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Medio Ambiente

Bob Marley me ayudó a recorrer en mi tabla de surf 1,600 km de la costa británica

La música no sólo nos transporta a tiempos y lugares felices, también se convierte en compañía y motivación para nuestros viajes.

Foto: Cal Major

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Cal Major*

Día dos del confinamiento y escucho una playlist llamada Sunny Days. Three Little Birds de Bob Marley empieza a sonar y ya no estoy en mi cuarto, que se convierte en estudio de yoga, que se convierte en gimnasio, sino en la playa en las Filipinas, en donde vivía en un bar de reggae después de mi graduación. Estuve allí un mes para completar mi certificación de buceo y mi amor por el océano y sus criaturas creció tanto que decidí dedicar mi vida a protegerlos. Puedo ver las pequeñas islas verdes como puntos en el horizonte frente a mi, y el paraíso del snorkel bajo ellas. Me imagino a las mantarrayas, a los tiburones y a los peces tropicales multicolores entre los que pasé mucho tiempo. Recuerdo las conversaciones con un muy buen amigo sobre cómo podíamos cuidar a estas especies fenomenales.

Seis años después navegaba en mi paddleboard por las aguas de Escocia. Llevaba dos meses remando casi a diario por las aguas escocesas en mi viaje de Land’s End a John o’Groats. Eran las 11am, y llevaba en el agua desde las 4 am. La niebla era tan densa que no podía usar los ojos para navegar. No alcanzaba a ver la tierra y tenía que confiar en mi GPS para llegar a tierra. En lugar de las aguas cristalinas y tranquilas de las Filipinas yo tenía que cortar olas duras y grises, a veces me acompañaba una gaviota. Estaba muy cansada, aburrida y un poco asustada. Pero tenía mis audífonos, busqué mi playlist motivacional y salió Bob Marley para decirme que  Every Little Thing is Gonna Be Alright.

 Algunas veces no quiero distraerme con la música. El océano tiene su propia música. El llamado de los ostioneros, el sonido de las olas que golpean mi tabla, el viento que aúlla en mis oídos, el silencio en un día tranquilo, la aleta de un delfín que rompe la superficie. Experimentar el mar conscientemente es uno de mis más grandes placeres. Pero en los días en que me siento sola o que parece que no van a acabar la música es mi compañía y mi motivación.

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Durante 59 días, en 2018, remé la distancia equivalente a la longitud de Reino Unido. Recurrí a la capacidad motivacional de la música para levantarme el ánimo cuando la travesía se ponía difícil. Mi canción favorita era una de la película de Disney, Moana, How Far I’ll Go. Me encanta el álbum porque me recuerda inmediatamente mi propósito. Otras canciones que repetía todo el tiempo eran Rebel Rebel de David Bowie, Bucket de Kings of Leon, I Want to Break Free de Queen, Ironic de Alanis Morrisette, y Madness de Muse. Estas salían de mi cabeza para reemplazar mi mal humor con sonrisas.

La música también me ayuda a vencer el tedio del confinamiento y me transporta a los lugares en los que me gustaría estar, con frecuencia me ayuda a regresar al mar abierto. Mucha música se inspira en la naturaleza, evoca imágenes del mundo natural y nos permite sumergirnos desde nuestro sillón. En invierno me gusta viajar a algún lugar cálido junto al mar, pero este año se que las canciones  Follow the Sun, de Xavier Rudd, Young Blood de Noah Kahan, Sitting on the Dock of the Bay, de Otis Redding, Here Comes the Sun de Los Beatles, y Good Vibrations de los Beach Boys me transportarán allá al instante.

Se acaba de descubrir que la música que se toca en el fagot tiene un timbre muy similar a las canciones de las ballenas, y que las ballenas responden al instrumento. Es increíble pensar que la música que creamos no sólo refleja la naturaleza, también puede ser parte de ella. La música clásica ofrece un escape a la naturaleza. Me gusta visualizar mis lugares favoritos cuando escucho música de orquesta y me imagino diferentes escenas.

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Tal vez durante este segundo confinamiento podamos confiar en que la música nos puede ayudar a estar conectados con la naturaleza, y que nuestras chimeneas se queden prendidas para protegerla. La versión de Dolly Parton de After the Gold Rush, el Big Yellow Taxi de Joni MItchell, Earth Song de Michael Jackson, Fragments de Jack Johnson, que trata de contaminación de plásticos en el mar, tienen ese efecto en mi.

Así como el tiempo en el océano, la música también tranquiliza los nervios. For What it’s Worth, de Buffalo Springfield, la versión acústica de In TImes Like These de Foo Fighters, Banana Pancakes de Jack Johnson, Listen de Beyoncé me ayudan a sentir calma y compostura y me ayudan a regresar a lo que realmente importa. Es como sentarme a la orilla del mar escuchando las olas, o hundir mi remo en el agua, o a salir al mar desde la playa al amanecer.

*Cal Major es una reconocida ambientalista británica.

Traducido por Andrés González

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