Revelado: las ‘bombas de carbono’ que desencadenarán un colapso climático catastrófico

Las empresas de combustibles fósiles más grandes del mundo están planeando discretamente decenas de proyectos de petróleo y gas considerados como una “bomba de carbono”, que harían que el clima sobrepasara los límites de temperatura acordados internacionalmente, con efectos globales catastróficos, según revela una investigación de The Guardian.

Los datos exclusivos muestran que estas empresas en realidad están apostando miles de millones de dólares en contra de que la humanidad detenga el calentamiento global. Sus enormes inversiones en la producción de nuevos combustibles fósiles solo podrían ser rentables en caso de que los países no reduzcan con rapidez las emisiones de carbono, medida que, según los científicos, es fundamental.

La industria del petróleo y el gas es extremadamente volátil, no obstante, es extraordinariamente rentable, sobre todo cuando los precios son altos, como en la actualidad. Las empresas ExxonMobil, Shell, BP y Chevron han obtenido casi 2 billones de dólares en ganancias en las últimas tres décadas, mientras que los recientes aumentos de precios llevaron al jefe de BP a describir a la empresa como un “cajero “.

El atractivo de las ganancias colosales durante los próximos años parece ser irresistible para las empresas petroleras, a pesar de que los científicos climáticos del mundo declararon en febrero que un mayor retraso en la reducción del uso de combustibles fósiles significaría perder nuestra última oportunidad de “asegurar un futuro habitable y sostenible para todos”. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió a los líderes mundiales en abril: “Nuestra adicción a los combustibles fósiles nos está matando”.

Los detalles de los proyectos planeados no son de fácil acceso, sin embargo, una investigación publicada en The Guardian revela lo siguiente:

  • Los planes de expansión a corto plazo de la industria de los combustibles fósiles implican el inicio de proyectos de petróleo y gas que producirán gases de efecto invernadero equivalentes a una década de emisiones de CO2 de China, el mayor contaminador del mundo.
  • Estos planes incluyen 195 bombas de carbono, enormes proyectos de petróleo y gas que cada uno de ellos supondrían al menos mil millones de toneladas de emisiones de CO2 durante su vida útil, lo cual equivale en total a aproximadamente 18 años de las actuales emisiones mundiales de CO2. Alrededor del 60% de ellos ya comenzaron la extracción.
  • La docena de empresas petroleras más grandes están en camino de gastar 103 millones de dólares al día durante el resto de la década en la explotación de nuevos yacimientos de petróleo y gas que no se pueden quemar si se pretende limitar el calentamiento global a una temperatura inferior a los 2°C.
  • Medio Oriente y Rusia suelen atraer la mayor atención en lo que respecta a la futura producción de petróleo y gas, pero Estados Unidos, Canadá y Australia se encuentran entre los países con mayores planes de expansión y el mayor número de bombas de carbono. Estados Unidos, Canadá y Australia también conceden algunas de las subvenciones más importantes del mundo para los combustibles fósiles per cápita.

La docena de empresas petroleras más grandes están en vías de gastar cada día durante el resto de la década

103 millones de dólares

En la cumbre climática COP26 de la ONU que se celebró en noviembre, tras un cuarto de siglo de negociaciones anuales que todavía no han logrado reducir las emisiones globales, los países del mundo finalmente incluyeron la palabra “carbón” en su decisión final.

Incluso esta tardía mención del combustible fósil más contaminante fue delicada, dejando a un “profundamente apenado” presidente de la COP, Alok Sharma, luchando contra las lágrimas en el podio después de que India anunciara a último minuto una atenuación de la necesidad de “eliminar gradualmente el carbón” a “reducir gradualmente el carbón”.

No obstante, el mundo acordó que la energía procedente del carbón era historia, la cuestión ahora consistía en la rapidez con la que las energías renovables más económicas podrían sustituirla, y cuán justa sería la transición para el pequeño número de países en desarrollo que aún dependían de ella.

No obstante, en el acuerdo final de la COP26 no se mencionó el petróleo ni el gas, a pesar de que ambos son responsables de casi el 60% de las emisiones de combustibles fósiles.

Además, muchos de los países desarrollados, como Estados Unidos, que dominan la diplomacia climática internacional y se posicionaron a sí mismos como líderes climáticos en la conferencia, son grandes actores en los nuevos proyectos de petróleo y gas. Pero, a diferencia de la India, evitaron las críticas.

Esta falta de análisis llevó a The Guardian a dedicar los meses posteriores a la COP26 a reconstruir la imagen más clara posible de la próxima exploración y producción de petróleo y gas.


Código rojo

Los científicos del planeta coinciden en que el planeta se encuentra en graves problemas. En agosto, Guterres respondió con contundencia al crudo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la principal autoridad mundial en materia de ciencia climática. “(Este informe) es un código rojo para la humanidad”, dijo.

El IPCC afirma que se deben reducir las emisiones de carbono a la mitad desde ahora hasta el año 2030 para preservar la posibilidad de un futuro habitable, no obstante, no muestran ningún indicio de disminución.

Los expertos han advertido desde al menos el año 2011 que no se podría quemar la mayor parte de las reservas de combustibles fósiles del mundo sin provocar un calentamiento global catastrófico.

En 2015, un análisis de alto nivel determinó que para limitar la temperatura global por debajo de los 2°C, la mitad de las reservas conocidas de petróleo y un tercio del gas debían permanecer bajo tierra, junto con el 80% del carbón.

“En pocas palabras, están mintiendo y los resultados serán catastróficos”, señaló Guterres. “Invertir en nuevas infraestructuras de combustibles fósiles es una locura moral y económica”.

En la actualidad, el problema es incluso más grave. La mejor comprensión de los impactos devastadores de la crisis climática ha conducido a que el límite acordado internacionalmente para el calentamiento global fuera reducido a 1.5°C, con el objetivo de reducir los riesgos de olas de calor extremas, sequías e inundaciones.

En mayo de 2021, un informe de la Agencia Internacional de la Energía, anteriormente considerado un organismo conservador, concluyó que no podría haber nuevos yacimientos de petróleo o gas ni minas de carbón si se deseaba que el mundo alcanzara el cero neto de emisiones para el año 2050.

Pronto siguieron más advertencias. Un análisis científico actualizado reveló que la proporción de reservas de combustibles fósiles que deberían permanecer bajo tierra para mantener la temperatura de 1.5°C se elevó al 60% en el caso del petróleo y el gas y al 90% en el caso del carbón, mientras que la ONU advirtió que la producción prevista de combustibles fósiles “supera ampliamente” el límite necesario para mantener la temperatura de 1.5°C.

En abril, conmocionado por el último informe del IPCC, que indicaba que era “ahora o nunca” para comenzar a reducir las emisiones, Guterres atacó sin rodeos a las empresas y los gobiernos cuyas acciones climáticas no coincidían con sus palabras.

“En pocas palabras, están mintiendo, y los resultados serán catastróficos”, indicó. “Invertir en nuevas infraestructuras de combustibles fósiles es una locura moral y económica”.

“Los activistas climáticos en ocasiones son descritos como radicales peligrosos. Sin embargo, los verdaderos radicales peligrosos son los países que aumentan la producción de combustibles fósiles”.

La respuesta ante la guerra de Rusia en Ucrania ha incrementado aún más los precios del petróleo y el gas, incentivando todavía más las apuestas por nuevos yacimientos e infraestructuras que durarían décadas.

El fracaso de los países respecto a “reconstruir más verde” tras la pandemia de Covid-19 o la crisis financiera de 2008 no fue un buen presagio, y Guterres comentó: “Los intereses relativos a los combustibles fósiles ahora están utilizando cínicamente la guerra en Ucrania para asegurar un futuro con altas emisiones de carbono”.

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Evaluar el desarrollo futuro del petróleo y el gas constituye un reto: el sector es complejo y con frecuencia reservado, la información pública es escasa y difícil de encontrar y evaluar. Sin embargo, un equipo global de periodistas de medio ambiente de The Guardian trabajó con los principales centros de estudios, analistas y académicos de todo el mundo durante los últimos cinco meses y ahora podemos responder algunas preguntas que revelan la magnitud de los planes del sector.

En primer lugar, ¿cuál es la cantidad de producción que se obtendrá de los proyectos que probablemente comenzarán a perforar antes de que finalice esta década crucial?

La siguiente, ¿dónde se encuentran exactamente los mayores proyectos en todo el mundo, las llamadas bombas de carbono que harían explotar el clima?

También investigamos la cuestión del dinero: ¿cuánto se gastará en petróleo y gas que no se puede quemar de forma segura, en lugar de invertirlo en energías limpias? ¿Y quién se beneficia más de las subvenciones para los combustibles fósiles que ocultan el verdadero daño que causan?

Las respuestas de estas preguntas clave llevan a una conclusión inevitable: si prosiguen los proyectos, acabarán con el límite mundial de emisiones, que se está reduciendo rápidamente, y que es necesario mantener para posibilitar un futuro habitable, conocido como el presupuesto de carbono.

A pesar de todas las promesas hechas por muchas empresas petroleras, los datos muestran que siguen comprometidas con su negocio principal a pesar de las consecuencias.


Planes de expansión

Los planes de expansión a corto plazo de las empresas petroleras y de gas, como ExxonMobil y Gazprom, tienen dimensiones colosales. La investigación de The Guardian descubrió que en los próximos siete años, aproximadamente, probablemente comenzarán a producir petróleo y gas con proyectos que terminarán aportando 192 mil millones de barriles, el equivalente a una década de las emisiones actuales de China.

Este cálculo fue proporcionado por los analistas de Urgewald, quienes utilizaron datos de Rystad Energy, la fuente estándar de la industria pero que no está disponible públicamente.

Su base de datos Gogel incluye 887 empresas que exploran y producen petróleo y gas, y cubre el 97% de los planes de expansión a corto plazo.

Las empresas asumieron un compromiso financiero final con proyectos que aportarán 116 mil millones de barriles, más de la mitad del total de 192 mil millones de barriles.

También han realizado grandes inversiones en el resto de los proyectos, incluidos los planes finales de desarrollo, ingeniería y operación. Este tipo de inversión hace que estos proyectos tengan posibilidades de seguir adelante, a no ser que el gobierno tome medidas drásticas, señala Urgewald.


Las empresas ya asumieron su compromiso financiero definitivo para proyectos que aportarán 116 mil millones de barriles de petróleo

116 mil millones

Un tercio de los planes de expansión a corto plazo del petróleo y el gas procedería de fuentes “no convencionales” y más riesgosas. Entre ellas figuran la fractura hidráulica (fracking) y las perforaciones ultraprofundas en alta mar, que son intrínsecamente más peligrosas, pues a medida que las empresas petroleras y de gas perforan a mayor profundidad, aumenta el número de derrames, lesiones y explosiones.

Los 192 mil millones de barriles están divididos aproximadamente en un 50-50 entre líquidos, incluido el petróleo crudo, y el gas. La combustión de este volumen produciría 73 mil millones de toneladas de CO2. No obstante, el metano, que se escapa sistemáticamente de las operaciones de gas, es un potente gas de efecto invernadero que atrapa 86 veces más calor que el CO2 en un plazo de 20 años. Si se toma en cuenta este impacto, con una tasa de fuga estándar del 2.3% en la cadena de suministro, significa el equivalente a 97 mil millones de toneladas de CO2 añadidas a la atmósfera, lo cual nos conduce con mayor rapidez hacia el infierno climático.

Las empresas petroleras estatales encabezan la lista de expansión a corto plazo de Urgewald, en la que Qatar Energy, la empresa rusa Gazprom y Saudi Aramco ocupan los tres primeros puestos. La mitad de la expansión proyectada para Gazprom se encuentra en la frágil región del Ártico, aunque aún queda por ver cuáles serán las implicaciones a largo plazo de la guerra de Rusia en Ucrania en sus planes de combustibles fósiles.

Las grandes empresas petroleras que cotizan en bolsa, ExxonMobil, Total, Chevron, Shell y BP, se encuentran entre las 10 primeras. La producción de petróleo y gas no convencional y riesgosa representa alrededor del 70% de los totales de las grandes petroleras estadounidenses, mientras que la proporción de la fractura hidráulica y las aguas ultraprofundas oscila entre el 30% y el 60% en el caso de las empresas europeas.

“La mayoría de las empresas petroleras y de gas se limitan a seguir con su actividad habitual”, señaló Nils Bartsch, de Urgewald. “A algunas simplemente no les importa. Algunas no entienden su responsabilidad porque los gobiernos de todo el mundo las dejan proceder, aunque, por supuesto, estos gobiernos suelen estar influenciados por la industria”.

Dos tercios de los 116 mil millones de barriles de proyectos de petróleo y gas con los que las empresas están comprometidas financieramente se encuentran en Medio Oriente, Rusia y Norteamérica, según indican los datos proporcionados por Rystad Energy.

Se prevé que Australia sea un gran contribuyente con 3 mil 400 millones de barriles, cifra superior a la de toda Europa, donde los yacimientos están relativamente agotados.

Un análisis independiente realizado por Urgewald para The Guardian sobre la inversión promedio anual en exploración de yacimientos de petróleo y gas en los últimos tres años revela que, junto con Shell, tres grandes empresas chinas, aunque rara vez inspeccionadas, ocupan los cuatro primeros puestos: PetroChina, China National Offshore Oil Corporation y Sinopec. Siete de las 10 principales empresas exploradoras recurren a la fractura hidráulica, a las aguas ultraprofundas del Ártico y a la explotación de arenas bituminosas para obtener más de la mitad de su expansión.


Bombas de carbono

Daniel Ribeiro ha estado luchando contra los planes de un enorme oleoducto submarino y una planta de gas natural licuado en la provincia de Cabo Delgado, Mozambique, desde que se propuso el proyecto hace más de 15 años.

El proyecto, que provocaría un enorme aumento de las emisiones de carbono en uno de los países más pobres y vulnerables al cambio climático, cuenta con el respaldo de más de mil millones de libras del gobierno británico y tiene a algunas de las mayores empresas petroleras y de gas girando a su alrededor, las cuales buscan otra enorme ganancia.

Una investigación compartida de forma exclusiva con The Guardian identificó que el desarrollo en Cabo Delgado provocará un colapso climático catastrófico en todo el mundo

“El proyecto ya está causando grandes trastornos en la pesca local y en los agricultores de subsistencia que se están viendo obligados a abandonar sus tierras”, dijo Ribeiro, del grupo de campaña local Justiça Ambiental. “Pero si continúa y países como Mozambique emprenden el camino de los combustibles fósiles, será un desastre mundial. Podemos olvidarnos de atajar la crisis climática… todos sufriremos”.

Una investigación compartida de forma exclusiva con The Guardian identificó el desarrollo de Cabo Delgado como una de las 195 bombas de carbono que –a menos que sea detenida– provocará un colapso climático catastrófico en todo el mundo.

El término bomba de carbono ha sido ampliamente utilizado en los círculos climáticos durante la última década para describir grandes proyectos de combustibles fósiles u otras grandes fuentes de carbono. La nueva investigación establece una definición específica: proyectos capaces de bombear al menos mil millones de toneladas de emisiones de CO2 durante su vida útil.

Entre los proyectos identificados se encuentran las nuevas perforaciones de pozos que están surgiendo en la región silvestre de Canadá como parte del vasto desarrollo de petróleo y gas de Montney Play, y los enormes yacimientos de gas de North Field en Qatar, denominados en el estudio como la mayor nueva bomba de carbono de petróleo y gas del mundo.

El estudio, dirigido por Kjell Kühne, de la Universidad de Leeds en el Reino Unido, y que se publicará en la revista Energy Policy, reveló que pocos meses después de que muchos de los políticos del mundo se posicionaran como líderes climáticos durante la conferencia COP26 celebrada en Glasgow, estuvieron autorizando una masiva expansión mundial de la producción de petróleo y gas que, según advierten los científicos, llevaría a la civilización al borde del abismo.

Asad Rehman, uno de los principales activistas por la justicia climática en el Reino Unido, que estuvo al frente de una red mundial de activistas indígenas y de la sociedad civil en Glasgow, acusó a Estados Unidos, Canadá y Australia de “hipocresía absoluta”.

“Estos países están socavando por sí solos los esfuerzos para reducir las emisiones globales e ignoran su responsabilidad de eliminar gradualmente los combustibles fósiles de forma rápida y justa”. Señaló que los más pobres y vulnerables eran los que estaban sufriendo.


En conjunto, estos proyectos producirían 646 GtCO2 de emisiones, engullendo todo el presupuesto mundial de carbono

646Gt

“Solo la mentalidad colonial de los dirigentes políticos de los países ricos es capaz de hacer el brutal cálculo de que el interés de los gigantes de los combustibles fósiles y sus miles de millones de ganancias es más importante que la vida de las personas que son, en su inmensa mayoría, afroamericanas, latinas y pobres”.

En conjunto, estos proyectos producirían 646 mil millones de toneladas de emisiones de CO2, según indica el estudio, engullendo todo el presupuesto mundial de carbono. Más del 60% de estos proyectos ya están operando.

Kühne, director de la iniciativa Leave it in the Ground Initiative, comentó que, en primer lugar, se debe detener el 40% de los proyectos que todavía no han iniciado su producción si se desea evitar que el mundo avance cada vez más rápido hacia la catástrofe, y añadió que deberían ser uno de los principales focos de atención del movimiento mundial de protesta contra el cambio climático en los próximos meses y años.

“La industria del petróleo y el gas sigue planeando estos enormes proyectos, incluso a pesar de un planeta en llamas. Los ambiciosos objetivos del acuerdo de París no fueron, al parecer, suficientes para hacerles cuestionar su argumento comercial. Estas bombas de carbono son el mayor indicador individual de que no nos estamos esforzando lo suficiente”.

El estudio está basado en los datos proporcionados por Rystad Energy aunque, en lugar de centrarse en el número total de barriles, identifica los megaproyectos potencialmente responsables de las mayores emisiones.

De acuerdo con la investigación, Estados Unidos es la principal fuente de emisiones potenciales. Sus 22 bombas de carbono incluyen la perforación de pozos convencional y la fractura hidráulica, y abarcan desde las aguas profundas del Golfo de México hasta las faldas de la cordillera Front en Colorado, pasando por la Cuenca Pérmica. En conjunto, tienen el potencial de emitir 140 mil millones de toneladas de CO2, casi cuatro veces más en comparación con lo que emite todo el mundo cada año.

Arabia Saudita es el segundo mayor emisor potencial después de Estados Unidos, con 107 mil millones de toneladas, seguido de Rusia, Qatar, Irak, Canadá, China y Brasil.

Australia, ampliamente condenada por los líderes internacionales como un país rezagado en la lucha contra la crisis climática, ocupa el puesto 16.

Robyn Churnside, una anciana de la etnia ngarluma de la península Burrup (o Murujuga), situada en el remoto noroeste de Australia, ha luchado contra los combustibles fósiles y las explotaciones mineras desde la década de 1970. Forma parte de una campaña que intenta detener el proyecto de gas Scarborough de Woodside, valorado en 12 mil millones de dólares, uno de los proyectos de explotación de combustibles fósiles más grandes del país en una década.

Churnside indicó que las voces disidentes de los indígenas fueron ignoradas con demasiada frecuencia cuando se tomaron decisiones sobre nuevas infraestructuras de petróleo y gas que podrían bloquear las emisiones durante décadas y profanar lugares culturalmente significativos, los cuales, en algunos casos, han existido durante decenas de miles de años.

“Ya es hora de que el mundo escuche a los pueblos de las Primeras Naciones porque hemos estado aquí durante mucho, mucho tiempo”, señaló. “Nuestro espíritu en esta tierra nunca descansará. Necesita protección”.

El profesor Kevin Anderson, del Tyndall Centre of Climate Research, de la Universidad de Manchester, y de la Universidad de Upsala en Suecia, comentó que la magnitud de la producción prevista a pesar de toda la evidencia sugería que las grandes empresas petroleras y sus partidarios políticos no creían en la ciencia relativa al clima o pensaban que su extrema riqueza los protegería de alguna manera a ellos y a sus hijos de las devastadoras consecuencias.

“Una de dos: o los científicos han pasado 30 años trabajando en este tema y no lo han entendido bien –los CEOs de las grandes petroleras lo saben mejor– o, tras una apariencia de preocupación, ignoran por completo a las comunidades más vulnerables al clima, generalmente pobres, de color y alejadas de sus vidas. De forma igualmente preocupante, son indiferentes al futuro de sus propios hijos”.


El dinero

Cuando la empresa BP presentó su informe de resultados trimestrales a las instituciones financieras en febrero, un analista dijo que “disfrutaba mucho de la camaradería y el positivismo que están generando”, antes de preguntar sobre la situación de caja de la empresa.

“Les hemos dado un pequeño y encantador gráfico”, respondió Murray Auchincloss, director financiero de BP. “Desde luego, es posible que estemos recibiendo más efectivo como para saber qué hacer con él. Por ahora, seré conservador y gestionaré la empresa como si el petróleo estuviera a 40 dólares (el barril). Todo lo que podamos conseguir por encima de esa cifra ayuda, obviamente”. En aquel momento, el precio del petróleo superaba los 90 dólares; hoy está en 106 dólares.

La industria petrolera está inundada de dinero. El dinero que tienen las empresas pertenece a los accionistas, incluyendo los fondos de pensiones, o en el caso de las empresas petroleras nacionales, a los gobiernos y, al menos en teoría, a los ciudadanos. Sin embargo, los planes de inversión de las empresas petroleras más grandes difieren claramente del objetivo de frenar la crisis climática.

Los datos obtenidos por The Guardian del centro de estudios Carbon Tracker muestran que una docena de las mayores empresas del mundo se disponen a destinar 387 millones de dólares al día de gastos de capital a la explotación de yacimientos de petróleo y gas hasta el año 2030.

Una parte importante de esta cantidad está destinada a mantener la producción de los proyectos existentes –se seguirá necesitando una cierta cantidad de petróleo y gas a medida que el mundo se vaya desprendiendo de los combustibles fósiles–, aunque la cantidad exacta no está disponible públicamente.

No obstante, es evidente que al menos una cuarta parte de esta inversión –103 millones de dólares al día– está destinada a la extracción de petróleo y gas que no se puede quemar si se desea evitar los peores efectos de la crisis climática, dinero que, en cambio, se podría emplear en incrementar las energías limpias.

Y lo que resulta aún más preocupante, las empresas han desarrollado otras opciones de proyectos que podrían llevarlas a gastar otros 84 millones de dólares al día que ni siquiera serían compatibles con el devastador 2.7°C de calentamiento global.

Los gobiernos del mundo se comprometieron en el acuerdo climático de París a limitar el calentamiento global a una temperatura muy inferior a 2°C, y a seguir esforzándose para limitar el aumento de la temperatura a 1.5°C. Para este último objetivo, más estricto, no es posible desarrollar nuevos proyectos de producción de petróleo y gas.

Los datos de Carbon Tracker, recopilados en septiembre, utilizan una temperatura de 1.65°C para representar el objetivo de una temperatura muy inferior a los 2°C y revelan que el 27% de las inversiones previstas por las empresas son incompatibles con este objetivo.

ExxonMobil es la empresa que tiene el mayor plan de inversión para combatir el cambio climático, con 21 millones de dólares al día hasta el año 2030, seguida de Petrobras (15 millones de dólares), Chevron y ConocoPhillips (ambas con 12 millones de dólares) y Shell (8 millones de dólares).

En cuanto a las inversiones más peligrosas –aquellas que podrían contribuir a elevar las temperaturas por encima de los 2.7ºC–, Gazprom representa 17 millones de dólares al día en este sentido, ExxonMobil 12 millones, Shell 11 millones y PetroChina 9 millones.

Si los gobiernos actúan siguiendo el consejo científico de reducir rápidamente las emisiones de carbono impulsando las energías limpias y reduciendo la quema de combustibles fósiles, las empresas tendrían que contabilizar estas colosales sumas como pérdidas, afectando a los accionistas, a los fondos de pensiones y a las finanzas públicas. Si los gobiernos no actúan, las empresas podrían lucrar mientras el mundo se quema.

En general, las empresas petroleras internacionales son las que realizan las mayores apuestas, ya que casi el 40% de sus inversiones previstas son incompatibles con un calentamiento de 1.65°C. ExxonMobil se sitúa en una posición especialmente alta, con un 56%. El promedio de las empresas petroleras nacionales es del 17%, aunque el 56% de los gastos de capital previstos por Petrobras son incompatibles con el 1.65°C.

“Las empresas que siguen desarrollando proyectos basados en la demanda tradicional están apostando por el fracaso de la acción política sobre el cambio climático y subestimando el potencial disruptivo de las nuevas tecnologías, como las renovables y el almacenamiento en baterías”, señaló Mike Coffin, de Carbon Tracker. “Esos proyectos no son necesarios ni conducen a un calentamiento muy superior a los objetivos de París“.

Un reciente análisis independiente basado en los datos de Rystad Energy del mes de abril, tras la invasión de Rusia contra Ucrania, reveló que 20 de las empresas de petróleo y gas más grandes del mundo seguían encaminadas a gastar enormes sumas –932 mil millones de dólares– para finales de 2030 para el desarrollo de nuevos yacimientos de petróleo y gas.

Liberar al mundo de las garras de los combustibles fósiles es una tarea mucho más difícil debido a las enormes subvenciones que se otorgan a estos combustibles, las cuales hacen que sean mucho más económicos de lo que realmente cuestan si se incluyen los daños que causan, sobre todo la contaminación atmosférica, que mata a 7 millones de personas al año. El grupo del G20, formado por las principales economías, se comprometió en 2009 a eliminar progresivamente las subvenciones, no obstante, se ha logrado poco en este sentido.

Los productores y consumidores de combustibles fósiles reciben cada año cientos de miles de millones de dólares en ayudas financieras directas, sin embargo, se benefician de subvenciones mucho más cuantiosas ya que no pagan por los daños que provoca la quema de combustibles fósiles. Cuando se contabilizan los daños de la crisis climática y la contaminación atmosférica, las subvenciones para los combustibles fósiles alcanzan los 6 billones de dólares al año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). El análisis de The Guardian indica que esto equivale a 11 millones de dólares por minuto en todo el mundo, 4 millones de dólares por minuto en China y más de 1 millón de dólares en Estados Unidos.

El análisis de The Guardian sobre datos más detallados del FMI muestra que los automovilistas de Estados Unidos, Canadá y Australia, junto con Arabia Saudita, son los mayores beneficiarios del mundo de las subvenciones para los combustibles para el transporte por carretera, y que algunos gobiernos se ven presionados para aumentarlas durante la actual crisis energética.

La subvención per cápita para la gasolina y el diésel en toda la población de Arabia Saudita era de más de mil dólares al año en 2020. En Estados Unidos, la subvención per cápita para el combustible para el transporte por carretera es de 644 dólares y de aproximadamente 500 dólares tanto en Canadá como en Australia.

Japón y Alemania también aparecen en los 10 primeros puestos del análisis del combustible para el transporte por carretera, que se centró en los 54 grandes países que tienen más de 25 millones de habitantes y que representan el 90% de la población mundial y de las subvenciones. La subvención per cápita del Reino Unido para los combustibles de transporte por carretera era de solo 10 dólares al año, lo que indica que los impuestos sobre la gasolina y el diésel en 2020 se acercaban al nivel de los daños que provoca la quema de estos combustibles.

Estados Unidos también encabeza la lista de las mayores subvenciones per cápita para todos los combustibles fósiles, con 2 mil dólares al año, solo detrás de Arabia Saudita (4 mil 550 dólares) y Rusia (3 mil 560 dólares). Después de estos países, solo Irán (mil 815 dólares) supera a Australia (mil 730 dólares) y a Canadá (mil 690 dólares).

“El hecho de tomar con seriedad el acuerdo de París requiere dejar de utilizar rápidamente los combustibles fósiles”, dijo Simon Black, economista climático del FMI. “Acertar en los precios de los combustibles fósiles ayudará enormemente a acelerar esta transición”.


La transición

El cambio para dejar de quemar petróleo y gas no puede ocurrir de la noche a la mañana, y seguirá siendo necesario quemar una cantidad cada vez menor durante la transición hacia una economía mundial de cero neto de emisiones en 2050. La cuestión consiste en si las empresas y los gobiernos están actuando con la suficiente rapidez.

The Guardian envió un escrito a las empresas petroleras y de gas mencionadas en su análisis y les pidió su respuesta.

“En el escenario de cero neto de emisiones de la AIE, y en todos los escenarios relacionados con París, todas las fuentes de energía siguen siendo importantes hasta el año 2050, y el petróleo y el gas natural siguen siendo componentes esenciales de la combinación energética”, indicó un vocero de ExxonMobil.
Sin embargo, el papel del petróleo y el gas se reduciría considerablemente en 2050, según indicó la AIE: “Aparte de los proyectos ya comprometidos a partir de 2021, no hay nuevos yacimientos de petróleo y gas aprobados para su explotación (en nuestro escenario neto cero)”.

ExxonMobil tenía previsto invertir más de 15 mil millones de dólares en iniciativas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en los próximos seis años, comentó el vocero, incluyendo la captura y el almacenamiento de carbono, el hidrógeno y los biocombustibles. La empresa se propuso alcanzar el objetivo del cero neto de emisiones para el año 2050, pero únicamente a partir de sus propias operaciones, no de los combustibles que vendió, por lo que solo cubre una pequeña fracción de las emisiones procedentes del petróleo y el gas que vende.

Un vocero de la empresa Shell citó declaraciones recientes de la empresa: “Como resultado de (nuestro) nivel previsto de inversión de capital, esperamos una disminución gradual de alrededor del 1-2% al año en la producción total de petróleo hasta el año 2030, incluyendo las liquidaciones”.

“El mundo se encuentra en una carrera contra el tiempo”, dijo Guterres. “Es el momento de acabar con las subvenciones para los combustibles fósiles y detener la expansión de la exploración de petróleo y gas”.

“Para 2025, Shell espera que su gasto en productos y servicios (bajos y sin emisiones de carbono) en todos sus negocios haya aumentado hasta cerca del 50% de su gasto total”, señala un reciente informe de la empresa. En 2022, se espera que la proporción sea superior al 35%. En 2021, “Shell alcanzó sus objetivos de inversión anual en energías renovables y soluciones energéticas de entre 2 mil y 3 mil millones de dólares”, indica el informe.

ConocoPhillips también citó un plan de cero neto de emisiones publicado recientemente: “Nuestro objetivo es apoyar una transición ordenada que adapte la oferta a la demanda y se centre en el rendimiento de, y en, el capital, al tiempo que suministra energía asequible de forma segura y responsable”.

El documento indica que las ganancias de los proyectos de petróleo y gas son significativamente mayores que los de las inversiones en energías renovables.

ConocoPhillips ha destinado 200 millones de dólares en 2022 para reducir las emisiones de sus operaciones. Para reducir las emisiones derivadas de la quema de los combustibles fósiles que suministra, la empresa aboga por un “precio del carbono en toda la economía que ayude a cambiar la demanda de los consumidores de fuentes de energía con alto contenido de carbono a fuentes con bajo contenido de carbono”.

“Petrobras planifica sus inversiones considerando que el acuerdo de París será exitoso y la temperatura global se mantendrá por debajo de los 2°C”, explicó un vocero de la empresa. “El petróleo seguirá siendo importante en las próximas décadas, incluso en escenarios de transición acelerada”.

El vocero señaló que el escenario de la AIE de 1.65°C indicaba que era necesario realizar algunas inversiones en proyectos de exploración. “Estamos realizando planes para activos altamente resistentes y competitivos en los escenarios acordes con París, debido a su bajo costo de producción y a sus bajas emisiones. Petrobras sigue su estrategia de maximizar el valor de su cartera, (con el 99% de la inversión en exploración) centrándose en los activos de aguas profundas y ultraprofundas.”

TotalEnergies destacó su reciente informe de sustentabilidad, que, según dijo, “demostró a nuestras partes interesadas que ya nos encontramos en el camino correcto”. La empresa tiene como objetivo reducir en un 30% las emisiones procedentes de las ventas de petróleo y gas para el año 2030 y aumentar la proporción de sus ventas de energía que son renovables del 9% en 2021 al 20% en 2030.
Saudi Aramco y Eni enviaron una respuesta a The Guardian, pero declinaron realizar comentarios. Las demás empresas no respondieron a la petición de The Guardian.


Carrera contra el tiempo

La investigación de The Guardian ofrece una respuesta a la pregunta de cuál es la magnitud del peligro que suponen los planes de las empresas petroleras y de gas para el clima.

No obstante, existe otra serie de cuestiones, las que incumben a los políticos y a los gobiernos, que afectarán en última instancia el curso de la emergencia climática.

¿Actuarán los gobiernos del planeta para poner fin a la gigantesca apuesta climática de las empresas petroleras? ¿Apoyarán los países más ricos, históricamente los más responsables de las emisiones, una transición justa para los países en vías de desarrollo que se encuentran en el frente de la creciente crisis?
¿Una acción contundente e inmediata conduciría a un colapso financiero, con la pérdida de miles de millones de dólares del valor de algunas de las empresas más grandes del mundo? ¿O una acción más constante pero conjunta nos despojará rápidamente de los combustibles fósiles, cerrará los cajeros de las compañías petroleras y nos conducirá a un futuro de energía limpia con un clima habitable? Solo el tiempo lo dirá. Sin embargo, a diferencia del petróleo y el gas, el tiempo es muy escaso.

“El mundo se encuentra en una carrera contra el tiempo”, señaló Guterres. “Es hora de acabar con las subvenciones para los combustibles fósiles y detener la expansión de la exploración de petróleo y gas”.

Al reflexionar sobre la guerra en Ucrania, dijo: “Los países podrían verse tan consumidos por el déficit inmediato de suministro de combustibles fósiles que descuidaran o soslayaran las políticas de reducción del uso de combustibles fósiles. Esto es una locura. La adicción a los combustibles fósiles es una destrucción mutua segura”.

Información adicional de Jillian Ambrose, Adam Morton, Nina Lakhani, Oliver Milman y Chris McGreal.

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