Fiestas sexuales y autos: un agente infiltrado en un cártel denuncia la corrupción de la DEA
José Irizarry, exagente de la DEA caído en desgracia, cumple una condena de 12 años de prisión por sus diversos delitos. Foto: Carlos Giusti/AP

José Irizarry fue maldecido con los gustos de un narcotraficante y el sueldo de un servidor público. Agente de la Administración para el Control de las Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), a Irizarry le gustaban las fiestas en yates con trabajadoras sexuales, las joyas de Tiffany, las maletas de Louis Vuitton y los autos de lujo. Para financiar su estilo de vida –que llegó a incluir un BMW, dos Land Rovers y tres casas– Irizarry malversó millones de dólares de fondos gubernamentales.

En lo que los fiscales denominaron una “escandalosa violación de la confianza pública”, Irizarry, de 48 años, también lavó dinero con miembros de un cártel de drogas colombiano que se suponía eran sus enemigos jurados.

La explosiva revelación de que una de sus exestrellas en ascenso trabajó durante años como una especie de agente doble de un cártel ha resultado profundamente vergonzosa para la DEA, y ese y otros escándalos que afligen a la agencia no dan señales de disminuir.

El año pasado, el agente de la DEA Chad Scott fue condenado a 13 años de prisión por falsificar registros del gobierno, cometer perjurio y robar dinero de los sospechosos durante su trabajo como investigador. A principios de este año, otro agente, Nathan Koen, fue condenado por aceptar sobornos de un narcotraficante, y un tercero, John Costanzo Jr, fue acusado de aceptar sobornos a cambio de filtrar información confidencial a abogados defensores.

En entrevistas con la agencia de noticias Associated Press, Irizarry, que recientemente comenzó a cumplir una condena de 12 años de prisión, afirmó que la corrupción es endémica en la poderosa agencia antidrogas estadounidense, que cuenta con 92 oficinas en el extranjero, aproximadamente 4 mil 600 agentes especiales y un presupuesto de más de 3 mil millones de dólares.

“No se puede ganar una guerra que es imposible de ganar”, comentó Irizarry a Associated Press. La “DEA lo sabe y los agentes lo saben”. Hay “mucha droga que sale de Colombia. Y hay muchísimo dinero. Sabemos que no estamos marcando la diferencia”. Y añadió: “La guerra contra las drogas es un juego”, un “juego muy divertido que estábamos jugando”.

“Cuando mi cliente se unió a la DEA se le enseñó cómo ser corrupto, se le enseñó cómo violar la ley“, argumentó la abogada de Irizarry, María Domínguez, durante su juicio.

Algunos colegas agentes describen las afirmaciones de Irizarry como acusaciones sin fundamento hechas por un mentiroso que intenta distraer la atención de sus propios delitos admitidos. Un vocero de la DEA calificó a Irizarry como “un delincuente que violó su juramento como agente de la ley federal y que violó la confianza del pueblo estadounidense. En los últimos 16 meses, la DEA ha trabajado enérgicamente para reforzar aún más nuestras políticas de disciplina y contratación para garantizar la integridad y la eficacia de nuestro trabajo esencial”.

Como agente, Irizarry tenía acceso a miles o millones de dólares en fondos de la DEA, así como a las ganancias del narcotráfico que la agencia había incautado o estaba investigando. Y lo que resulta aún más grave, “sus huellas digitales están presentes en docenas de arrestos y acusaciones”, explicó David S. Weinstein, exfiscal federal de Miami, a Associated Press en 2020.

Irizarry, que nació en Puerto Rico y es bilingüe, comenzó su carrera policial como agente federal aéreo y agente de la patrulla fronteriza estadounidense. Fue contratado como agente especial de la DEA en 2009.

Según Associated Press, Irizarry fue contratado a pesar de tener un historial de quiebras –con deudas equivalentes a casi medio millón de dólares– y a pesar de que una prueba de polígrafo a la que fue sometido durante el proceso de selección indicaba signos de engaño.

Irizarry comenzó su carrera en la DEA trabajando en Miami. Trabajó de forma encubierta y con el tiempo fue trasladado a Cartagena, Colombia.

En algún momento, según indicaron los investigadores y los fiscales, Irizarry comenzó a colaborar con uno de sus informantes más valiosos, el estadounidense venezolano Gustavo Yabrudi, con el fin de desarrollar una operación de lavado de dinero en la que participaban socios del mundo del narcotráfico. Hicieron mucho dinero de forma rápida, e Irizarry no se esforzó en ocultar sus hábitos de consumo ni su temeridad general.

Hedonista consumado, famoso entre sus compañeros de la DEA por sus gustos extravagantes y su afición a los placeres sensuales y de la piel, Irizarry organizaba fiestas en yates con trabajadoras sexuales. La DEA se vio afectada por el escándalo en 2015 cuando surgieron reportes de que en Colombia se realizaban “fiestas sexuales” similares en las que participaban sus agentes. La entonces jefa de la DEA, Michele Leonhart, renunció como consecuencia del escándalo.

Irizarry comentó a Associated Press que decenas de otros agentes se unieron a su libertinaje, y que adaptaron de forma deliberada las operaciones antidroga para poder visitar centros de fiesta, partidos de futbol internacionales y el barrio rojo de Amsterdam. Comentó que los agentes se referían a sus escapadas de fraternidad como el “Equipo América” y que abarcaba varios continentes.

“Teníamos acceso libre para hacer lo que quisiéramos”, dijo Irizarry a Associated Press. “Generábamos recolecciones de dinero en los lugares a los que queríamos ir. Y una vez que llegábamos ahí todo giraba en torno al alcohol y las chicas”.

Añadió: “La acusación me retrata (como) el agente corrupto que llevó a cabo toda esta trama. Pero no habla del resto de la DEA. Yo no fui el genio“.

En 2017, después de que su jefe comenzara a sospechar y lo llamara de Colombia a Washington DC, Irizarry renunció. En 2020, después de que los investigadores lo acorralaran, se declaró culpable de 19 cargos federales, entre ellos fraude bancario y malversación de fondos del narcotráfico.

Un presunto responsable del lavado de dinero fue el padrino de sus hijos. La esposa de Irizarry, Nathalia Gómez-Irizarry, es pariente de Diego Marín, un hombre al que muchos agentes antidroga consideran como uno de los mayores sospechosos de lavado de dinero en Colombia.

Los investigadores del Departamento de Justicia de Estados Unidos interrogaron discretamente a muchos de los excolegas de Irizarry, según informa Associated Press, y el año pasado la Oficina del Inspector General del departamento publicó un informe en el que se afirmaba que existía una peligrosa falta de supervisión y responsabilidad en la DEA.

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