Solía asociar los gimnasios con la vanidad, hasta que me di cuenta de que ayudaban tanto a la mente como al cuerpo

Es columnista de The Guardian.

Solía asociar los gimnasios con la vanidad, hasta que me di cuenta de que ayudaban tanto a la mente como al cuerpo
Gente en un gimnasio recién reabierto en Cardiff, el 3 de mayo de 2021. Foto: Chris Fairweather/Huw Evans/REX/Shutterstock

Los gimnasios son templos para que los vanidosos terminales veneren sus propios cuerpos y quemen su dinero. Si quieres superarte, lee un libro: ¿y por qué, considerando el limitado margen de tiempo que nos conceden a cada uno de nosotros para estar vivos, perder tanto tiempo en una soledad autocomplaciente? Y, aún más siniestro que eso, los gimnasios se aprovechan de las inseguridades fomentadas por una cultura popular que venera modelos físicos poco realistas: y yo, como hombre gay, pertenezco a una comunidad en la que la dismorfia corporal se pavonea por la pista de baile con alegre desenfreno.

Eso solía pensar, de cualquier manera, e incluso cuando me rendí a la membresía del gimnasio, me sentí como un cantante sordo que se inscribe a un coro. Todos los demás parecían saber lo que estaban haciendo, flexionando con pesos libres en todo tipo de posturas inverosímiles, mientras que yo, tímidamente, me entretenía en la caminadora y de vez en cuando probaba sin objetivo alguna máquina de pesas, con la esperanza de que gruñir mucho fuera algún tipo de señal de progreso. (Me tranquiliza saber que esto no me convirtió en un caso excepcional: las investigaciones sugieren que más de la mitad de nosotros no sabemos qué hacer en el gimnasio).

Este año, cambié de opinión por varias razones. En primer lugar, subí de peso durante el confinamiento –como la mayoría de los británicos, que aumentaron en promedio medio kilo– en gran parte porque, como uno de cada tres adultos británicos, mi consumo de alcohol aumentó. El aburrimiento del confinamiento, el estrés de escribir un libro y el hecho de que la política se parecía cada vez más a un contenedor en llamas no ayudaron. En segundo lugar, no quería recordar esta inquietante época como un miserable agujero negro que devoraba la vida: mejor poder decir que al menos impulsó un cambio positivo. En tercer lugar, todavía me encontraba tambaleando por haber cumplido 37 años y por haberme dado cuenta de que “Oh, así que de verdad simplemente te lanzas a la vida, y sin hacer cambios, tu salud se enfrenta a una caída en picada”.

Desde hace más de dos meses, antes de que los gimnasios volvieran a abrir sus puertas el 12 de abril, reduje drásticamente mi consumo de alcohol, combiné el correr con el entrenamiento a intervalos de alta intensidad –que es cuando comienzas y dejas de hacer series de ejercicios vigorosos– y comí mucho yogur griego. Este método no es para todo el mundo y, en retrospectiva, fue una especie de error: perder peso rápidamente puede reducir la grasa corporal y el músculo al mismo tiempo.

Así que, poco después de la reapertura de los gimnasios, decidí enfocarme a desarrollar músculo por algunas razones, ninguna de ellas relacionada con convertirme en el Arnold Schwarzenegger de la izquierda. Es bueno para la salud, y las investigaciones incluso sugieren que es bueno para la función cerebral. Reduce el estrés y mejora el bienestar emocional, aumentando las endorfinas en una misión de búsqueda y destrucción de los malos pensamientos. Cuando hago ejercicio, me tengo que concentrar –algo que no es fácil en mi caso– para olvidarme de toda la gente que decidió ruidosamente que soy el Anticristo socialista en Twitter. Está la satisfacción de aprender y dominar nuevas habilidades, sobre todo aquellas que siempre creíste que estabas programado para no adquirirlas nunca. Las tareas físicas cotidianas se vuelven más fáciles, convirtiéndote en un elemento más útil. Creas una base saludable sobre la que podrás construir en años posteriores. También es innegablemente gratificante esforzarse mucho en algo y ver los resultados, aunque eso se pueda interpretar como vanidad.

He aquí una alternativa mucho más saludable que las estafas que también constituyen las dietas, la gran mayoría de las cuales finalmente desembocan en que la persona que hace la dieta gane más peso del que tenía al principio. De hecho, me he visto obligado a aprender mucho más sobre los alimentos y sobre cómo funciona el cuerpo. En lugar de considerar los carbohidratos como algo intrínsecamente malo, que debemos etiquetar como “evitar por completo”, he llegado a entender los carbohidratos buenos –como la avena, el pan integral, las verduras y las frutas enteras– como una fuente de combustible, para que pueda usar las proteínas para construir músculo en lugar de descomponerlas ineficientemente como energía. Ahora como más que nunca, pero con más atención a lo que mi cuerpo considera más útil. Esto es importante porque una dieta equilibrada es mucho más importante que flexionar tus músculos en el gimnasio local.

Sobre todo, ha sido educativo. En lugar de utilizar al azar cualquier máquina que parezca menos intimidante, busqué en internet para seguir un régimen que trabaje diferentes grupos musculares en diferentes días. Gracias a YouTube, a un amigo y a un brillante entrenador personal llamado Nathan una vez a la semana, aprendí cuál es la forma correcta de realizar cada ejercicio, algo importante si quieres evitar lesiones. Y así, a mis 37 años, soy mi versión más saludable de lo que jamás he sido.

Es necesario realizar muchas advertencias al respecto. Esto es algo fácil de hacer si no tienes hijos, vives cerca de un gimnasio que puedes pagar y tienes una vida laboral que puedes compaginar de forma flexible. No he cambiado de opinión sobre los males de la dismorfia corporal y la importancia de aceptar los diferentes aspectos en que se manifiestan nuestros cuerpos. Y aunque el tamaño del mercado del sector de los gimnasios y el fitness en Reino Unido casi se duplicó hasta alcanzar más de 2 mil millones de libras en la década de 2010, para muchos, ser miembros no significa mucho más que el hecho de sentirse mejor por haber realizado algo. En Estados Unidos, menos de una quinta parte de los miembros de los gimnasios utilizan sus instalaciones de pago de forma constante. Como todo, el gimnasio requiere compromiso, sentirse cómodo con el ensayo y error que constituye la base del aprendizaje, y desarrollar nuevas habilidades. Sin embargo, en mi caso, ha funcionado, ha mejorado mi salud física y mental e hizo que mi vida sea más satisfactoria: así que brindo por cambiar de opinión.