El jefe de la policía japonesa dimite tras el asesinato de Shinzo Abe
Itaru Nakamura en una conferencia de prensa en Tokio. Foto: JIJI Press/AFP/Getty Images

El oficial de policía de mayor rango de Japón anunció que renunciará a su cargo para asumir la responsabilidad por las fallas de seguridad que condujeron al tiroteo mortal perpetrado el mes pasado contra el exprimer ministro Shinzo Abe.

Itaru Nakamura indicó el jueves que tenía la intención de renunciar al cargo de jefe de la agencia nacional de policía con el objetivo de darle a la organización un “nuevo comienzo”, semanas después de que Abe fuera abatido a tiros mientras pronunciaba un discurso de campaña electoral.

“Hemos decidido reorganizar nuestro personal y empezar de nuevo con nuestros deberes de seguridad, y por ese motivo presenté hoy mi renuncia”, dijo Nakamura a los periodistas en una conferencia de prensa en la que detalló los errores de seguridad del día en que se produjo el tiroteo.

“En el proceso de verificación de nuestro nuevo plan de seguridad, nos hemos percatado que nuestro sistema de seguridad necesita un nuevo comienzo… necesitamos un nuevo sistema que reevalúe fundamentalmente las medidas de seguridad y garantice que esto no vuelva a ocurrir”. No precisó la fecha en la que su renuncia se haría efectiva.

Los medios de comunicación informaron que Tomoaki Onizuka, jefe de la policía de Nara, la prefectura occidental donde fue asesinado Abe, también había indicado que renunciaría.

El asesinato de Abe, que ocurrió en la mañana frente a una estación de tren de las afueras de la ciudad, inmediatamente generó preguntas sobre la forma en que el sospechoso, Tetsuya Yamagami, fue capaz de abatir a su objetivo por la espalda desde una corta distancia.

Los expertos en seguridad señalaron que los guardaespaldas podrían haber salvado a Abe protegiéndolo o retirándolo de la línea de fuego durante los dos segundos y medio que transcurrieron entre el primer disparo, que no dio en el blanco, y el segundo, que resultó mortal.

El primer ministro, Fumio Kishida, reconoció que los mecanismos de seguridad fueron defectuosos, mientras que las autoridades policiales admitieron que hubo “problemas” de seguridad.

“No logramos cumplir con nuestra responsabilidad de proteger a los dignatarios”, dijo Nakamura poco después del tiroteo ocurrido el 8 de julio, antes de pedir una investigación y una revisión en materia de seguridad para los políticos y otras figuras importantes.

“Tomamos esto con extrema seriedad. Como comisario general (de la agencia de policía), que está a cargo de la dirección y supervisión de la policía de la prefectura, mi responsabilidad es verdaderamente seria”.

La muerte de Abe, justo dos días antes de las elecciones nacionales, impulsó a otros candidatos a cancelar discursos o a reforzar sus medidas de seguridad.

Los medios de comunicación japoneses informaron que ninguno de los tres policías locales asignados para vigilar el área detrás de Abe se percató de que Yamagami se acercaba al político poco antes de que abriera fuego con una pistola de fabricación casera. En cambio, según el periódico Mainichi Shimbun, estuvieron observando el creciente número de personas que se detenían para escuchar el discurso de Abe.

Yamagami, que supuestamente es objeto de una evaluación psiquiátrica, se situó a unos siete metros de Abe antes de realizar el primer disparo, informó el Yomiuri Shimbun, citando fuentes de la investigación, antes de efectuar el segundo disparo desde una distancia de aproximadamente cinco metros.

Yamagami declaró a los investigadores que su odio a la Iglesia de la Unificación lo impulsó a matar a Abe, alegando que su madre dejó a su familia en la ruina económica tras haber hecho grandes donaciones a la organización.

El año pasado, Abe envió un mensaje en video a un grupo afiliado a la iglesia, y su abuelo, el primer ministro del periodo de posguerra Nobusuke Kishi, lo ayudó a consolidarse en Japón para contrarrestar la creciente influencia del comunismo y el movimiento sindical.