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Midnight Oil, en búsqueda de la justicia social, la belleza de la tierra y la esperanza

Midnight Oil, en búsqueda de la justicia social, la belleza de la tierra y la esperanza

Midnight Oil, que recibirá un premio por su labor en pro de los derechos humanos, ayudó a formar a las personas de mi generación y a activarla políticamente.

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Midnight Oil. Foto: Thesupermat/Wikicommons

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David Ritter*

Durante una gira de regreso de algún lugar a mediados de 2016, empezamos a hablar de los orígenes personales, que es lo que sucede cuando los recorridos son largos.

En el coche somos cuatro, todos tenemos puestos de liderazgo en diferentes organizaciones australianas. Resultó que nuestras familias, trabajos y activismo eran heterogéneos, pero teníamos algo en común, la música de Midnight Oil era una parte importante de nuestra activación política.

Me puse a pensar en los viajes que hacía 30 años antes. Había otras bandas y sonidos pero los Oils eran únicos. En ocasiones parecía que sólo escuchábamos a Midnight Oil sin parar,  en cassettes que se desgastaban en nuestros coches destartalados. La pregunta no era qué banda tocar sino con qué canción empezar Red Sails o Blue Sky.  La música era algo elemental, intrínseca al temperamento de los tiempos de aquella generación a la que pertenecía, que nació en la última década de la guerra fría, ambiciosa y aterradora, y en los años perdidos de los 1990s.

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El anuncio se hizo en octubre, pero esta semana MIdnight Oil recibirá formalmente la medalla de oro de los derechos humanos de la Fundación de Paz de Sydney. El premio es más que merecido después de más de cuatro décadas de activismo musical y por todo lo que la banda ha inspirado a hacer. Como siempre acostumbran, no hay duda de que los Oils utilizarán la plataforma para presentarse como aliados de la Uluru Statement of the Heart, como hicieron en su último disco, The Makarrata Project.

La diversidad de temas que abarcaban los Oils era un manifiesto: enajenación urbana, desarme nuclear, derechos de los trabajadores, justicia para el territorio indígena, la comodidad de la vida, el imperialismo, refugiados, los intereses que afectan la democracia y por supuesto, el medio ambiente y el cambio climático.

El tono cambiaba de canción en canción. De lo didáctico a lo alegórico o a lo satírico, y de lo furioso a lo contemplativo. Pero la brújula siempre apunta hacia el norte de la esperanza a través de la acción… de la capacidad de la gente de hacer valer la fuerza, y la belleza trascendental de la tierra y el mar y el cielo. El compromiso con la justicia social y un sentido de espiritualidad siempre se evocaron con fuertes sentimientos pero sin dogma. Y sonaba fantástico: la voz de Peter Garrett, la velocidad de los tambores de Rob HIrst, las guitarras melodiosas de Martin Rotsey y Jim Moginie, los bajistas en el fondo, primero Peter Gifford y después el gran Bones Hillman quien falleció este mes a causa del cáncer.

Para los hombres jóvenes, los Oils ofrecían una especie de masculinidad que contrastaba con los tradicionales roles machistas de Australia. Se podía utilizar la testosterona para fines decentes y causas pacíficas. Lo único que se podía disparar era la ola. La pasión nunca fue agresión, y el poder no era para dominar. La banda no toleraba broncas en los conciertos de Midnight Oil, ni dentro de la multitud y por parte de su equipo de seguridad.

El materialismo del continente se evoca en canciones sobre surf y el desierto, ciudades de concreto, y suburbios con pasto impecable. Y las canciones tenían sus referencias históricas para hacer conciencia. Los Oils reconocían la propiedad de los indígenas del territorio desde tiempos inmemoriales y la dolorosa invasión antes de que se convirtiera en algo común que hacían los hombre blancos. Pero había otra historia allí para asegurarse de que no se olvidarán las guerras en el extranjero y la memoria a corto plazo del imperialismo.

El país se convirtió en algo grande en el imaginario de Midnight Oil, que merecía canciones épicas de carreteras con barriles de pólvora y de huesos que se tornaban blancos, con eso se daba cuenta de la justicia y de su potencial. La insistencia de que la gran tierra del sur podía ser tan grande como debería, hacía referencia a los problemas del pasado y presente de Australia  pero ofreciendo una idea de esperanza para el futuro. No había nada de elitista en el proyecto porque las canciones de los Oils están llenas de gente y de vida cotidiana: de la mujer de limpieza en un departamento para vacacionar, del trabajador de la mina del cielo azul, de la gente que vive en tanques de agua y de los que viven en departamentos de ladrillos rojos.

Midnight Oil está asociado desde hace años con Greenpeace. En los 1980s  Garret a veces  presentaba su canción icónica Hércules como la ·”oda al guerrero del arcoíris “. Cuando se reestructuraron en 2017, tocaron en un concierto privado para 250 activistas, ambientalistas y amigos de Greenpeace antes de comenzar el tour mundial. Este concierto se menciona para la posteridad en la manga de su álbum en vivo Armistice Day. Conservo una extraña sensación de esa noche, algo casi mítico. En los días de emergencia climática, con un gobierno hundido en los intereses de los combustibles fósiles, ellos regresaron. Los Oils regresaron. Y tres años después aquí están de regreso al primer lugar de las listas de música en Australia.

La lista de canciones de los Oils es un hilo dorado de determinación ética, de seguir adelante a pesar de los reveses. No hay mucho tiempo, pero es tiempo de intentarlo. Dicen que es tarde, pero nunca es demasiado tarde. En ocasiones te sacuden hasta la médula, pero no te das por vencido.

*David Ritter es director ejecutivo de Greenpeace del Pacífico Australiano.

Traducido por Andrés González

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The Guardian
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