La mitad de los casos de la primera ola de Covid-19 puede tener daños duraderos en el sentido del olfato
Cristina Valdivia, quien perdió el sentido del olfato a causa del Covid-19, utiliza su kit de prueba de entrenamiento del olfato en Barcelona en septiembre de 2021. Foto: Pau Barrena/AFP/Getty Images

Casi la mitad de las personas que se enfermaron de Covid-19 en la primera ola de infecciones pueden sufrir cambios a largo plazo e incluso permanentes en su sentido del olfato, según una investigación preliminar realizada en Suecia.

Al principio de la pandemia, la pérdida repentina del olfato o la alteración o distorsión de la percepción de los olores se convirtió en un síntoma inusual del Covid-19. Aunque muchas personas se recuperaron rápidamente, otras se dieron cuenta de que su sentido del olfato nunca volvió a la normalidad.

Para descubrir hasta qué punto pueden ser comunes estas deficiencias, los científicos del Instituto Karolinska de Estocolmo llevaron a cabo pruebas exhaustivas en 100 personas que se contagiaron de Covid-19 en la primera ola de infecciones que se extendió por Suecia en la primavera de 2020.

Sus primeros resultados muestran que 18 meses después de recuperarse del Covid-19, muy pocas personas –solo el 4%– perdieron por completo el sentido del olfato, aunque una tercera parte tenía una capacidad reducida para detectar olores, y casi la mitad se quejó de parosmia, es decir, una distorsión del sentido del olfato. La mayoría de las personas que tenían una disminución del sentido del olfato no eran conscientes de ello hasta que participaron en el estudio.

Acto seguido, los científicos realizaron las mismas pruebas en un grupo de control de personas que dieron negativo en las pruebas de anticuerpos contra el Covid-19, lo que indicaba que habían logrado evitar el virus. Se descubrió que alrededor de una quinta parte presentaba deficiencias similares en su sentido del olfato, lo que implicaba que la población en general padecía trastornos del olfato antes de la aparición del Covid-19.

En una prepublicación que aún no ha sido revisada por pares, los científicos concluyen que el 65% de las personas que se recuperaron del Covid-19 mostraban una pérdida del olfato, una reducción del sentido del olfato o distorsiones del mismo 18 meses después de la infección, en comparación con el 20% de las personas que no se habían enfermado del virus. “Debido al tiempo transcurrido desde (la) lesión inicial al sistema olfatorio, es probable que estos problemas del olfato sean permanentes“, escribieron.

Los voluntarios reclutados para el estudio fueron trabajadores del sector salud a quienes les realizaron pruebas periódicas de Covid-19 desde el comienzo de la epidemia en Suecia. Puesto que el estudio se centró en las personas que se enfermaron de Covid-19 en la primera ola, ninguno de los voluntarios estaba vacunado en ese momento. Por esa misma razón, la causa de sus infecciones fueron las versiones más antiguas del virus, no la variante ómicron que actualmente se propaga con rapidez por todo el mundo.

Los análisis de la Agencia de Seguridad Sanitaria de Reino Unido sugieren que en el caso de la variante ómicron se produce una pérdida del olfato o del gusto con menos de la mitad de frecuencia que en la variante delta, sin embargo, el Dr. Johan Lundström, quien dirigió la investigación en el Instituto Karolinska, señaló que no existían datos fiables que demostraran que la variante ómicron fuera menos peligrosa para el sistema olfatorio.

Es posible que una ligera pérdida del olfato, o notar que ciertos olores huelen extraño, no cambie la vida de muchas personas, no obstante, Lundström indicó que la pérdida severa del olfato podía conducir a la depresión y a que las personas cambiaran sus dietas, con frecuencia para peor, provocando que aumentaran de peso.

“Cuando uno no puede oler, lo único que puede percibir son las cinco cualidades gustativas básicas, las sensaciones táctiles y las especias”, explicó. “Inconscientemente, la gente comienza a añadir más azúcar y grasa, o tiene un mayor deseo de comer alimentos fritos por la textura, todo ello para obtener un poco de disfrute al comer”.

Lundström comentó que la mayor sorpresa del estudio fue que casi la mitad de las personas que se habían recuperado del Covid-19 reportaron que su sentido del olfato permanecía distorsionado mucho tiempo después de la infección. “Muchos de estos individuos pueden obtener ayuda realizando un entrenamiento del olfato”, añadió. “Es posible que no recuperen el 100% del nivel anterior, pero la mayoría de ellos, con el entrenamiento, regresarán a un punto en el que su sentido del olfato reducido no afectará sus vidas”.