‘¡No lo planees, solo ve!’: cómo ser espontáneo y tener algo de diversión inesperada
'La diversión surge de la espontaneidad, de hacer cosas sin pensar demasiado en ellas'. Ilustración: Leon Edler/The Guardian

Allá por los viejos y salvajes tiempos, mi mejor amigo y yo solíamos denominar las salidas como “en busca de problemas”. No buscábamos una pelea o un pequeño robo, sino una aventura espontánea con música, desconocidos o simplemente la ciudad durante la noche. Toda esa diversión espontánea ha sufrido un fuerte golpe desde que comenzó la pandemia, para muchos millones de nosotros. Primero aparecieron los confinamientos, el distanciamiento social y los locales cerrados, seguido de la cautelosa reapertura, cuando incluso era necesario reservar con semanas de antelación una visita al bar o a una galería de arte. Y ahora, justo cuando parecía que el mundo por fin regresaba a la normalidad, la variante ómicron llegó blandiendo su mazo anti todo, aplastando todos esos sueños de salidas nocturnas, vacaciones y fiestas ruidosas. No solo parece absurdo planificar algo, sino que después de dos años de frustración y autocontención, resulta difícil reunir el entusiasmo necesario para hacer algo de improviso.

Y eso sí es una gran pérdida. Aunque solemos pensar que la anticipación representa la mitad de la diversión, en 2016 investigadores de dos universidades estadounidenses descubrieron que la gente disfrutaba más las actividades cuando eran improvisadas. Por ejemplo, planear una pausa para tomar un café o ver una película, los hacía sentir “menos libres y más como si estuvieran trabajando“, escribieron los autores. Como escribió Jane Austen hace 200 años en Emma: “¿Por qué no apoderarse del placer inmediatamente? – Cuántas veces se destruye la felicidad con la preparación, ¡la tonta preparación!”.

Los cubrebocas no ayudan, dice Edward Slingerland, profesor de filosofía de la Universidad de British Columbia y autor de Trying Not to Try. “Es difícil conseguir cualquier tipo de ritmo relajado y espontáneo cuando no puedes ver las expresiones faciales de la otra persona. Nuestras interacciones en persona fueron despojadas de las sutiles señales faciales que normalmente usamos para saber si la otra persona está disfrutando o si un comentario tiene el efecto deseado”. Esto provoca que incluso esas preciosas interacciones con extraños cuando están fuera de casa sean mucho más difíciles. Las videollamadas son igualmente poco favorables. “No estás en la misma habitación. Con frecuencia hay un sutil retraso que tal vez no parezca excesivo, pero a la gente le resulta difícil saber cuándo terminas de hablar, cuándo está bien que empiece. Es imposible relajarse en interacciones sociales naturales y realmente positivas que tengan espontaneidad inherente”.

La buena noticia es que, aunque suene contradictorio, podemos trabajar para ser más espontáneos. Para su libro, Slingerland analizó la forma en que los antiguos pensadores chinos abordaron el problema. “Implicaba cosas como actividades de tipo ritual, meditación, ejercicios de respiración o simplemente intentar engañar a tu mente para que olvide que estás tratando de ser espontáneo”. Porque, explica, si enfocas tu mente en el problema de forma directa, activas la parte del cerebro que necesitas apagar: las áreas de control cognitivo. La clave es la relajación, no el esfuerzo.

Slingerland no sugiere que nosotros, los modernos, comencemos a realizar rituales confucianos, sino que “existe una función muy similar al hacer cosas como deshierbar el jardín o salir a caminar: usar tu cuerpo de manera que interactúes con el mundo natural”. El primer término chino para designar el estado que provocan estas actividades es wuwei. Yo lo traduzco como ‘acciones sin esfuerzo'”, comenta. “Un estado en el que pierdes tu noción de ti mismo como agente, y que te absorbe en lo que estás haciendo”. Algunos pensadores modernos podrían asemejar este tipo de estado con el “flujo”, aunque también hay comparaciones obvias con la técnica mindfulness. “Si observas la luz del sol en los árboles y escuchas a los pájaros y quedas absorto en algo más grande que tú mismo”, dice Slingerland. “Eso te saca de tu cabeza y te permite relajarte”.

'¡No lo planees, solo ve!': cómo ser espontáneo y tener algo de diversión inesperada - rutinas-disruptivas
Alterar las rutinas puede ayudar a liberar la mente. Ilustración: Leon Edler/The Guardian

No se trata únicamente de disfrutar de una buena noche de fiesta. También necesitamos la espontaneidad para aceptar el cambio, comenta la psicóloga clínica y escritora Linda Blair. “Y el cambio es necesario para lograr cualquier tipo de progreso. La espontaneidad también nos hace más felices”. En 2016, un equipo de investigadores austriacos e italianos descubrió que las personas que tienen menos espontaneidad en sus vidas experimentan un mayor “sufrimiento psicológico”.

El mejor método para avanzar en este momento, dice Blair, “es cambiar las cosas por completo y, en lugar de hablar de intentar ser espontáneo, decir: ‘No queda otra forma de ser en este momento'”. Ahora es el momento de aprovechar el día y avanzar con el corazón, o con el estómago. “¿Quieres ir a tu restaurante favorito?”, pregunta Blair. “No lo planees: ve hoy mismo, mientras todavía está abierto“.

Destaca que alterar las rutinas puede ayudar a liberar la mente. Esto podría significar apagar el piloto automático mental y pensar en lo que realmente te apetece desayunar hoy. Otra forma con la que se puede iniciar la espontaneidad, explica, es tener un día al revés. “Es muy divertido, sobre todo con los niños. Comienza el día con la cena, por ejemplo; cualquier cosa que despierte los desencadenantes que nos mantienen haciendo las mismas cosas”.

Los factores desencadenantes son cosas que nos hacen actuar de forma automática. La caja de galletas que nos hace pensar que tenemos hambre. El sonido del teléfono que nos hace entrar a la madriguera y retrasa 45 minutos nuestra preparación del almuerzo. Los desencadenantes no son amigos de la espontaneidad. Por eso, el principal consejo de Blair para empezar el día libre de nuestros enemigos y desencadenantes internos es escribir todos nuestros pensamientos cada mañana a primera hora, antes de hacer cualquier otra cosa. Este proceso se llama Páginas Matutinas y fue concebido por la escritora Julia Cameron, originalmente como una parte de lo que ella llamaba el Camino del Artista, un método para desbloquear la creatividad.

“La mejor forma de ser espontáneo”, señala Blair, “es eliminar la basura que te obstruye mentalmente cada día. Te levantas cada mañana y escribes lo que sea, lo que pase por tu cabeza, incluso si es: ‘¿Por qué estoy haciendo esto?'”. Cameron prescribe tres páginas A4, pero si eso te desanima, Blair comenta que igualmente te beneficiará escribir hasta que ya no puedas más, “o durante cinco minutos“.

No dejes que las presiones del tiempo te detengan. “Una persona que conozco se levanta a las cuatro de la mañana para hacerlo, para que los niños no la molesten”, dice Blair. “Es importante que tengas tu propio tiempo, y que contemples lo que surge como potencial para hacer las cosas de una nueva manera”. Esto no solo impulsa tu tendencia a la espontaneidad durante el resto del día, comenta Blair, sino que con frecuencia genera ideas espontáneas. “Te despierta de repente, así que, por ejemplo, tienes un sueño que escribes sobre haber visto a alguien y te das cuenta de que no has estado en contacto con esa persona durante años. Así que ahora le llamas o le envías un correo electrónico”.

Joe Oliver es un psicólogo clínico especialista en terapia de aceptación y compromiso -una terapia conductual basada en la técnica mindfulness- y tiene algunas buenas soluciones en caso de que hayas perdido la espontaneidad. Actualmente, muchos de sus clientes tienen una sensación de malestar, en parte por las presiones generales derivadas de la pandemia, pero también, señala, por “la falta de diversión que tienen a su alcance. Y la diversión proviene en gran medida de la espontaneidad, de hacer cosas y no pensar demasiado en ellas, de relacionarse con las personas, de realizar una actividad y permitirse llevarla por caminos inesperados”.

Una de las barreras, explica, “es que la gente desea permanecer en su zona de confort, donde es seguro, predecible, ordenado y donde la gente sabe cómo sucederán las cosas”. La zona de confort puede ser útil, sobre todo en estos momentos, cuando necesitamos mantenernos a salvo, pero existe el riesgo de que nos convenzamos de no emprender aventuras. “Pensar demasiado es un clásico”, dice Oliver. “Quedarse atrapado en la preocupación por el futuro: será terrible, no funcionará, no será divertido, tendrá malas consecuencias, no estarás a salvo. Y cuando la gente se queda atrapada en esos pensamientos, por supuesto, realiza esa acción natural de retirarse a su zona de confort. O bien, reflexionan mucho”.

Una parte del problema consiste en no vivir en el presente, sino en el pasado o en el futuro, pensando: “¿Qué hay de las veces en que no funcionó?”, comenta Oliver. Sin embargo, comprender que esto está ocurriendo es el primer paso para recuperar la espontaneidad. Él les recuerda a sus pacientes: “Existen pruebas sólidas de que las oportunidades no planificadas favorecen el bienestar y la salud mental“.

La próxima vez que te sorprendas a ti mismo acobardándote de realizar algo de forma improvisada, él propone que anules tu pensamiento crítico y te digas a ti mismo: “Estoy haciendo esto porque es bueno para mí. Y me gusta. Es divertido. Perseveremos a través de esta ansiedad inicial y veamos qué llega después”. La técnica mindfulness te ayudará a disfrutar el momento en el que te encuentras, señala Oliver, aunque “no tiene por qué ser una práctica meditativa exhaustiva”. Basta con “estar con los pies clavados en el suelo, percibir tu respiración durante 10 segundos, hacer círculos hacia atrás con los hombros, dejar caer los brazos y dedicar un tiempo a descender a tu cuerpo”.

Atrapa esos pensamientos limitantes que te dicen que no puedes dibujar/patinar/correr bajo la lluvia, explica, pero no intentes discutir con ellos. Si desafías a estos pensamientos, se crea “una pequeña disputa y, sin quererlo, les puedes dar un poco más de poder“. En cambio, intenta pensar: “Ahí están esos pensamientos otra vez”, o incluso agradecerles su retroalimentación; al fin y al cabo, solo intentan mantenernos a salvo.

Otros trucos de Oliver consisten en turnarse con un amigo o un compañero para proponer nuevas cosas que hacer, “para incorporar la aleatoriedad. Yo tengo un bar favorito, pero mi pareja muchas veces quiere ir a otro lugar, que no esté en mi zona de confort. A veces, en beneficio de la espontaneidad, nos decimos el uno al otro: ‘Está bien, tú decide’. O a veces se nos ocurren un par de bares y lanzamos una moneda”. Porque, aunque tus instintos te digan que te quedes en tu zona de confort, en realidad no existe ninguna forma de predecir qué opción será la más divertida en cualquier día.

“Como nos ha mostrado muy bien Daniel Gilbert en Harvard”, comenta Blair, “no calculamos con precisión cómo será el futuro. Solemos pensar que será mejor de lo que es. Y tampoco calculamos con precisión cómo fue el pasado. Somos exigentes con nosotros mismos y criticamos demasiado lo que ocurrió, o lo idealizamos. Pero ahora… puedes ser feliz en este momento”. La experta cuenta que sus pacientes frecuentemente le hablan de un dolor recurrente que no los deja dormir porque es muy fuerte. Pero cuando les pregunta cómo se sienten en ese momento, le responden: “¿Qué, el dolor? Oh, no es tan fuerte”. De nuevo con eso de vivir en el futuro y en el pasado. “Al llegar al ahora”, dice Blair, “las cosas suelen estar bien”. Y aquí, Austen se encarga de repetirlo: “Apodérate del placer inmediatamente”.

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