¿Podría el cáñamo ser una herramienta clave en la lucha contra el cambio climático?
El Reino Unido sigue clasificando el cáñamo industrial como droga controlada. Foto: Andreas Hauslbetz/Alamy

En todos los debates sobre cómo frenar el cambio climático, prácticamente no se menciona el cáñamo. Más conocido como cannabis, las variedades modernas de cáñamo son demasiado débiles para ser utilizadas como estupefacientes, pero son extremadamente eficientes en la absorción y retención de carbono.

El cáñamo es una de las plantas de más rápido crecimiento del mundo y puede llegar a medir 4 metros en 100 días. Las investigaciones sugieren que el cáñamo es dos veces más eficaz que los árboles en cuanto a la absorción y retención de carbono, ya que se calcula que una hectárea de cáñamo absorbe entre 8 y 22 toneladas de CO2 al año, una cantidad superior a la de cualquier bosque. Además, el CO2 queda retenido de forma permanente en las fibras de cáñamo, que pueden ser utilizadas para muchos productos, como textiles, medicinas, aislamiento de edificios y concreto; BMW incluso lo utiliza para sustituir los plásticos en varias piezas de automóviles.

Sin embargo, a diferencia de muchos otros países, el Reino Unido aún clasifica el cáñamo industrial como una droga controlada, y el cultivo de la planta requiere una licencia otorgada por el Ministerio del Interior. En Gran Bretaña solo se cultivan aproximadamente 800 hectáreas, pero los trabajos de la Universidad de York y el Biorenewables Development Centre pretenden aumentar esta cifra hasta las 80 mil hectáreas y convertir el cáñamo en uno de los principales cultivos del Reino Unido.