Kanye West modela de incógnito en la pasarela de Balenciaga en la semana de la moda de París
Kanye West en el desfile de Balenciaga en París. Foto: Anthony Ghnassia/Getty Images para Balenciaga

La audiencia de la semana de la moda de París tardó varios minutos en darse cuenta de que acababa de presenciar la primera aparición de Kanye West como modelo de pasarela para Balenciaga.

Con su sudadera negra puesta por encima de una gorra de béisbol de Balenciaga, había algo familiar en el hombre vestido con un chaleco antibalas oversize y unos holgados pantalones de cuero –la barba, el tambaleante contoneo– y, después de que algunos hicieran zoom en los videos grabados con sus teléfonos, se dieron cuenta: uno de los músicos más influyentes de su generación acababa de añadir el modelaje de pasarela a un currículum ecléctico que abarca 21 premios Grammy, colecciones de moda y colaboraciones desde París hasta Nueva York, un prolongado papel como invitado en el circo de celebridades de las Kardashian, y un intento casi real de postularse para la Casa Blanca.

Balenciaga se ha convertido en la marca de lujo más atractiva del mundo tomando los elementos más vacuos y absurdos de la semana de la moda y cambiándolos para transmitir algo interesante.

El hecho de subir a una celebridad a la pasarela para dar a conocer un desfile es un viejo truco; poner a uno de los hombres más famosos del mundo en su desfile de forma incógnita fue, según dijo el director creativo de Balenciaga, Demna –quien, al igual que Ye, como West ahora prefiere ser conocido, responde a un solo nombre–, un mensaje de que la gente debería valorar el individualismo y no adular a la celebridad.

En un comunicado que acompañó al desfile, dijo que “el individualismo en la moda se degrada a pseudotendencias dictadas por una publicación en las historias de alguna celebridad del momento… la moda en su mejor caso no debería necesitar una historia para ser vendida a alguien… déjennos permitir que todos sean alguien”.

Si supones que la moda gira en torno al glamour y la evasión, tendrás que ponerte al día con Balenciaga. Demna, quien ha declarado que la pulcritud y la perfección son “bastante de la vieja escuela”, sacudió la semana de la moda de París con una estética cruda y distópica.

La invitación al desfile fue una cartera desgastada, repleta de tarjetas, monedas y recibos, como si la hubieran devuelto de un depósito de objetos perdidos, complementada con una identificación –a nombre de un antiguo empleado de Balenciaga– y una foto descolorida de un gato escondida detrás del monedero.

La pasarela fue una senda lodosa que salpicó de suciedad negra las prendas de la pasarela y las bolsas de mano que se encontraban en la primera fila, con la banda sonora de unos disparos estruendosos de música tecno. Un momento de estilo de vida aspiracional, esto no lo fue.

Esto es moda para la era de BeReal en lugar de Instagram. De la misma manera que una pasarela de Chanel está deslumbrante con perlas y camelias, la de Balenciaga está salpicada de los tesoros de la vida real: AirPods en los oídos, una llave de casa colgando de una cola de caballo, bolsas modeladas en paquetes crujientes sujetados en una mano. (Incluso hubo lo que parecían ser bebés atados a algunos de los modelos en cabestrillos, aunque resultaron ser muñecos).

Sin embargo, Balenciaga sigue siendo definitivamente moda. La caída de las chaquetas bomber oversize es una actualización para la moda urbana de los cortes egg y cocoon con las que Cristóbal Balenciaga, el fundador de la casa, radicalizó la moda parisina en su propia época, hace 70 años.

El énfasis en el negro no solo es un guiño a la distopía, sino al poder del negro para enfatizar las siluetas exageradas que son una característica de Balenciaga del pasado y del presente.

Es posible que Ye tenga preparada otra sorpresa para la semana de la moda de París, ya que se rumora que presentará un desfile de su propia marca Yeezy, aunque no se ha hecho ningún anuncio al respecto.

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