‘Yo estuve ahí’: Un demócrata recuerda el horror y la ira del día del ataque al Capitolio
Los violentos insurrectos leales al presidente Donald Trump intentan traspasar una barrera policial en el Capitolio el 6 de enero. Foto: Julio Cortez/AP

Fue un grito visceral en el momento de máximo peligro para la democracia estadounidense.

Una turba enfurecida había sobrepasado a la policía y estaba casi en la puerta de la Cámara de Representantes. En el interior de la cámara, el republicano Paul Gosar lanzaba un falso desafío contra la victoria electoral de Joe Biden en Arizona.

Entonces, en el fondo de la galería del segundo piso, el demócrata Dean Phillips se puso de pie y le gritó a todo pulmón a Gosar: “¡Esto es por tu culpa!”

El arrebato no era propio de un congresista “simpático de Minnesota”, con reputación de ser moderado y de trabajar de forma transversal. Sin embargo, un año después, Phillips sigue convencido de que fue una respuesta urgente y necesaria a la letal insurrección inspirada por el entonces presidente Donald Trump.

“No es mi estilo romper el decoro y gritar”, comentó a The Guardian, “pero tengo que decir que en ese momento sentí lo que sintieron decenas de millones de estadounidenses, es decir, que había personas responsables de lo que estaba a punto de ocurrir y hay momentos en los que haces lo que tienes que hacer, y yo tenía que hacerlo. No me arrepiento ni un poco porque es cierto“.

Phillips, de 52 años, proviene de un entorno empresarial. Dirigió una destilería familiar –que produce vodka, ginebra, ron y otros licores– y una empresa de helados. Fue electo para el Congreso en 2018, en representación del tercer distrito electoral de Minnesota, y es vicepresidente del grupo bipartidista Problem Solvers Caucus.

“Nunca imaginé que me dedicaría a esto”, admite. “Me desperté la mañana después de las elecciones de 2016, vi la reacción de mis hijas, que en ese entonces tenían 18 y 16 años –su miedo, sus lágrimas– y les prometí en ese mismo momento que haría algo, y aquí estoy”.

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Representante Dean Phillips: ‘Vi los chalecos antibalas. Vi las porras. Vi las heces. Vi cómo saqueaban el despacho de la presidenta… Vi cómo irrumpió la turba”. Foto: Ting Shen/REX/Shutterstock

El 6 de enero de 2021, le avisaron que se podrían producir problemas, por lo que le indicó a su personal que se quedara en casa. Observó “horrorizado” la televisión de su despacho mientras Trump pronunciaba un discurso en el que instaba a sus partidarios a “luchar como un demonio” para anular su derrota. Después se dirigió a la Cámara para comenzar a certificar la victoria electoral de Biden. Pero rápidamente recibió mensajes de texto de familiares ansiosos que le mostraban el video de las protestas que se estaban formando en el exterior.

“Le pedí a mi colega, Tom Malinowski, de Nueva Jersey, que saliera conmigo de la Cámara de Representantes para ver por las ventanas y una agente de policía del Capitolio nos gritó literalmente que nos alejáramos de las ventanas y que regresáramos a la Cámara de Representantes. Le preguntamos si todo estaba bien y –nunca lo olvidaré– nos dijo: ‘Están en el Capitolio de Estados Unidos. Es el edificio más seguro del país‘”.

Regresaron a la Cámara de Representantes justo cuando estaban evacuando a la presidenta Nancy Pelosi y al líder de la mayoría Steny Hoyer. Gosar estaba frente al micrófono, liderando los intentos para subvertir el voto del colegio electoral de su estado, cuando el sargento de armas exhortó a los miembros a cubrirse detrás de los asientos y a preparar sus máscaras de escape, lo que provocó que Phillips sintiera “ira” y se desahogara contra el fiel partidario de Trump.

Mientras que los miembros en la tribuna de la Cámara pudieron escapar, no hubo salida para las 20 personas que estaban sentadas en la galería debido a las medidas de seguridad contra el coronavirus. “En ese momento les grité a mis colegas que me siguieran al lado republicano de la cámara porque pensé que sería más seguro”, cuenta Phillips. “Pensé que los insurrectos iban por nosotros“.

“De entrada, fue casi imposible pasar por esas barandillas; tenías que pasar por debajo o por encima. Pero además, en ese mismo momento me di cuenta de que muchos de mis compañeros no podían pasar desapercibidos. Me refiero a los de color. Realmente me dejó una marca imborrable”.

“Todo ese día me cambió, por supuesto, como a cualquiera, para reconocer ese privilegio y la fragilidad de la democracia y también para aumentar significativamente mi empatía por aquellos que han soportado algún trauma en sus vidas, lo cual es algo que cambia la vida”.

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Los alborotadores de Trump rompen el perímetro de seguridad y entran al Capitolio de Estados Unidos para protestar contra el recuento de votos del colegio electoral que certificaría al presidente electo Joe Biden como ganador el 6 de enero de 2021. Foto: Ken Cedeno/UPI/REX/Shutterstock

Los alborotadores llegaron a las puertas de la Cámara de Representantes, pero se encontraron con una barricada improvisada y con policías del Capitolio armados. Tras un calvario que duró cerca de 25 minutos, recuerda Phillips, un agente de la policía del Capitolio condujo a los miembros de la galería hacia la salida, a través de un laberinto de túneles.

“Entramos al comedor de Rayburn y fue un momento extraño porque había gente comiendo en las mesas. El sol brillaba desde las grandes ventanas de cristal y aquí estamos, un agente con un rifle corriendo con nosotros hacia el comedor y la gente simplemente atónita, mirándonos como ¿qué demonios está pasando? Por supuesto, momentos después las televisiones cambiarían eso sin duda”.

Después, el grupo fue trasladado a una sala del comité, donde finalmente estuvieron a salvo. No obstante, el calvario que compartieron permanecería con ellos. Ahora se llaman a sí mismos “el grupo de la galería” y se siguen reuniendo regularmente, a veces con moderadores o terapeutas. “Ha sido el grupo de apoyo más maravilloso que se pueda imaginar porque lo soportamos juntos“, comenta Phillips.

En la noche del 6 de enero, con el Capitolio finalmente asegurado, ellos y otros miembros regresaron a la Cámara y al Senado para terminar su trabajo y ratificar a Biden como presidente. Durante un momento fugaz, pareció que los demócratas y los republicanos estaban unidos para completar el trabajo de la democracia y desechar el autoritarismo de Trump. Pero no iba a durar.

A lo largo del año transcurrido desde la insurrección, algunos republicanos han hecho suya la “gran mentira” de Trump y su descripción de la turba como patriotas impulsados por una causa noble; otros simplemente se han mantenido herméticos y no la han criticado. Phillips, quien los observa de cerca durante las sesiones del Congreso, cree que los motiva la autopreservación tanto de su posición como de su seguridad personal.

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Los legisladores se atrincheraron dentro de las salas del Congreso y se pusieron máscaras anti gas lacrimógeno mientras los alborotadores vandalizaban el edificio. Foto: Jim Lo Scalzo/EPA

“Tal vez esa es la parte más triste de todo esto. Muchos de mis colegas –sobre todo aquellos que votaron a favor de la destitución, aquellos que votaron a favor de la creación de la comisión del 6 de enero, aquellos que votaron a favor de la certificación de las elecciones– han recibido horribles amenazas contra su seguridad y la de sus seres queridos. Es una posición poco envidiable, pero también es nuestra responsabilidad y nuestro deber. Entiendo la autopreservación, pero me gustaría que los principios prevalecieran”, comenta.

A Phillips le ha resultado difícil presenciar la negación de lo ocurrido el 6 de enero, ya que los republicanos y los medios de comunicación de derecha intentan reescribir la historia de lo que sucedió ese día, caracterizándolo de diversas maneras como una “visita turística normal” o una operación de “falsa bandera” del FBI destinada a atrapar a los partidarios de Trump. El propio expresidente insistió en que sus seguidores estaban “abrazando y besando” a la policía.

El demócrata señala: “Esta es una de esas raras ocasiones en las que estuve ahí. Estaba adentro. Escuché el disparo. Vi los restos de la insurrección en la rotonda y fui con (el congresista) Andy Kim a medianoche para ayudar a limpiarla cuando lo vi solo sobre sus manos y rodillas”.

Vi los chalecos antibalas. Vi las porras. Vi las heces. Vi la oficina saqueada del presidente. Vi con mis propios ojos a personas en el suelo bajo arresto. Vi cómo irrumpió la turba. Me reuní con los agentes que fueron sometidos desde entonces. Estuve ahí para ser testigo de ello y para escuchar a la gente decir que no ocurrió o que no fue un gran problema o que es hora de superarlo, qué vergüenza para ellos”.

La negación de la realidad por parte de los republicanos, y su continua adicción a Trump, suscitó el temor de que el 6 de enero fuera el principio, y no el final, de la experiencia cercana a la muerte de la democracia estadounidense. El partido está imponiendo amplias restricciones a los votantes en todo el país e intentando poner a los creyentes de las “grandes mentiras” a cargo de las futuras elecciones. Trump podría volver a competir por la Casa Blanca en 2024 tras la desaparición de muchos controles y contrapesos.

Phillips comenta: “Nos encontramos en el precipicio de una cuesta muy resbaladiza y se trata de un largo camino hacia la cima de la montaña cuando se está construyendo una democracia, pero se trata de un rápido viaje cuesta abajo cuando esta se escapa. Tenemos que elegir colectivamente y tomar una decisión, empezando por el simple hecho de que no es algo que pueda ganar un bando u otro”.

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Los alborotadores de Trump rompen el perímetro de seguridad y entran al Capitolio de Estados Unidos. Foto: Ken Cedeno/UPI/REX/Shutterstock

“Si una de las partes trastoca la democracia y destruye sus instituciones y no respeta el Estado de Derecho, se producirá el caos, se producirá la violencia y todo aquello que quienes propagan esto dicen que es importante para ellos –un país fuerte, estable, seguro y próspero– habrá desaparecido. Por eso intento ser una voz de la razón y un constructor de puentes, no un destructor“.

Autodenominado eterno optimista, Phillips cree que todavía existe un grupo en el partido republicano que puede encontrar un camino de regreso a lo esencial. Califica como “heroicos” a Liz Cheney y Adam Kinzinger, críticos de Trump que forman parte del comité selecto de la Cámara de Representantes que investiga el caso del 6 de enero. “Sé que hay más personas que comparten ese sentimiento y que simplemente no son tan públicas. Confío en que veremos algún tipo de restauración de los principios, suponiendo que los votantes estadounidenses lo consideren importante”.

Los esfuerzos del congresista para reducir el ambiente político incluyen una serie de reuniones de “puntos en común” en su distrito natal que fomentan el entendimiento mutuo entre los votantes de todo el espectro ideológico.

Dice: “Me inspiran y me hacen ser más optimista porque he descubierto que cuando, con cierta intención, reúnes a personas que tienen perspectivas políticas distintas y comparten ideas, se conocen y comparten historias de vida, ya están y resulta sencillo encontrar los puntos en común”.

Sin embargo, en esta época de polarización y partidismo negativo, seguramente habrá conversaciones incómodas…

“Hace unas semanas tuvimos una experiencia en la que alguien se estacionó en lo que se consideraría un vehículo que podría conducir un partidario de Donald Trump y alguien que estaba situada en el extremo izquierdo de esa persona –en un momento muy incómodo pero que resultó ser muy productivo– reconoció lo que sintió al ver ese vehículo entrar al estacionamiento y lo que esperaba de la persona que lo conducía”.

“Se necesitó valor para compartir eso. Se necesitó valor para que el conductor del vehículo la escuchara. Al final de la tarde, que ambos reconocieran su humanidad compartida y su interés común por un país seguro y protegido, fue un momento de gran reafirmación, pero que solo puede ocurrir si la gente deja de estereotipar y comienza realmente a compartir ideas”.