Las fuerzas armadas son un comodín para atender la pandemia en América Latina
Foto: @SEMARMX

“Ahí van a descargar la mayor parte, solo van a dejar en el termo lo que se va a distribuir a las tres sedes. Ahorita te las mando”, dice al interlocutor que está al otro lado del teléfono el capitán Miguel Ángel Rosales, coordinador de las siete sedes de vacunación que tiene a su cargo la Secretaría de Marina (Semar) en la Ciudad de México.

“En cuanto salgan, nada más manda un mensaje. Si no les alcanza en la red de frío de Tlalpan, les alcanzan en Six Flags. Ve tomando foto cuando entregue. Y el recibo”, añade desde el Centro de Estudios Navales en Ciencias de la Salud (CENCS) de la Semar.

Hasta ahora, las labores de la Marina en el proceso de inmunización anticovid eran de custodia y distribución de los viales. Pero la semana pasada, su comandante supremo, el presidente Andrés Manuel López Obrador, encargó también a las Fuerzas Armadas la inyección de vacuna para agilizar la cifra de inoculados en el país.

“(México) no se está militarizando. Simplemente estamos participando en labores que nos requiere y demanda la población”, dice el capitán en respuesta a uno de los grandes debates alrededor del rol del ejército y la armada en la actual administración. “Como en cualquier desastre, la pandemia nos acerca a la población. Es una forma de devolver lo que el país nos ha dado a través de nuestra institución”.

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Foto: angélica Escobar/La-Lista.

Militarización del Covid

Bajo el paraguas de la emergencia excepcional de la pandemia, no solo México, sino también las principales democracias de América Latina han recurrido a sus fuerzas armadas para enfrentar el Covid-19. Las que más tareas han asumido son las de Perú, Honduras y Brasil. En este último, de hecho, hasta marzo de este año el ministerio de Salud la ocupaba un militar, el general Eduardo Pazuello. 

Lo señala el estudio La militarización de las respuestas al Covid-19 en la América Latina Democrática, publicado en enero de este año en el Brazilian Journal of Public Administration. Donde todos los estados coinciden es en el uso de los militares en el control de las fronteras, para contener la dispersión del virus

En Honduras y Perú, los militares se encargaron de controlar el cumplimiento de los toques de queda. En México y Colombia montaron hospitales o proporcionaron sus instalaciones sanitarias para atender a pacientes con Covid. Y en República Dominicana fabricaron 200,000 mascarillas y equipos de protección personal, por citar algunos ejemplos que mencionan los autores del artículo, de la Universidad de Santa Catarina (Brasil) y la Universidad de California (Estados Unidos). 

“La mayoría de ejércitos de América Latina iniciaron su vida como promotores del desarrollo, son ejércitos de integración nacional”, explica a La-Lista el profesor e investigador del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM, Raúl Benítez. “Es común cuando las estructuras del Estado son débiles y apenas nacen los aparatos estatales”.

En el caso de México, explica el experto en seguridad, las fuerzas armadas nacieron con la revolución mexicana. La falta de instituciones civiles sólidas ha impedido que el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada hayan modernizado su rol, a pesar de que el Estado entró en su plena etapa democrática en el año 2000. 

La corrupción es uno de los principales obstáculos para que un Estado se civilice y desmilitarice, aseguran expertos. A ello se añade el hecho de que es fácil acostumbrarse al apoyo de estos cuerpos, por su formación y disciplina.

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Fuerzas armadas, el comodín

“Lo que pasa con las fuerzas armadas, y con la pandemia se ha hecho exponencial, es que es cómodo esto de recurrir a ellas porque les pides cosas y las hacen”, asegura el profesor de Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad de Barcelona, Rafael Martínez.

“Cuando quieres que un policía haga una vigilancia nocturna, tienes que pagarle horas extra. Pero a un guardia civil tienes que darle una orden”, explica, en relación a uno de los cuerpos de seguridad españoles, similar a la Guardia Nacional mexicana por su naturaleza militar.

Este académico opina que el uso indiscriminado de las fuerzas armadas las convierte en “Administraciones joker”, por la función de comodín que hacen en atender problemas que exceden las tareas de defensa para las que fueron creadas y para las que los gobiernos podrían disponer de protección civil, bomberos, policías o ingenieros civiles.

“Cuando securitizas cualquier problema y la herramienta principal que tienes es masiva y está distribuida por todo el territorio, militarizas la Administración pública. Y ese es el principio del fin de la democracia”, asegura Martínez. 

En ese mismo sentido concluye el estudio del Brazilian Journal of Public Administration. Citan abusos de derechos humanos que se han reportado varios países, como en Chile. En marzo de 2020, la fiscalía de Arica inició diligencias para investigar el caso de un ciudadano que fue herido de bala por efectivos del ejército, en un presunto intento de evadir el control militar por el toque de queda y envestir con su vehículo a los efectivos.

A pesar de ello, ninguno de los expertos consultados por La-Lista considera que México sea un Estado miliarizado. Ello implicaría ver a mandos militares en puestos de toma de decisiones políticas y, aseguran, México no está en este escenario.

Rafael Martínez propone redimensionar y reconvertir las fuerzas armadas. En cuanto a la primera, dependerá de los objetivos de seguridad nacional de cada Estado. El gasto militar de México es del 0.5% de su PIB, según cifras de 2019 del Banco Mundial, “de los más bajos del mundo”. Dispone de 3.3 militares por 1,000 habitantes. 

En cuando a la reconversión, la creación de un cuerpo policial militar como la Guardia Nacional sería una opción siempre que no formara parte de las fuerzas armadas, es decir, solo sometido a su código disciplinario pero no al mismo entrenamiento ni con el mismo equipamiento. 

“Cuando los países se modernizan, (las fuerzas armadas) se van concentrando en la misión de defensa nacional”, explica Benítez. “Pero cuando los subdesarrollados se quedan endémicamente así, el ejército se queda parado en sus misiones originarias de promover el desarrollo“.

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