Critican a Tesla por inaugurar una sala de exhibición en Xinjiang a pesar de los abusos contra los derechos humanos
El Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámicas señala que ninguna empresa estadounidense debería hacer negocios en Xinjiang, China, después de que se dio a conocer la noticia de que la empresa Tesla de Elon Musk iba a abrir una sala de exhibición en dicho lugar. Foto: Hannibal Hanschke/AP

Tesla inauguró una nueva sala de exhibición en la capital de Xinjiang, región que se encuentra en el centro de la prolongada campaña de represión y asimilación emprendida por las autoridades chinas contra el pueblo uigur.

Tesla anunció la inauguración en Urumqi con una publicación en Weibo el 31 de diciembre en la que informaba: “En el último día de 2021, nos vemos en Xinjiang. En 2022 lancemos juntos a Xinjiang hacia su viaje eléctrico”.

La publicación estuvo acompañada de fotos de los festejos de la inauguración, en las que aparecían personas con carteles en los que se leía “Tesla [corazón] Xinjiang”.

Estados Unidos ha promulgado una serie de sanciones y medidas normativas y de otro tipo contra China por sus continuas violaciones en materia de derechos humanos en Xinjiang, incluyendo las restricciones sobre los acuerdos comerciales de Estados Unidos con operadores y proveedores locales.

El mes pasado, el presidente Joe Biden promulgó la Ley de Prevención del Trabajo Forzoso Uigur, y el gobierno estadounidense pretende realizar un boicot diplomático contra los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing.

Los grupos de defensa de los derechos de los uigures criticaron la inauguración de la sala de exhibición de Tesla, que al parecer es la sala número 211 en China. El Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámicas instó la clausura inmediata de la misma y el cese de lo que, según alegó, “equivale a un apoyo económico al genocidio”.

“Ninguna empresa estadounidense debería hacer negocios en una región que es el centro de una campaña de genocidio dirigida contra una minoría religiosa y étnica“, manifestó el director de comunicación nacional del Consejo, Ibrahim Hooper.

La investigadora de Human Rights Watch en Australia, Sophie McNeill, comentó: “Beijing y las empresas han contado durante mucho tiempo con la disposición mundial de anteponer las ganancias por encima de los derechos humanos, incluso ante los crímenes contra la humanidad, pero no debemos permitir que esto continúe en 2022”.

Elon Musk y sus ejecutivos de Tesla necesitan considerar los derechos humanos en Xinjiang o se arriesgan a ser cómplices”.

Contactamos a Tesla para conocer sus comentarios.

La decisión de Tesla obtuvo cierto apoyo en las redes sociales chinas, después de la revelación, una semana antes, de que la empresa tecnológica estadounidense Intel les solicitó a sus proveedores que no adquirieran bienes, servicios o personal procedentes de la región.

Un comentarista celebró el apoyo de Tesla al “desarrollo y la construcción de Xinjiang, a diferencia de otras empresas”, una aparente referencia a las multinacionales que intentan reducir sus vínculos comerciales con Xinjiang debido a los abusos en materia de derechos humanos.

El mes pasado, los medios de comunicación estatales acusaron a Intel de ofender al mercado chino después de que escribió a sus proveedores solicitándoles que evitaran emplear “cualquier clase de personal o adquirir bienes o servicios procedentes de la región de Xinjiang”, citando las restricciones impuestas por varios gobiernos. Tras las reacciones negativas, la empresa publicó una carta para “disculparse profundamente por la confusión“, alegando que la petición era una cuestión de cumplimiento de la legislación estadounidense y no representaba su postura sobre Xinjiang.

Las actividades comerciales en China se han vuelto tensas, puesto que las marcas internacionales se ven sometidas a una presión cada vez mayor para que corten sus relaciones con los proveedores de Xinjiang en el caso de que no puedan garantizar la ausencia de trabajos forzados u otros abusos.

Empresas como H&M e Intel han recibido numerosas críticas o amenazas de boicot en China por sus decisiones de distanciar su marca del personal y los productos de Xinjiang. Los estudios de casos de estas reacciones masivas en internet descubrieron que esta reacción nacionalista suele ser impulsada o amplificada por los medios de comunicación estatales chinos y las cuentas de las redes sociales vinculadas al Estado.

Xinjiang es el escenario de una prolongada campaña de asimilación forzosa emprendida por las autoridades chinas contra las minorías étnicas, incluidos los uigures musulmanes. Se calcula que hasta un millón de personas fueron recluidas de forma masiva en centros de detención y reeducación, mientras que la población en general fue sometida a la represión de actividades religiosas y culturales, a una intensa actividad de supervisión y vigilancia policial, a supuestos programas de trabajos forzados y a un control de la natalidad forzoso.

Gobiernos como el de Estados Unidos han declarado que la campaña es un genocidio, mientras que varios grupos de derechos humanos y legales señalan que las acciones equivalen a crímenes contra la humanidad.

Beijing niega todas las acusaciones de abusos contra los derechos humanos y sostiene que sus políticas forman parte de sus esfuerzos antiterroristas y de sus programas de reducción de la pobreza.