamente incorrecto y se opone a la igualdad matrimonial, Boric impulsa la inclusión y los valores sociales progresistas.

En el punto central de su plan se encuentra la reforma de un modelo de libre mercado que ha permitido el crecimiento económico a costa de desigualdades profundamente arraigadas.

“Hay muchas cosas que queremos cambiar del modelo actual: la privatización total de los derechos sociales, el triunfo del individualismo sobre la cooperación y un modelo de desarrollo basado en la extracción de recursos naturales”, dice Boric.

En octubre de 2019, esas condiciones contribuyeron a que Chile entrara, casi de la noche a la mañana, en el mayor movimiento de protesta en décadas.

El país se paralizó cuando millones de personas salieron a las calles en contra de una serie de injusticias sociales y económicas.

Los disturbios condujeron a un referéndum el año pasado en el que los chilenos votaron por amplia mayoría para elegir una asamblea que está redactando una nueva constitución.

Después de dos años tumultuosos, Boric ha elaborado su programa de campaña a partir de las demandas de cientos de reuniones locales en todo el país, y a grandes rasgos ofrece convertir a Chile en un país más igualitario, sustentable, participativo y descentralizado.

José Antonio Kast asiste a una conferencia de prensa este mes en Santiago. Foto: Alberto Valdés/EPA

“Somos una generación cuya participación en la política comenzó con los movimientos sociales”, explica Boric.

“Pero nos dimos cuenta de que si queríamos cambiar Chile, no bastaba con protestar, sino que también teníamos que luchar en los espacios institucionales”.

Boric se siente profundamente orgulloso de su ciudad natal, Punta Arenas, una pequeña ciudad situada al pie de los campos de hielo de la Patagonia, en el extremo sur de Sudamérica, y regularmente pide que se incorporen en mayor medida las regiones de Chile en el proceso político.

En 2013, recién salido de liderar el formidable sindicato de estudiantes de la Universidad de Chile, Boric fue elegido diputado a los 27 años, prometiendo crear un puente entre la protesta y la política.

Junto a él, otros tres rostros jóvenes llevaron la lucha desde los pasillos de las facultades hasta lo más alto de la agenda pública, ayudando a definir una década de política de izquierda.

Camila Vallejo y Karol Cariola llegaron a liderar sus sindicatos estudiantiles antes de pasar a formar parte del congreso por el Partido Comunista de Chile.

Por otra parte, Giorgio Jackson dirigió el sindicato de la Pontificia Universidad Católica y posteriormente fue elegido al congreso. Ahora es el principal asesor político de Boric.

Una década después, este influyente grupo se encuentra unido de nuevo, esta vez en una coalición que tiene posibilidades reales de alcanzar el gobierno.

“Nuestro movimiento se encuentra en un momento crucial con el proceso constitucional en curso y ahora la posibilidad de formar un gobierno con Gabriel”, dice Vallejo, de 33 años.

“A pesar de las diferencias que hemos tenido, nos conocemos desde hace años y hemos vivido juntos este proceso, en los debates estudiantiles, en las protestas en la calle y después en el Congreso, y todas estas experiencias han convergido en esta elección presidencial“.

Algunos chilenos están preocupados por la proximidad que Boric tiene con el Partido Comunista, el cual apoya su candidatura. Pero cuando el líder del partido felicitó al presidente nicaragüense Daniel Ortega por su reciente victoria en unas elecciones que fueron ampliamente condenadas como una farsa, Boric, Cariola y Vallejo se deslindaron rápidamente de la declaración.

El lunes, en el último debate de la campaña, Boric dijo que su compromiso con la democracia en Chile, América Latina y más allá era “absoluto”.

Para muchas personas en Chile, el cambio de mando ha tardado mucho tiempo en producirse.

“Este movimiento se ha ido construyendo durante décadas, a lo largo de la transición a la democracia e incluso antes”, explica Gabriel Salazar, historiador de los movimientos sociales contemporáneos en la Universidad de Chile.

Han pasado cuatro meses desde que Boric saltó al escenario para reconocer su victoria en las primarias de la izquierda y declarar su intención de enterrar definitivamente el modelo neoliberal de Pinochet.

“El Chile que yo imagino es más justo e igualitario; abierto y democrático; un Chile que ofrece seguridad y no incertidumbre a la gente que vive aquí”, explica.

Pero aunque muchos jóvenes chilenos se sienten entusiasmados por el cambio que representaría Boric, él se muestra cauteloso de sobreestimar el poder de cohesión de su generación de líderes estudiantiles de protesta.

No estamos reinventando el orden mundial aquí, ni la historia comienza con nosotros”, dice. “Ese tipo de arrogancia está condenada al fracaso”.

Las elecciones del domingo demostrarán cuánto ha cambiado Chile, y si el país está preparado para reconstruirse a la imagen de la decidida generación de Boric.