Arabia Saudita se presenta como país moderado, ¿pero cuál es la verdad? Pregúntale a sus activistas
Loujain al-Hathloul, activista por los derechos de las mujeres, en Riad, Arabia Saudita, 2021. Foto: Ahmed Yosri/Reuters

Arabia Saudita está cambiando su marca. Desde 2016, cuando anunció por primera vez planes para diversificar su economía, ha invertido miles de millones en hacer que el reino parezca más progresista para los extranjeros. Las mujeres ahora pueden conducir y trabajar en empleos que antes tenían prohibidos. Se están invirtiendo enormes sumas en “gigaproyectos” arquitectónicos futuristas, como la Línea, una superciudad desértica en expansión, para atraer al turismo mundial.

Sin embargo, dentro del reino de Arabia Saudita, los ciudadanos cuentan una historia muy distinta. Con el telón de fondo de los proyectos de creación de imagen, según algunos informes, el estado podría estar impidiendo a miles de ciudadanos sauditas salir del país con prohibiciones de viaje arbitrarias e ilegales. ¿Su delito? Defender los derechos humanos básicos.

Entre ellos está mi hermana, Loujain al-Hathloul. Loujain es una destacada defensora de los derechos de la mujer saudita que lideró la campaña contra la prohibición de conducir para las mujeres y luchó incansablemente por la abolición del sistema de tutela masculina.

El valiente y franco activismo de Loujain se topó con la represión de las autoridades sauditas. En marzo de 2018, fue secuestrada en las calles de Emiratos Árabes Unidos y llevada por la fuerza a Arabia Saudita. Una vez en suelo saudita, se le impuso una prohibición ilegal de viajar y se le prohibió salir del país, para ser detenida arbitrariamente unos meses después. Los cargos que se le imputaban mencionaban explícitamente su labor en favor de los derechos humanos, y mi hermana fue juzgada en virtud de la legislación antiterrorista por el Tribunal Penal Especializado (TPC), utilizado habitualmente como instrumento para amordazar a la sociedad civil. Loujain salió de prisión en febrero de 2021 bajo estrictas condiciones, entre ellas la prohibición de salir del reino. Se suponía que su prohibición de viajar terminaría, después de casi tres años, el 13 de noviembre de 2023. Sin embargo, en febrero de este año, mucho después de que expirara la prohibición, se le comunicó que seguía sometida a una prohibición permanente de viajar sin fecha de expiración. Las autoridades nunca han dado ninguna justificación y siguen haciendo caso omiso a nuestras preguntas.

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La activista saudita por los derechos de las mujeres, Loujain al-Hathloul en una videollamada con su hermana Lina. Foto: Lina al-Hathloul

Este es el caso no solo de Loujain, sino de toda la familia que nos queda en Arabia Saudita, que se enteró en 2018 de que también a ellos se les prohibía viajar, sin referencia a ninguna resolución judicial, y desde entonces no han podido resolver la cuestión. Estas flagrantes violaciones del derecho a la libertad de tránsito están en contradicción directa con el derecho internacional, así como con el propio marco jurídico de Arabia Saudita.

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Vivir en Arabia Saudita bajo una prohibición de viajar es vivir en un constante estado de temor, pues conocemos el modus operandi de las autoridades. Normalmente, como en el caso de Loujain, el reino prohíbe salir a alguien y, más tarde, lo detiene.

Vivo en Bruselas y hace más de seis años que no veo a mi familia. Todos los días, cuando me levanto por la mañana, tengo que comprobar si mi familia sigue a salvo. Los echo de menos y me gustaría tener la oportunidad, como todo el mundo, de volver a Arabia Saudita para verlos. Pero sé que yo también estaría atrapada allí si volviera.

La historia de mi familia es una de tantas. Maryam al-Otaibi, otra valiente activista por los derechos de las mujeres, también ha sufrido encarcelamiento y represión. En 2019 se le impuso una prohibición ilegal de viajar. Cuando denunció el trato que recibía en las redes sociales, fue citada por la policía y acusada por hablar de su terrible experiencia. Fue condenada a cuatro meses de prisión y a pagar una multa de 100 mil riales (452 mil pesos).

Se trata de un problema sistémico que no desaparecerá por sí solo. A pesar de las muestras externas de que el reino se está volviendo más progresista, las autoridades sauditas emplean habitualmente prohibiciones arbitrarias de viajar como herramienta de represión. Como consecuencia, se disuade a las personas de participar en actividades por los derechos humanos por su propia seguridad y la de sus familiares.

Como estas prohibiciones de viajar carecen de base legal, no hay forma de apelarlas formalmente. A los afectados no se les notifica y sólo se enteran de las restricciones cuando intentan viajar fuera del reino. No pueden perseguir sus objetivos personales ni visitar a sus familiares en el extranjero.

En un momento en que Arabia Saudita intenta volver a presentarse en la escena mundial como una potencia cada vez más moderada, no debemos ignorar la flagrante hipocresía del gobierno que promueve el turismo mientras niega a sus propios ciudadanos el derecho fundamental a la libertad de tránsito. La comunidad internacional debe pedir cuentas a Arabia Saudita por sus atroces violaciones a los derechos humanos, y no dejar que el lavado de imagen deportivo y las colaboraciones con famosos distraigan la atención de lo que es realmente la vida de los ciudadanos del reino.

Ya es hora de que Arabia Saudita se abra no sólo a los turistas, sino también a las voces de su propio pueblo. Hasta entonces, la fachada de brillante progreso seguirá siendo sólo eso, enmascarando una dura realidad de represión e injusticia.

Lina al-Hathloul es responsable de seguimiento y defensa de ALQST por los Derechos Humanos. Es coautora del libro Loujain Dreams of Sunflowers. Foz al-Otaibi, que también ha contribuido a este artículo, es una activista por los derechos de las mujeres y una persona influyente en las redes sociales, que fue acusada por el gobierno saudita por su actividad en las redes sociales y ahora vive en el exilio.

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Traducción: Ligia M. Oliver

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