De los jets de los famosos al viaje de Pelosi: los rastreadores de vuelos son el éxito del verano
Todos los vuelos del mundo el 3 de agosto, según mostró Flightradar 24. Foto: Flightradar24

¿Quieres ver en vivo un vuelo de máximo secreto del gobierno? ¿Seguir los movimientos de un capo del tráfico de drogas en tiempo real? ¿O saber cuánto contaminan el aire los jets de Taylor Swift? Todo esto es transmitido en vivo en el éxito inesperado del verano: los rastreadores de vuelos en línea.

El martes, los espectadores rompieron récords en Flightradar24, una de las mayores páginas web de seguimiento de vuelos del mundo, cuando vieron el vuelo de siete horas de Nancy Pelosi de Kuala Lumpur a Taipei. El viaje, mantenido en secreto hasta sus últimos momentos, acaparó la atención internacional después de que China pronunciara amenazas militares durante las semanas previas a la visita, y de que iniciara ejercicios con fuego real una vez que ella partiera.

Muchos taiwaneses estuvieron pegados a los rastreadores de vuelos: uno me comentó que el hijo de su amigo pidió quedarse despierto hasta muy tarde para ver el rastreador en vivo: “como la cuenta regresiva de año nuevo”, comentó el padre secamente.

Ian Petchenik, jefe de comunicaciones de Flightradar24, señaló que la página web había registrado un “interés constante sin precedentes” en relación con el vuelo de Pelosi, y que, en su momento de mayor interés, un número récord de 708 mil personas observaron simultáneamente el pequeño icono rojo que representaba el Boeing C-40C de la presidenta de la Cámara de Representantes –con las siglas de identificación SPAR19– mientras rodeaba las Filipinas para evitar las bases chinas situadas en el Mar de la China Meridional, después, voló a través del Estrecho de Luzón, según se informa, bajo la vigilancia de tres portaaviones estadounidenses, e hizo un arco a través de las cadenas montañosas de Taiwán antes de aterrizar en Taipei.

La cantidad de tráfico hizo que la página de Flightradar24 fuera “inestable para algunos usuarios” y el sitio se vio obligado a limitar el acceso en algunos momentos. En total, 2.92 millones de personas se conectaron para ver alguna parte del vuelo de Pelosi, aproximadamente tres veces más personas en comparación con las que siguieron el vuelo en la cadena CNN en horario de máxima audiencia.

Flightradar24 ha registrado otros grandes momentos en fechas recientes: alrededor de 550 mil espectadores rastrearon el vuelo del líder de la oposición rusa, Alexei Navalny, cuando regresó a Moscú en 2021 para enfrentarse a su encarcelamiento. Miles de personas más siguieron el recorrido de un Global Hawk de las fuerzas aéreas estadounidenses durante la invasión de Rusia antes de que sobrevolara el Mar Negro. Los espectadores también utilizaron la página para hacer un seguimiento de la caótica evacuación de Estados Unidos de Afganistán.

El atractivo es simple, explicó Petchenik: “Puedes participar en la historia en tiempo real. Si el periódico es el primer borrador de la historia, entonces esto es lo que precede a la escritura”. Los datos del rastreador de vuelos prácticamente no tienen retrasos, lo cual proporciona una pura sensación de inmediatez. Otro de los atractivos, dice Petchenik, es la experiencia de ver los vuelos con otras personas y comentarlos en las redes sociales. Solo imaginen la atención, comenta Petchenik, si hubieran podido ver a Nixon viajar a China en tiempo real.

No solo los acontecimientos informativos mundiales provocan aumentos en el tráfico de la página web. Conforme se acerca la fecha límite de los fichajes, también se convierte en una herramienta esencial para los fanáticos de los deportes. “Observamos el mayor interés durante el periodo de fichajes del futbol europeo”, indicó Petchenik. “Los equipos tienen seguidores muy dedicados. Averiguan en qué vuelo se encuentra su jugador favorito y seguirán ese vuelo”.

Los rastreadores de vuelos utilizan una nueva tecnología de vigilancia de código abierto llamada ADS-B (Vigilancia Dependiente Automática-Difusión), que permite que los aviones transmitan su ubicación y otra información a cualquier persona que disponga de un receptor.

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Un kit receptor de Flightradar24. Foto: Flightradar24

Cualquier persona puede instalar un receptor ADS-B utilizando kits económicos. Esto ha permitido que Flightradar24 haya pasado de tener un par de receptores en Suecia, cuando se fundó la página en 2007, a una inmensa red compuesta por más de 30 mil receptores en todo el mundo, muchos de ellos gestionados por voluntarios. Los receptores tienen un alcance de algunos cientos de kilómetros, aunque presentan dificultades en terrenos como las montañas. Para cubrir los vacíos, Flightradar24 realiza referencias cruzadas entre sus receptores terrestres y los datos de otras fuentes, entre ellas los satélites y los datos de la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos.

El hecho de suscribirse a los datos del gobierno conlleva un inconveniente: los rastreadores de vuelos deben aceptar cumplir las normas de la FAA que permiten que los propietarios de las aeronaves soliciten que se eliminen sus datos de las páginas web públicas. Esto significa que Flightradar24 muestra algunos vuelos con carácter anónimo, aunque Petchenik no puede especificar cuáles.

En este caso entra en juego un popular rastreador de vuelos sin censura: ADS-B Exchange. La página web fue fundada como un pasatiempo en 2016 por Dan Streufert, un profesional informático que describe la política de la página de la siguiente forma: “No bloqueamos nada”. Esto es posible en parte porque el sitio no está suscrito a la información de la FAA. En su lugar, depende de los datos derivados de una red de alrededor de 9 mil receptores ADS-B en todo el mundo gestionados por aficionados a la aviación y otros voluntarios.

La red de Streufert permite que los usuarios observen los vuelos que las personas poderosas quieren mantener en secreto. En una ocasión, Streufert recibió una carta de un abogado europeo que exigía que ADS-B Exchange dejara de rastrear los vuelos de su cliente. Después de consultar los datos de los vuelos, Streufert se dio cuenta: “El sujeto solía trabajar para Gadafi. Ha sido acusado de crímenes de guerra y de matar gente y bla, bla, bla. Supongo que alguien utilizó nuestros datos para descubrir que estaba trasladando oro de Venezuela a Libia en su jet privado, y no le hizo mucha gracia que eso saliera a la luz”.

El enfoque de ADS-B Exchange respecto a los datos abiertos también ha permitido que los periodistas ciudadanos revelen los hábitos de los ricos y famosos de Estados Unidos. Este año, un programador de 19 años llamado Jack Sweeney creó un bot que publicaba en Twitter las rutas de vuelo de Elon Musk. Musk le ofreció a Sweeney 5 mil dólares para que retirara la información (el joven se negó).

Los datos de ADS-B Exchange fueron noticia este verano cuando una organización ecologista sin fines de lucro los utilizó para calcular las emisiones de carbono generadas por estrellas como Drake, Kylie Jenner, Travis Scott y Taylor Swift, quien respondió que su jet es “prestado con frecuencia a otros individuos”.

Sin embargo, Steufert comenta que en ocasiones los aviones de alto perfil transmiten de forma deliberada sus datos ADS-B. “Cuando empezó la guerra de Ucrania, se podía observar cómo Estados Unidos encendía estratégicamente los transpondedores de los aviones que se encontraban en la zona para en cierto modo enviar un mensaje. En una zona conflictiva como esa, sabes que no lo están dejando encendido por accidente”.

Steufert señala que los organismos oficiales con frecuencia utilizan los datos de ADS-B Exchange, cuya red de base puede detectar desplazamientos que los sistemas oficiales no captan. “Nosotros tenemos muchas estaciones terrestres de tipo económico, mientras que las agencias gubernamentales probablemente tienen menos estaciones terrestres, pero mucho más sofisticadas. Cada manera de monitorear el tráfico tiene sus pros y sus contras. Sin embargo, también hay menos trámites burocráticos para acceder a nuestro sistema”.

ADS-B Exchange suele compartir sus datos con los investigadores de accidentes aéreos, y también tiene contratos con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, explicó Steufert. “En realidad no nos dicen para qué los usan, pero eso ayuda a cubrir algunos de los costos”.

Steufert comenta que sitios como el suyo no hacen nada malo. “Nosotros no interpretamos los datos, eso se lo dejamos a los periodistas, a los medios de comunicación, a los investigadores, a quien sea, para que interpreten lo que puedan significar. Pero podemos compartir todos los datos que queramos”.